Que se prepare Pilar de QQCCMH porque el Sistema Gótico viene fuertecito este año. Lo que parecía una cosa puntual meses atrás, la broma dispersa de algunos grupos y artistas -por lo general integrados por gente muy joven-, en cuestión de meses se ha ido confirmando como una tendencia de lo más firme: lo gódico está de moda. Como siempre, el negro con ese poder atrayente, el único color que siempre es un winner, ya sea en la ropa o utilizándolo como coartada musical. A la diva chocholoco por excelencia (y la que tiene entre manos un proyecto más sólido y duradero), Zola Jesus, se le unían el año pasado bandas como Esben & The Witch, Cult of Youth o Soft Kill, entre otros. Todos revisitando el mundillo dark a su manera: ya sea en la forma de experimentos post-punk, resucitando el gothic-rock o bañando la electrónica con las aguas oscuras del industrial o el apocalyptic folk. Niños que crecieron escuchando en la habitación de sus hermanos mayores demasiados discos no aptos para ser pinchados en horario infantil, y que así se han quedado: pensando que los gemidos demoníacos pueden ser la mejor banda sonora para beberse y mojar el deseado fin de semana.

De toda esta hornada de grupos fascinados por Throbbing Gristle, Death in June, Einstürzende Neubauten y Christian Death, unos de los que, seguramente, más vayan a pegar este año sean el dúo canadiense Trust, el garbanzo negro -y nunca mejor dicho- y último fichaje de Arts & Crafts, casa musical de gente tan maja y tan poco gódica como Feist, The Stills y Los Campesinos! ¿Qué ha podido llevar a un sello tan dado al pop alegre o en formato softy a fichar a una gente tan marrana como Robert Alfons y Maya Postepski? Sólo se me ocurre el sentir fascinación inmediata por sus canciones, que te atan al iPod irrremediablemente desde que empiezan, como un hechizo maligno que promete largas noches de sábado desperdiciadas en clubs con paredes negras y mucho vinilo sudado. Parte de la culpa la tiene ese deje chamánico con el que Alfons construye sus melodías vocales, como si a Nick Cave se le hubieran jodido las paredes de la tráquea de tanto darle al eme a palo seco. Las canciones de este par embriagan y te agitan, es imposible no correr al armario y buscar los vinilos que vestimos con veinte años en cuanto sus canciones empiezan a serpentear por el reproductor y se esparcen como un virus bsm por la estancia.

Se presentaron en sociedad en 2009 con “Gloryhole“, temazo de electrónica reptante y muy oscura, oda a esos agujeros en cuartos de baño no aptos para todas las bocas (ni todos los miembros). Una carta de presentación que dejaba las cosas bien claritas: lo suyo es la electrónica erótico-festiva de cuartos oscuros y noches de sustancias ilegales. En su primer trabajo, “TRST” (Arts & Crafts, 2012), se encuentra todo esto a patadas y mucho más. Sólo hace falta pegar la oreja al primer tramo del disco (“Shoom“, “Dressed for Space” y “Bulbform“), donde recogen toda la esencia e influencias de este dueto siniestrongo y las escupen con tres canciones que te dejan loco y colgando por el cuello sobre un precipicio eltectro-dark que no tiene fin: Dead or Alive, Covenant, Suicide Commmando, Diorama, Wumpscut… Bandas que, en su día (no hace tanto), bailábamos en antros de coartada oscura, compartiendo barra y baños con gente que utilizaba las máscaras de gas como las modernas ahora las corones de flores para emular a Lana del Rey: el complemento perfecto.

Las canciones de Trust son marranas, es puro gothic-queer pop, jueguetean con sintetizadores, voces de niñas en pleno exorcismo o momentos de electrónica espacial (increíble clausura con “Sulk“) que te pierden tanto que ya no sabes si estás escuchando a dos aprendices de brujo o a los mismísimo D.A.F. reencarnados y reformateados en versión 2012, la nueva saga dark que ha crecido entre capítulos de “Jersey Shore” y la trilogía Matrix y que abraza el rollo darkie con la mente mucho más abierta y la bragueta directamente bajada. Y es que los que frecuentábamos localetos góticos sabemos que allí ni se ligaba ni se follaba nada: esta generación viene mucho más preparada y abierta en todos los sentidos.

El disco entero quizá tiene un punto de aburrir de éxito: no todas las canciones tienen la misma pegada y el mismo empaque y, como siempre suele pasar en este tipo de proyectos, las que llaman la atención y te enganchan lo hacen tanto que hacen que percibas el resto como meros interludios o, directamente, te incinten a darle al forward. Pero eso no quita que los highlights del disco sean rotundos hitazos que se pegan al córtex y te obligan a fijarlos en repeat hasta que te sangran las orejas: son intrascendentes, sucios, amateurs y tienen esa inmediatez que solo da el flipe que te otorga la juventud. Dicen que garbanzo negro no hace cocido, pero no cabe duda que detrás de ellos vendrán más que envenenarán muchos calderos. El Sistema Gótico se ha rearmado, ya sabes: o estás con ellos o en su contra. Yo no me lo pensaría mucho.

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