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Son Bou es el nombre de una playa de Menorca y también el nombre del grupo formado por Rosa Gregori, Sergi Puyol y Txuso Fernández Abella. Son Bou es frescura y verano, felicidad despreocupada. Eso y más.

Empezaron siendo un dúo, cuando Rosa, miembro de Sam & Cooke, y Sergi, miembro de Le Pianc y Viva Ben-Hur, se conocieron en un concierto que organizaron con sus respectivas bandas para la presentación de unos fanzines. Rosa cogió su guitarra y Sergi su batería, y la química musical surgió de inmediato. Hicieron algún que otro concierto con azucaradas canciones de power pop que mezclaban el punk y el garaje sin ningún tipo de complejo, recordándonos un poco a Los Fresones Rebeldes (sobre todo con la canción “No pasaré más frío este invierno“).

Un año más tarde, aproximadamente, se incorporó a la banda Txuso Fernández Abella, exmiembro de Pelea!, que con su bajo cambió un poco el estilo y las canciones de Son Bou, evolucionando hacia un sonido más crudo pero sin perder del todo la inocencia power pop. Unas letras más abstractas e incluso más oscuras también favorecieron la maduración del proyecto, hasta consolidarlo con diversos conciertos en salas como La Milagrossa o Freedonia y en festivales como el A Viva Veu o el Faraday. El pasado 17 de diciembre, por fin, pudimos disfrutar de su primer EP, titulado “Son Bou” (Hao! Discos, 2013) como ellos y que se editó tanto en formato digital como en formato vinilo de 7 pulgadas (sólo 200 copias, así que ¡daos prisa, insensatos!).

Seis canciones que duran aproximadamente dos minutos cada una y que muestran una mezcla de garaje, punk, twee y pop con mucho reverb y con un sonido sucio que, sin embargo, no cae en la desidia de muchos grupos de los 90. Por el contrario, esta emoción tiñe las canciones de vitalismo y joie de vivre, aunque en las letras eso no quede tan claro. Las letras hablan de angustia (“Sabor a mar“), de inseguridad (“Hundí mis labios en los suyos“), de estar perdido (“Un lugar“)… O, al menos, eso es lo que una servidora humildemente interpreta, porque podrían hablar de muchas cosas, pero dejan de lado lecturas más llanas o temas que podrían ser más banales como el amor (aunque el AMOR no sea nada banal pero muchos músicos y El Corte Inglés se empeñen en vulgarizarlo hasta límites insospechados). Su frescura y su celeridad nos hace pensar en la adolescencia, en esos momentos de la vida en los que quieres ir deprisa, conocerlo todo y aprovechar cada minuto, sin perder ningún tren, ninguna oportunidad. El verano pasa volando y hay que aprovecharlo al máximo.

 

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