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Después de que el año pasado Seth MacFarlane pusiera el cotarro del revés, convirtiendo la gala de los Oscars en un chiste privado sólo apto para entendidos, estaba cantado que la organización exigiría al nuevo presentador una apertura hacia públicos más masivos, un retorno hacia lo que siempre ha sido esta ceremonia: un espectáculo apto para aburrir a todos los públicos. Así ha sido… más o menos. Ellen Degeneres se enfrentaba a la difícil tarea de resultar aperturista sin perder su irreverencia. Y, aunque lo ha ido consiguiendo a ráfagas, también es cierto que, a medida que la gala avanzaba y el mastodonte de programa televisivo simple y llanamente engullía cualquier tipo de brío, esa chispa se iba extinguiendo hasta la práctica nulidad.

Hay que reconocer que varias de las bromas de Degeneres es más que probable que pasen a la historia de estos premios, empezando por el gag de la pizza (muchos creíamos que lo de pedir pizza iba a ser un chascarrillo más, pero la presentadora de repente se plantó entre el público con tres cajas y se puso a repartir porciones a los asistentes para, a continuación, hacer una recolecta de dinero de la que sacaría perlas como 200 dólores de Harvey Wenstein o el bálsamo labial de Lupita Nyong’o) y acabando en el memorable uso de Twitter a lo largo de las tres horas y media de celebración: primero, Ellen tomaba una foto suya mirando a los invitados y, poco después, animada por el éxito, twiteaba una instantánea de ella con todo un grupo de actores clase A (Meryl Streep, Bradley Cooper, Brad Pitt, Julia Roberts, Angelina Jolie, Kevin Spacey, Jennifer Lawrence) pidiendo a la gente que la retwitearan para conseguir el record mundial de retwits. Si algo primó en la presentación de Ellen fue precisamente su capacidad para mezclarse con las celebridades en el público, incluso abrazándose a una Liza Minelli a la que supuestamente habría herido mortalmente en la apertura de la gala cuando afirmó que el travesti que se había plantado en la sala imitando a Liza lo estaba haciendo muy bien. Aun así, las bromas a costa de los invitados no fueron la tónica general de la velada, algo que muchos agradecerían después de los dardos de MacFarlane el año pasado.

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Puede que el buenrollismo, al fin y al cabo, también fuera uno de los culpables de convertir la gala en un mastodonte soporífero. Sin veneno es mucho más difícil mantener la atención, sobre todo cuando nos encontramos ante una edición consagrada a una temática tan poco sugerente como los héroes: varias fueron las intervenciones que festejaron la figura del héroe en sus más diversas facetas, desde el superhéroe fantasioso hasta los héroes cotidianos. Y si esta ya es una gala que sufre de falta de dinamismo, es inevitable que los montajes con imágenes de películas de temática heroica resulten demasiado random como para levantar cualquier tipo de interés. Como máximo, la temática heroica sirvió para darle un poco de épica a un In Memoriam que se vio prologado por una sentida actuación de Bette Midler en honor a los héroes que nos abandonaron el año pasado. ¿Y por qué íbamos a necesitar darle épica a algo que cada año resulta tan épico? Porque, en una decisión muy poco acertada, la organización pidió en esta edición que no se aplaudiera durante el In Memoriam para evitar el “efecto aplausómetro” (es decir: que a unos se les aplauda mucho y a otros nada). Con esto consiguieron una mayor equidad, pero también una menor carga emotiva.

La actuación de Midler, además, se vio seriamente afectada por la política de minimalismo con la que se ha abordado la producción de esta edición de los Oscars: en absolutamente todas las actuaciones de la gala (para escenificar las canciones nominadas) se echaba en falta una mayor espectacularidad… Porque está claro que al show de Karen O junto a Ezra Koenig (Vampire Weekend) defendiendo su composición para “Her” no le hacía falta mucho más para emocionar (aparecieron los dos artistas sentados en una escalera con una luna creciente en la pantalla trasera) pero, en casos como el de U2, era fácil confundir minalismo con precariedad (por el amor de Dios, ¡que ni tenían batería!). La excepción fue la actuación de Pharrell Williams con el tema principal de “Gru. Mi Villano Favorito 2” bailado por una cantidad indecente de bailarines multicolores y, sobre todo, con ese paseillo por la primera fila para pegarle un meneo a Lupita Nyong’o, Meryl Streep y Amy Adams.

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Este fue uno de los pocos momentos entretenidos de una gala en la que no brillaron ni los discursos de los ganadores ni las introducciones de los presentadores… Hubo casos entrañables como los de Jared Leto (emocionando a su madre), Jim Carrey (buscando paralelismos entre el cine de animación y el LSD), Kevin Spacey (abrazando a su personaje de Frank Underwood), Jamie Foxx (¿fue el único realmente divertido de toda la noche?), Cate Blanchett (reivindicando la importancia de la mujer en el mundo del cine) o los ganadores de la mejor canción, Kristen Anderson-Lopez y Robert Lopez, matrimonio que se marcó un divertido juego de pareados en el que reivindicaban desde ya la existencia de “Frozen 2” sin olvidar la gratitud para con sus hijas. También hubo espacio para lo weird, como un Harrison Ford que daba miedito (medio calvo, con mirada de loco), una Kim Novak que parecía una encarnación de Chtulhu por culpa de un exceso de Botox o un Matthew McConaughey que de tan sobrado provocaba bastante rechazo. Sí que es de agradecer, sin embargo, la mayor presencia negra en una celebración tradicionalmente blanca: desde la aparición estelar de Sidney Poitier (recuerden: primer afroamericano que fue agraciado con una estatuilla) ya se olía que esta sería una gala preeminentemente negra, pero es que la cantidad de presentadores, nominados y ganadores fue dulcemente elevada.

Esa sensación de que este ha sido el año en el que los Oscars han abrazado la negritud se vio reflejada también en los premios finales, sobre todo en el de Lupita Nyong’o como mejor actriz y el de “12 Años de Esclavitud” como mejor película. Nunca sabremos si este último galardón se lo ha llevado el film de Steve McQueen por méritos propios o ha sido la mala conciencia histórica de EEUU el que ha otorgado esta estatua. Sea como sea, ha habido otro hecho incontestable en estos Oscars 2014: que “Gravity” haya sido la gran triunfadora, con Alfonso Cuarón como mejor director y venciendo en múltiples otras categorías, parece que tiene menos que ver con la calidad real del conjunto (que es mucha, eso no se lo quita nadie) y menos con que esta haya sido la cinta que nos haya obligado a hablar de nuevo del cine como evento, como algo que “hay que ver”. ¿Los Oscars fomentando la taquilla? Como si fuera a sorprender a alguien… Igual que tampoco debería sorprender la tendencia a barrer para casa que se confirmó esta noche de forma bochornosa con premios como el de mejor documental (elevando “20 Feet From Stardom” por encima de maravillas como “The Act of Killing” o “Cutie and The Boxer“) o el de mejor película de animación (¿en qué mundo “Frozen” va a ser mejor que “The Wind Rises“, el último Hayao Miyazaki“?). La gala se abría con la sensación de que, sin una favorita clara, todo podía pasar… Y, como puede verse, se cerraba con la certeza de que, sin una favorita clara, daba igual lo que había pasado.

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El listado final de ganadores de los Oscars 2014 es el siguiente:

MEJOR PELÍCULA. “12 Años de Esclavitud
MEJOR DIRECTOR. Alfonso Cuarón (“Gravity“)
MEJOR ACTOR. Matthew McConaughey (“Dallas Buyers Club“)
MEJOR ACTRIZ. Cate Blanchett (“Blue Jasmine“)
MEJOR ACTOR DE REPARTO. Jared Leto (“Dallas Buyers Club“)
MEJOR ACTRIZ DE REPARTO. Lupita Nyong’o (“12 Años de Esclavitud“)
MEJOR GUIÓN ORIGINAL. Spike Jonze (“Her“)
MEJOR GUIÓN ADAPTADO. John Ridley (“12 Años de Esclavitud“)
MEJOR PELÍCULA DE HABLA NO INGLESA. “La Gran Belleza
MEJOR PELÍCULA DE ANIMACIÓN. “Frozen
MEJOR DOCUMENTAL. “20 Feet From Stardom
MEJOR CORTO FICCIÓN. “Helium” (Dinamarca)
MEJOR CORTO DOCUMENTAL. “The Lady in Number 6: Music Saved My Life
MEJOR CORTO DE ANIMACIÓN. “Mr. Hublot
MEJOR EDICIÓN. Alfonso Cuarón y Mark Sanger (“Gravity“)
MEJOR FOTOGRAFÍA. Emmanuel Lubezki (“Gravity“)
MEJOR BANDA SONORA ORIGINAL. Steven Price (“Gravity“)
MEJOR CANCIÓN. “Let It Go“, de Kristen Anderson-Lopez y Robert Lopez (“Frozen“)
MEJOR DISEÑO DE PRODUCCIÓN. Catherine Martin y Beverly Dunn (“El Gran Gatsby“)
MEJORES EFECTOS VISUALES. Tim Webber, Chris Lawrence, David Shirk y Neil Corbould  (“Gravity“)
MEJOR MEZCLA DE SONIDO. Skip Lievsay, Niv Adiri, Christopher Benstead y Chris Munro (“Gravity“)
MEJOR EDICIÓN DE SONIDO. Greg Freemantle (“Gravity“)
MEJOR MAQUILLAJE Y PELUQUERÍA. Adruitha Lee y Robin Mathews (Dallas Buyers Club)
MEJOR DISEÑO DE VESTUARIO. Catherine Martin (El Gran Gatsby)

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