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En la calle corría una voz de una misma opinión: Todd Terje, ya tardabas, JUAPO. Quizá por eso el noruego barbudo, en un ejercicio de sentido del humor y de sorna para consigo mismo, ha llamado a su esperadérrimo primer álbum completo “It’s Album Time” (Olsen Records, 2014). Su llegada ha coincidido con la primavera, con la salida del sol y con la revolución hormonal. No es tonto, Todd, no. Incluso me atrevería a pensar que lo tenía todo milimétricamente pensado. Estos nórdicos, cómo son. Y es que, poniéndolo en órbita ahora, ha conseguido que los próximos meses de luz y calor suenen a él y a margarita de mango con paragüitas de papel. Por fin podemos decir que este verano del 2014 va a ser Todd Terje Time.

Terje ha estado mucho tiempo calentándonos el morro. Pero la cosa se puso más intensa desde que se alió con Lindstrøm por un lado y desde que nos regaló “It’s the Arps” (Olsen Records, 2012) por otro. Fue este un EP que lanzó en 2012, que disparó las alarmas y que lo propulsó al cielo del estrellato de la producción electrónica. Allí estaba “Inspector Norse“, ¿os acordáis? Un tema de siete minutos más grande que la vida que se puede poner en modo repeat durante horas seguidas y jamás llega a cansar. Un jit que, a día de hoy, no ha perdido ni un bit de frescura y que sigue sonando tan milagroso como el primer día. Desde entonces, Terje ha ido dejando caer otras referencias en formato corto (“Strandbar” -Olsen Records, 2013-, “Spiral” -Olsen Records, 2013-…) así como un montón de remixes de canciones de ahora y de siempre (el tipo parece estar especializándose en darle lustre cósmico a jits setenteros y se ha atrevido hasta con Demis Roussos). Todo ello, además de provocar un irresistible efecto Pavlov en la parroquia, daba rigurosas pistas de hacia dónde irían los sonidos de su primera referencia en LP: disco cósmico, electrónica erótico-festiva y dance trotón para bailar con la cabeza hacia atrás, los ojos cerrados, los brazos en alto y haciendo el indio.

Todo esto está presente en “It’s Album Time“, pero no únicamente. Terje, en lugar de dar a luz a un disco de electrónica futurista, ha preferido pegar un volantazo a su nave espacial y ha optado por rebuscar en galaxias mucho más retro, surfeando entre ese space disco que tan bien conoce, pero también explorando la exótica, la música lounge de los 70 y las bandas sonoras de pelis softcore. Más que un disco que mira al futuro, “It’s Album Time” ha resultado ser una obra que mira al pasado sin ira y con carita embobada, donde la electrónica de tumbona, la música de chiringuitos playeros y el homenaje permanente a Moroder se dan la mano.Y le ha quedado un disco cojonudo, sí. Pero no perfecto.

Vayamos por partes. “It’s Album Time” se abre con una intro con campanillas de efecto de OVNI aterrizando en la Tierra que nos repite una y otra vez “it’s album time, it’s album time, it’s album time” por si se nos había olvidado a qué habíamos venido. Un guiño a esos sonidos disco que servirán de brújula durante todo el recorrido. La intro muta enseguida en “Leisure Suit Preben“, otro latigazo disco que ahora recuerda a las películas de detectives y a la Pantera Rosa y que se ensambla sobre una línea de piano finísima que le confiere un curioso rollo de banda sonora setentera. Le sigue en el espacio y en el tiempo “Preben Goes to Acapulco“, otra pieza de disco sostenido donde Terje ensambla filigranas sintéticas y violines en la lejanía. Hasta aquí todo en orden, diez minutos de gozada soleada para escuchar en la terracita mientras el sol cae. Luego llega “Svenk Sås“, una broma maravillosamente genial y juguetona que todavía no sé definir (¿es pop? ¿es bossa nova? ¿es exótica? ¿es funk?); aunque, en el fondo, da igual: lo que importa es que Terje aquí se deja llevar y pone su conocido sentido del humor al servicio de una canción que sube como las burbujas de un espumoso cuando lo echas en una copa. El siguiente paso es abordar “Strandbar” y “Delorean Dynamite“, dos conocidas que ya habíamos escuchado, la primera en versión de jugosos ochos minutos en el EP “Strandbar” y la segunda porque fue el primer adelanto del disco del que estamos hablando. Ambas comparten la misma espina dorsal: nu-disco concreto, sonidos futuristas, pianos gordos y efectitos galácticos. L.A.F.I.E.S.TA.

Llegamos al ecuador del viaje. Es momento de reponer fuerzas, secarse la cara y rellenar la copa. ¿Y qué mejor para hacer una parada y fonda que llamar a Bryan Ferry a que nos haga una versión bajadita de revoluciones del “Johnny and Mary” de Robert Palmer? Ochentas Inception en la maniobra más jefa que vamos a ver este año.

Ya hemos descansado, tenemos el body hidratado y hemos dejado a Bryan Ferry en un área de descanso pidiéndose un batido de fresa la mar de contento, él y su pelazo. Nuestro compañero de viaje ahora se llama “Alfonso Muskedunder“, caprichosa pieza de funk saltarín donde hay sonidos latinos, más exótica y mucha coña. La única pieza original junto a “Oh, Joy” (hermana melliza de “Delorean Dynamite“) del segundo tramo del disco, que se nutre de tres canciones del genial “It’s the Arps“: las dos “Swing Parts” y “Inspector Norse“, con el que Terje ha querido ponerle broche final a su Odisea en el espacio rematándolo con esas voces hoollyganescas que cierran la canción y el disco con sus “lo lo looos” fundiéndose en la lejanía. El disco termina y, con él, la fiesta. Llegados a este punto, sin embargo, nos damos cuenta de que “Inspector Norse” es un arma de doble filo: por un lado nos recuerda la genialidad del productor noruego y, por otro, una vez escuchado todo el álbum y siendo este una salva de fuegos artificiales de más de una hora, deja en evidencia que nunca volverá a hacer algo tan excelente.

Ser Todd Terje y que “Inspector Norse” sea tu peor enemigo: el concepto. Esta reflexión no menoscaba el tremendo viaje musical que nos ha regalado previamente, ojo. “It’s Album Time” es una gozada de principio a fin, un disco que sirve tanto para bailar a solas como para compartir entre amigos en un momento de euforia discotequera. Se hubiera agradecido, eso sí, más material nuevo que le hubiera dado un punto de cohesión al resultado que, mirando en perspectiva, no tiene. Un viaje divertido, sí, pero quizá demasiado heterogéneo.

 

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