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Cuando una banda está formado por un chico y una chica, es demasiado fácil abordar su trabajo hablando de la tensión entre diferentes fuerzas. La tensión entre lo masculino y lo femenino. Entre la producción y la voz. Entre la fuerza y la dulzura. Entre la caricia y la bofetada… El caso de Desert no podía ser diferente. Al fin y al cabo, estos binomios son un terreno particularmente abonado cuando se trata de que en ellos crezcan elocuentes dualismos. Pero todo aquel que esté esperando alguna de las dualidades mencionadas más arribas, las que ya hemos visto en los últimos tiempos en otras parejas (artísticas y/o musicales), se va a llevar una sorpresa sonora: en su EP “Envalira” (Buenritmo Records / Minty Fresh, 2014), Cristina Checa y Eloi Caballé plantean una nueva tensión entre dos conceptos novedosos. O entre muchos conceptos novedosos.

Claro que aquí hay una lucha entre lo masculino y lo femenino: por un lado, las bases electrónicas tienden a ese punto de desconexión mental inducida a través de patrones rítmicos repetitivos, fuerzan a la atención hacia un dulce dejarse llevar muy masculino; mientras que la voz de Checa es la que coge a la canción por las piernas y le obliga a tener los pies en la tierra, es la que te fuerza a volver a concentrarte en la canción para prestar atención a qué está diciendo más allá de cómo lo está diciendo. También hay aquí una dura pugna entre la fuerza (de una red electrónica sobre la que crecen las canciones) y la dulzura (de una atmósfera brumosa que desdibuja los contornos y alivia el ánimo). Pero todo esto ya lo hemos vivido, ya lo hemos escuchado… Y si Desert consiguen algo en este EP es abrir una fructífera brecha entre dos paradigmas del binomio chico / chica que ya tenemos requetesobados.

Algo así como hacer crecer un árbol en una grieta que separa dos lados de un muro de contención… En “Envalira” hay ecos tanto de Beach House (y prometo que esto es lo más cerca que estaré en esta reseña de hablar de “ese otro grupo” tan ligado a la génesis de Desert) como de Blue Hawaii, por encarnar los dos polos a los que me refiero en dos de sus ejemplos más preclaros. La comparativa con Beach House ya está más que erosionada, lo sé, pero es inevitable hablar de esos abrigos acuáticos con los que Victoria Legrand y Alex Scally envuelven sus canciones para entender la belleza líquida y luminosa de temas como “Saps Prou Bé” o la titular “Envalira“. Pero también hay aquí mucho de esa nueva generación de parejas como Blue Hawaii o Purity Ring, incluso de desparejados como Grimes, que han abordado el formato de canción electropop de toda la vida con herramientas mucho más sintéticas que analógicas: en muchos de los mencionados, incluso la voz femenina se ha tomado como otra textura sonora con la que cortar y pegar… Pero ahí es precisamente donde Desert dibujan su primera frontera, su primer “por ahí no pasamos“: la voz de Checa es demasiado impactante como para jugar con ella. No necesita de aditivos para impresionar.

Ciertamente, al final puede parecer que Blue Hawaii le gana la partida a Beach House dentro de “Envalira“, como demuestran las subyugantes (y cortantes) aristas de “Quars” o, sobre todo, la arrolladora energía cinética de “Tu Ets El So” (que bien podría emparentarles con los Svper más metronímicos pero en una versión más accesible, menos agresiva). Pero es que, lo que cuenta al final del camino, al final del EP, es que de esta tensión entre dos polos reconocidos y reconocibles, Checa y Caballé destilan su propio sonido: ninguna otra banda gana la partida porque, en el caso de que haya un vencedor absoluto, son estos Desert que han acabado de definir un sonido único, personal e intransferible. Un sonido al que le viene de perlas ese “Envalira” del título, que no es más que otro binomio que une las palabras catalanas “embaladir” (embobar) y “delirar“: un estado de duermevela entre lo consciente y lo inconsciente. Una dualidad anidada dentro de otra dualidad, de otras muchas dualidades.

 

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