Seguramente, lo mejor que haya podido dar Tori Amos en su dilatada carrera (veinte años no es nada, mis cojones) ya ha sido compuesto y publicado. Ahí están clásicos absolutamente reivindicables como “Boys for Pele” (Atlantic, 1996), “From the Choirgirl Hotel” (Atlantic, 1998), “Scarlet’s Walk” (Epic, 2002) y sobre todo esa obra maravillosa que era “Under the Pink” (Atlantic, 1994), grandísimo disco, tan complejo y a la vez desacomplejado líricamente que, si en su día le prestaste la atención debida, seguramente se convirtió en un álbum de referencia (para mi, desde luego, es una obra capital del primer lustro de los 90, y “Cornflake Girl”, “God”, “The Waitress” y “Pretty Good Year” forman parte de la educación sentimental del que esto redacta). Es verdad que sus últimas obras adolecen de cierta pérdida en la capacidad de emocionar, pero seguramente vamos a poder encontrar algún rincón dentro de “Abnormally Attracted to Sin” (Universal, 2009) que pueda aún hacernos estremecer moderadamente. En su inmediatamente anterior disco, “Night of Hunters” (Deutsche Grammophon, 2011), Tori Amos sorprendía a propios y extraños con un álbum conceptual en el que creaba sus temas a partir de variaciones de composiciones clásicas de Debussy, Satie, Mendelssohn o Schubert, entre otros. Un disco muy disfrutable, y que entronca con la obra que nos ocupa en estos momentos.

Gold Dust” (Deutsche Grammophone, 2012) es el treceavo álbum de estudio de Tori Amos. La obra nace a partir del concierto especial que la artista dio en 2010 en el Heineken Music Hall de Amsterdam con la Metropole Orchestra, en el que recuperaba canciones de toda su discografía con arreglos especialmente orquestados para la ocasión. Tras dicho concierto, emerge la idea de publicar un disco con este mismo espíritu, en el que estos nuevos arreglos den forma a viejas canciones. No se trata de una recopilación de grandes éxitos precisamente, ya que apenas la seminal “Silent All These Years”, “Winter” y “Jackie’s Strength” habían sido editadas como singles.

Así, “Flavor”, una de las cimas creativas del mencionado “Abnormally Attracted to Sin”, realza aún más su calado emocional sin la discreta base electrónica original y con el desborde de cuerdas que la adornan en “Gold Dust”. “Yes, Anastasia” desecha su más abstracta y a veces irritante primera mitad del tema original que cerraba “Under the Pink” y aquí se queda con esos cinco minutos finales; el resultado es una poderosa fanfarria que se sitúa entre lo más destacable del álbum. “Jackie’s Strength”, “Silent All These Years” (uno de los temas realmente emblemáticos en la discografía de Amos) y la intimista “Cloud On My Tongue” no renuncian al piano como elemento vertebral de ambas composiciones, y aquí el recurso de la orquestación probablemente no mejora los a mi juicio magistrales originales, acaso porque Tori se muestra algo menos apasionada en su interpretación que entonces. Especialmente fría parece la relectura de “Silent All These Years”, pero ¿cómo te enfrentas a un retrato tan personal veinte años después de su génesis? No easy stuff. Algo parecido ocurre con “Winter”, y es que se me antoja difícil que cualquier versión que pudiera hacerse de este tema llegue a sonar tan brillante como la original. “Gold Dust”, esa pequeña joya incluida en “Scarlet’s Walk”, quizás suena demasiado recargada y barroca en su recreación actual y pierde algo de la intensidad original.

Sí ganan a mi juicio en su translación orquestada “Precious Things”, mucho más sutil que en “Little Earthquakes” (Atlantic, 1992), y una “Marianne” aquí empapada de clase y clasicismo. Menos destacables resultan las rarezas –relativas- que se han incluido en “Gold Dust” (las originalmente caras B “Snow Cherries from France” y “Flying Dutchman”), que un servidor desconocía y que no parecen estar a la altura de la mayoría de composiciones escogidas para este álbum, si bien tampoco suponen un agravio significativo en la impresión global del disco.

Gold Dust” va más allá del capricho ombliguista o de la curiosidad para fans o mitómanos. Se trata de un disco que expone algunas de las canciones de Tori Amos a un nuevo estrato a base de reorientar sus arreglos, que ocasionalmente las dota de una nueva fragilidad, y es ahí cuando este disco sale mejor parado. La mejor noticia sería una gira presentando estas canciones con su correspondiente orquesta, pero esto no parece que vaya a ocurrir en el corto o medio plazo. Pero, oigan, si esto ocurre, lo leerán en estas páginas.

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