Para hacer frente a las penas, Sr. Chinarro. Así de claro. Por su sonido, sus composiciones, su manera de ver la vida y su forma de cantarla y contarla. La feliz y resplandeciente cara que Antonio Luque viene enseñando al mundo desde “El Fuego Amigo” (El Ejército Rojo, 2005) y, especialmente, “El Mundo Según” (Mushroom Pillow, 2006), se traduce en directo en un show que trasciende lo meramente musical para convertirse en toda una comedia repleta de historietas (verdaderas y de ficción), chistes y ocurrencias varias para soportar y no olvidarse de lo que sucede en la realidad del día a día. El público de la pontevedresa Sala Karma (al comienzo, escaso y un poco frío, una sorpresa teniendo en cuenta la fama precedente y la calidad del grupo protagonista de la velada) pudo escuchar cómo, entre tema y tema, el sevillano hacía referencia a Jason Pierce, los dinosaurios de Steven Spielberg, Jonathan Richman, el funcionariado estatal, Mariano Rajoy (inevitablemente…), su novela “Exitus” (El Aleph, 2012) e incluso la verde marca cervecera que lo había llevado a la capital del río Lérez a través del ciclo Heineken Music Selector a propósito de la presentación de su último trabajo, “¡Menos Samba!” (Mushroom Pillow, 2012).

Luque se había quitado el uniforme de guerrillero que luce en la ilustración de dicho disco, pero mantenía bien afilada su labia revolucionaria para disparar contra cualquier diana. ¿Y las canciones? Muy bien, oiga. Su banda ofreció veintiún temas, pero la incontinencia creativa del barbudo sevillano le permitía haber doblado o triplicado el corpus de su set, si hubiera dispuesto de más tiempo para ello… A pesar de las limitaciones temporales, no faltaron los obligatorios saltos a la discografía clásica de Sr. Chinarro, como el par inicial “Ni lo Sé ni lo Quiero Pensar” y “Los Amores Reñidos”, además de “Anacronismo”, “El Lejano Oeste” o “Quiromántico”, que encajaban como un guante en la luminosidad de su repertorio más reciente. De este salieron, en una primera tanda, golpes de extrema frescura como “Una Llamada a la Acción”, “Brasilia”, “Tu Elixir”, “La Ley de Murphy” y “San Borondón”, en la que Luque semejaba haberse transformado en un trasunto de Kiko Veneno mientras Jordi Gil, su habitual guitarrista, mostraba su epatante versatilidad a las seis cuerdas. A medida que la camisa de Antonio Luque se empapaba por culpa del calor ambiental de la sala, aumentaba la temperatura de su cancionero, que entró en estado de ebullición entre palmas, acordes de guitarra acústica y riffs eléctricos con la terna “Del Montón” (gigantesco), “Todo Acerca del Cariño” y “Vacaciones en el Mar”, prolongada por “Esplendor en la Hierba” y unas potentes “Babieca” y “Hot Mothers” que culminaban una especie de resumen de los grandes éxitos de los Sr. Chinarro iluminados de las últimas temporadas.

Es posible que el cambio estético (no tanto de discurso) perpetrado por Luque durante esa etapa no haya sido aceptado del todo por determinados sectores de sus fieles seguidores, aunque el final apoteósico de su actuación, catapultado por “Los Ángeles” y “El Rayo Verde”, constató que ese debate resulta estéril ante el brillante nivel de inspiración que desde hace unos años refleja con hechos el sevillano y su banda chinarra. Además, la fina ironía, el buen humor y la alegría que trasmite sobre las tablas son motivos suficientes para creer en el permanentemente renovado modus operandi de Antonio Luque, y más en los tiempos grises que estamos viviendo. Recurriendo a la expresión más usada por los medios durante las horas previas y posteriores a su concierto en Pontevedra, Sr. Chinarro acudieron a nuestro rescate.

[FOTOS: Pilar Peleteiro]