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Sónar 2014 se clausura como la segunda edición con más asistencia de la historia del festival… Y como una de la que se recordarán con más cariño.

 

Que digan lo que quieran: que llueva durante las dos últimas horas de un festival puede ser una putada… pero también una anécdota entre divertida y entrañable que vas a recordar el resto de tu vida. Echar el cierre al Sónar 2014 mientras Tiga veía -y sufría- cómo el público de su escenario entraba y salía hasta un total de tres veces consecutivas debido a los parones de lluvia fue una maravilla destinada a ser mencionada en el futuro próximo y lejano como “¿recuerdas aquel Sónar que cerramos lloviendo?”.

Y, sobre todo, va a ser una anécdota que no va a empañar para nada el hecho de que esta haya sido la segunda edición con mayor asistencia de la historia del festival: un total de 109.000 personas pasaron por los dos recintos, haciendo que el Sónar 2014 se convirtiera en un ejemplo pluscuamperfecto de cómo un festival puede reunir a una cantidad masiva de personas sin traicionar su espíritu, mimando a su público tradicional, sin venderse a las marcas (advertencia para los que se preguntan qué hacía Bershka en el festival: ¿sabían ustedes que la música de esta cadena hace un buen tiempo que es seleccionada por los chicos de CD Drome? Y más todavía: ¿son capaces ustedes de imaginarse este Sónar 2014 sin los delirios de las cadenacas bling-bling que Bershka repartía?) y sin convertir el recinto en un espacio megalómano en el que resulta imposible ver un concierto en unas condiciones mínimamente decentes en lo que respecta a la calidad de sonido y a la densidad de almas congregadas por metro cuadrado.

Han sido un total de tres jornadas en las que Sónar 2014 se ha mantenido incólume a la hora de profundizar en las coordenadas de una personalidad que se ha ganado a pulso la etiqueta de “avanzada”: un acercarse a la música desde lo visual o de abordar lo visual desde lo musical, un buscar entre las pliegues de ambas texturas sin voluntad de encontrar y definir fronteras, sino de entregarse por completo a los difuminados. Ir al Sónar no se trata de lucir modelazo y de pasar lista en los conciertos encumbrados por la masa hipster, sino más bien de abrir todos los canales sensitivos y dejarse desbordar por lo que te propone el festival. Porque aquí no vale ser el más listo de la clase: el más listo de la clase es el propio Sónar, y ten por seguro que si te dejas asesorar por él, vas a encontrarte con las sorpresas más inesperadas y dulces, las más locas y las más elocuentes.

Echamos el cierre a este Sónar 2014 con la sensación de que ha sido una de sus mejores ediciones, claro. Eso es algo que siempre decimos, es algo que siempre se dice, es algo que siempre diremos. Siempre es verdad y siempre es mentira: siempre quedan las ediciones por venir, donde volveremos a decir que hemos vivido la mejor edición ever. Pero esto es lo que hace difierente al Sónar del resto de festivales: ellos no nos venden que esta edición es la mejor, lo decimos nosotros. Y en vez de acabar cada edición con un “el año que viene no vuelvo“, lo único que podemos decir es: ¿cuándo llega el próximo Sónar? [Raül De Tena]

 

SPOEK MATHAMBO. Cierto que, en la última jornada del (a estas horas ya añoradísimo) Sónar, la canícula no apretó al nivel de los dos días previos. Sin embargo, la audiencia que se congregaba a las tres y media de la tarde para presenciar el directo del surafricano Spoek Mathambo se repartía entre los que buscaban cobijo bajo las áreas cubiertas del SonarVillage (benditas sean) y los valientes que sudaban gozosos en primeras filas. Tanto unos como otros disfrutaron, cadereo mediante, del combo que se trajo Mathambo a Barcelona y de su despliegue de hip hop bastardo plagado de influencias eminentemente oriundas aunque también con ciertos toques de electro. Desde luego, si algo consiguió la actuación de Spoek fue cargarnos bien aquello que constantemente reclamaba Rafa Méndez en “Fama ¡A Bailar!”: ¡PILAS! [David Martínez de la Haza]

NENEH CHERRY & ROCKETNUMBERNINE. En el Sónar de Día uno tiene que estar alerta para asumir cambios radicales estilísticos en cuestión de minutos. Así que, tras el jolgorio de Spoek Mathambo, tocaba recogerse para ver a Neneh Cherry. La cantante sueca trae consigo en esta gira al dúo RocketNumberNine (los hermanos Tom y Ben Page) para confabular una especie de sound system orgánico. Así, la enérgica presencia de la sección rítmica, con un poderoso bajo a la cabeza, hace que el sonido subterráneo trepe desde nuestros pies hacia el techo del SonarHall, hecho que se ejemplifica a la perfección en esa “Spit Three Times” incluida en el regreso discográfico de Neneh. Por supuesto, el peso del concierto recae en ese más que apreciable “Blank Project”, una puesta a punto con remozado y lavado de cara de aquel trip hop finisecular, y de esta forma sonaron también las destacables “Everything”, “Weightless” o la titular “Blank Project”. Cierto es que quizás echamos de menos algo más de punch en el set, pero clase, lo que se dice clase, hubo para dar y regalar. [DMDLH]

AUDION. El espigado Matthew Dear se presentaba en escena ataviado con camiseta blanca y pitillos dentro de una estructura circular con varias placas externas a modo de membranas blancas con LEDs y dos pantallas con visuales a cada lado. ¿Qué era aquello? ¿Un protozoo? ¿Una mitocondria? ¿Una (ejem) chaperonina? Tras asumir el leit motiv visual de “Subdiverticul”, nombre que toma el show de Audion presentado en el SonarHall, tocaba pelearse con el asunto estrictamente musical. Y, oigan, puro músculo aquello: una hora de technazo trotón para dejarnos un rictus de éxtasis bendito a media tarde (oigan por ejemplo la brutota “Motormouth” para hacerse una idea de cómo funciona lo de Audion). Desde la primera fila pudimos además observar con detalle cómo el propio Matthew se tronchaba de la risa cuando se preparaba para soltar según qué pasajes de mayor tensión en su set. Locamente fans. [DMDLH]

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DESPACIO. Tres días y un total de dieciocho horas (seis por jornada) de DESPACIO que, al fin y al cabo, han sabido a poco, que han sabido a que podríamos habernos pasado media vida más encerrados en este club pluscuamperfecto surgido de las visionarias mentes de James Murphy y 2manydjs. Resulta absurdo intentar hacer una crónica de esta experiencia porque la crónica en sí ya corría entre los asistentes al Sónar 2014 en forma de comentarios del tipo “entré para ver qué tal y no pude dejar de bailar en dos horas” o “me he perdido la mitad de lo que quería ver en el Sónar de Día porque no podía salir de DESPACIO“. Es lo que ocurre cuando te topas con un concepto tan redondo: Murphy y los hermanos Dewaele estaban hartos de pinchar en clubs con un sonido de mierda pensado para la era digital, así que decidieron recuperar la calidez de las añoradas texturas antiguas haciéndose con un total de siete torres de altavoces y amplificadores de la marca McIntosh, situarlos formando un círculo perfecto y dedicarse a pinchar con vinilo y con una mesa de mezclas salida del pleistoceno. El resultado han sido tres sesiones impecables habitadas por beats del pasado, por espectros en forma de disco, soul y funk arrebatadores sin hacerle ascos a la electrónica con vocación más humana, menos robótica, menos química. A la entrada del club había carteles que pedían al público que se olvidara del teléfono, de hacer fotos y vídeos, y que simplemente bailara y disfrutara… Pero, viendo el nivel de amor que se respiraba bajo la inmensa bola de espejos, aquellos carteles parecían una medida innecesaria. ¿Quién puede ser tan desalmado como para sacar el teléfono cuando tienes al alcance de la mano (y del corazón) la receta de la felicidad en forma de ondas de sonido? [RDT]

WHOMADEWHO. Con el escenario de mayor aforo casi al completo y un público dispuesto a bailarlo todo, el trío escandinavo caldeó el ambiente cuando la última jornada del Sónar de día entraba en su recta final. Aunque hubo algún momento de euforia y alguna que otra sorpresa como el final del concierto con una versión disco-rock del “Satisfaction” de Benny Benassi (¡así nos gusta, sin complejos!), al concierto en su conjunto le faltó ese jugo sabor disco que tan bien saben exprimir Whomadewho[Jose M. Collado]

TOKIMONSTA. Por causas ajenas a nuestra voluntad, no pudimos contemplar sino apenas el segmento central de la actuación de TOKiMONSTA. Pero, a veces, un poco de pasta basta, y si algo sobraba en el SonarDôme durante el set de la angelina era pasta: esas paredes sudaban hidratos de carbono. Jennifer Lee, el nombre real que se esconde tras el alias de TOKiMONSTA, volvía al festival barcelonés después de cuatro años para poner patas arriba el escenario hedonista por excelencia del Sónar de Día, mezclando rachas de electro, guiños a la EDM algunos flujos latinos y flashes de hip hop. Todo muy hasta arriba de fisicidad. Esto sí que fue cómo hacer crac: más que TOKiMONSTA, LOKiMONSTA. [DMDLH]

JAMES HOLDEN. Cerramos el Sónar de Día de este año con James Holden manejando su péndulo de hipnosis electrónica. Acompañado de un batería que ayudaba a direccionar y fijar la estructura maleable de algunas de sus composiciones y de un saxo que aparecía esporádicamente y que a un servidor le pareció sobrepasado en los delays, el alemán consiguió extrapolar con bastante acierto su último álbum al directo. Hazaña que gana en valor si tenemos en cuenta el peso que la producción tiene en ese “rara avis” que es “The Inheritors”. Con el SonarHall al completo, fue una lástima que el sonido no llegara con buena calidad a la mitad trasera y, una vez más entre tantas otras, que haya personas que van a los conciertos a hablar y no a escuchar (cada vez más a favor de una unidad de policía especializada que expulse a los que van a los conciertos a conversar). [JMC]

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