Tres cosas que no había hecho nunca hasta que tuve unos auriculares Skullcandy Crusher

Desde que tengo unos auriculares Skullcandy Crusher Wireless hago tres cosas que nunca había hecho antes… Y una de ellas es admitir que estaba equivocado.

 

Ay, qué rematadamente viejo me siento cuando escribo artículos como este en los que mi opinión se basa en una perspectiva histórica de las últimas décadas… Pero es lo que tiene esto de ser periodista y hacerse viejo. (De hecho, cuando era mucho más joven, envidiaba a los periodistas más mayores que podían hablar con conocimiento de causa al respecto de lo vivido en un pasado cada vez más lejano, pero esa es otra historia que no toca explicar aquí y ahora. Así que sigamos con lo que realmente toca.)

La cuestión es que, en las últimas décadas, he experimentado en mis propias carne las tendencias pendulares en lo que respecta a auriculares: que si ahora se llevan auriculares de botón, que así ahora mola ir por la calle con unos auriculares bien grandotes y cuanto más vintage mejor, que si ahora nos da por los AirPods… Yo mismo creo que, a día de hoy, no podría ir por la calle con otra cosa que no fueran los AirPods, por lo que tienen de cómodos y funcionales. Así que imaginaos mi cara cuando cayeron en mi mano los nuevos Skullcandy Crusher Wireless. Bueno, no hace falta que la imaginéis, ya os la describo yo: fu una cara de “dafuq?” puro y duro. Rollo “¿y qué carajo hago yo ahora con esto?”.

Pues, bien, resulta que ahí está la belleza de volver a unos auriculares grandes como los Crusher Wireless de Skullcandy. Porque no os lo he dicho, pero estos son unos auriculares MUY grandes. Los míos en particular vienen totalmente en negro y con fundas de lujurioso cuero (igualmente negro) tanto en la diadema como en las almohadillas que cubren las orejas. Lo explico así para que quede claro que son unos auriculares jodidamente preciosos, pero lo cortés no quita lo valiente y, aunque sean preciosos, está claro que yo no soy un usuario de este tipo de accesorios. Así que: ¿qué hacer con ellos?

Ahí fue cuando empecé a explorar y descubrí que, ostras, al final va a resultar que el gilipollas soy yo por no haber hecho determinadas cosas antes con unos auriculares como los Skullcandy Crusher Wireless puestos… Pero no avanzo acontecimientos. Seguid leyendo y dejad que os hable de las tres cosas que no había hecho nunca en mi vida pero que, desde que tengo estos Crusher Wireless, ya no concibo hacer sin ellos. ¿Necesidad creada? Bueno, sí, puede ser. Pero ¿una buena vida no es precisamente esa en la que el placer te viene de aquello que no es necesario (pero que mola lo más grande)?

 

Skullcandy Crusher Wireless

3. JUGAR A LA CONSOLA. Voy a ser totalmente sincero: siempre había pensado que la estampa de alguien jugando a una consola con auriculares puestos venía a ser algo así como el epítome de lo friki. Algo totalmente innecesario que, sin embargo, formaba parte del uniforme freak igual que la barba forma parte del uniforme hipster. Pero, mira, un día estaba jugando al “The Witcher 3” y me pregunté: ¿y qué pasa si conecto los Skullcandy Crusher Wireless a la PS4 Pro? Y lo que ocurre es lo siguiente: que, de repente, cualquier juego gana en un 1000% en cuanto a inmersión. La experiencia es más completa y compleja. Escuchas cosas que antes habías pasado por alto. Estás más dentro del juego que en el sofá de tu casa. Será, además, que en el caso de estos auriculares ayuda la cancelación de sonido exterior… Lo que, por otra parte, viene fetén cuando tu pareja te está gritando desde otra sala que dejes de jugar de una puñetera vez y estés a lo que tienes que estar. Puro win win.

 

Skullcandy Crusher Wireless

2. REALIDAD AUMENTADA. Hace unas semanas, Apple presentaba sus novedades anunciando que iba a prestar mucha pero que mucha a la realidad aumentada (es decir: apps que te permitan “ver” el mundo de forma diferente a través de la cámara de tu teléfono). Un poco antes, yo mismo flipé con la experiencia inmersiva e interactiva de la exposición de Björk en el CCCB de Barcelona, basada en parte en ponerte unas gafas sincronizadas con unos buenos auriculares. Y, en general, no sé si te has dado cuenta últimamente, pero cada vez más son, por ejemplo, los artistas que lanzan videoclips en 360º que puedes ver en tu ordenador a través de YouTube, pero que realmente se gozan si se ven con unas gafas dentro de las que puedas meter tu smartphone.

Pues, bien, mis Skullcandy Crusher Wireless venían con una de esas gafas… Y, joder, desde entonces ya tengo algo más con lo que procrastinar: ver videos en 360º en YouTube, experimentar con apps de realidad aumentada y todo lo que nos llegará, porque esto no ha hecho más que arrancar. Pero, claro, una cosa es disfrutar de todas estas cosas, y otra muy diferente es disfrutarla con un sonido muy alucinante y una cancelación de ruido exterior que te mete muy dentro de la experiencia. Holi, el futuro ya está aquí. Bienvenidos a “The Matrix“.

 

Skullcandy Crusher Wireless

1. APRENDER QUE SIEMPRE ESTUVE EQUIVOCADO. Y aquí viene cuando me pongo serio. Pero es que, a ver, yo siempre he sido de esos a los que su madre les decía que se iba a quedar sordo ya cuando tenía 12 años y me pasaba el día escuchando música con los auriculares a toda pastilla. Las palabras de mi madre me han acompañado durante toda mi vida, y os prometo que, incluso con 37 años, hay veces que bajo el volumen de mis auriculares porque se me aperece mi madre echándome la bronca. Dicho esto, me pongo mis nuevos Skullcandy Crusher Wireless y, ¡zas!, resulta que no tengo ni que llegar al máximo de volumen para tener sensación de estar a tope.

¿Por qué? Me informo: la principal particularidad de los Crusher es que son unos auriculares con vibración, por lo que “sientes” la música de forma diferente. Así que la conclusión es obvia: lo que siempre había buscado cuando subía el volumen al llevar auriculares no era escuchar la música más fuerte, sino sentirla con mayor intensidad. E intensidad es precisamente lo que sientes con la vibración de los Skullcandy Crusher Wireless (vibración que, por otra parte, puedes variar desde la nada al máximo, como si fuera un volumen). Tal y como he dicho al principio de este artículo, soy viejo… pero mola ver que todavía puedo aprender cosas sobre mi mismo, ¿verdad? [Más información en la web de Skullcandy]

 

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