say-lou-lou

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Si no recuerdo mal, el primer single de Say Lou Lou data del año 2012 (diría, incluso, que de principios del año 2012, pero mejor no pongo la mano en el fuego). Fue “Maybe You“, y la verdad es que molaba lo más grande: dos hermanas, rubia y morena, que recordaban inmediatamente a ABBA en el poderío físico pero que, en lo que a música respecta, eran más bien una especie de revisión de las baladas ochenteras más romanticonas aletargadas por la mansa tranquilidad post-coital justo en el momento más oscuro de la noche. Dicho así, mola lo más grande. Y, de hecho, repito: “Maybe You” y la aparición de Saint Lou Lou (porque por aquel entonces se hacían llamar así) molaron lo más grande. Pero luego vino el auge y la caída del nu-r&b. Vinieron Jessie Ware, Banks e incluso FKA Twigs. Vinieron las luces, pero también las sombras que vivimos a día de hoy, donde el momento “me pica el chichi de tan cachonda que estoy” del nu-r&b ya empieza a cansar un poco… Y es precisamente en este marco donde Say Lou Lou lanzan por fin su disco de debut.

Bad timing, sin lugar a dudas. Mientras que muchos otros artistas (y, sobre todo, muchas otras artistas) han conseguido en estos cuatro años concretar un sonido propio y delimitar su parcela en esta tierra de nadie, las hermanas Elektra y Miranda Kilbey parece que han ido dando bandazos sin saber muy bien qué hacer con sus vidas, si comer o dejar comer. Los singles que han ido lanzando desde “Maybe You” han seguido explorando las mismas coordenadas creativas de su primera canción. Pero, realmente, hace falta preguntar: ¿cuánto más puede explorarse unas coordenadas que delimitan un territorio no más grande que un adoquín? Poco. Muy poco. Y ese es al final el principal problema de “Lucid Dreaming” (á Deux, 2015): que es un continuo darle vueltas a una tortilla de aire que, al final, acaba desvaneciéndose en la nada.

Las Kilbey juegan con tanto ahínco a la languidez que al final el disco sufre un desmayo de un par de cojones, de esos que necesitan de desfibrilador para recuperar la consciencia. Y no voy a decir que “Lucid Dreaming” sea aburrido (aunque lo piense, la verdad), porque hay que reconocerles a Say Lou Lou que han hecho el disco perfecto de acompañamiento para cuando tienes que trabajar a altas horas de la madrugada y necesitas ponerte algo de música que no interfiera con tus pensamientos pero que tampoco despierte a tus vecinos. Ese es, sin lugar a dudas, el entorno idóneo de “Lucid Dreaming“, ni más ni menos, ni bueno ni malo, ni mejor ni peor… ni aburrido, supongo.

El disco tiene, eso sí, sus singles: “Julian” sigue siendo un baladón con alma de torch-song (por mucho que lo hayamos escuchado mil veces desde que se editara en el año 2013), “Peppermint” muestra una garra que ya quisiera para sí lo último de Lana del Rey y “Games for Girls” nadie sabe qué hace ahí, sonando a Lindstrøm (y con todo el derecho del mundo, que para algo ha sido él mismo el que la ha producido), pero hay que reconocer que este corte es el único que le da algo de brío al lote y hace pensar qué ocurriría si las Kilbey tuvieran sangre en las venas y decidieran dedicarse a la música de baile. Pero, más allá de estas composiciones y un par más, “Lucid Dreaming” resulta ser uno de esos discos que no molestan, que los escuchas de un tirón pero en los que eres incapaz de destacar una canción por encima de las otras. Será que es un disco tranquilo. Demasiado tranquilo. Tan tranquilo como cuando tu pareja duerme y está tan tranquila que tienes que tomarle el pulso para ver si sigue viva.

 

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