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“¡Atleti, Atleti, Atlético de Madrid; jugando, ganando, peleas como el mejor!”. Este cántico es el que se escucha en media Madrid y parte de España desde el pasado sábado porque, dieciocho años después, ¡el Atleti es campeón de Liga!

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Para lograrlo, tuvo que esperar a enfrentarse en la última jornada a su rival directo, el Barcelona y, rizando el rizo, en el Camp Nou. Como si de un guion de Hitchcock se tratase, parecía que era el mismo Atleti el que quería que el desenlace del campeonato fuese así, tras notar la presión en los partidos anteriores y no poder llevarse el trofeo con suficiente antelación. Para añadir más épica al decisivo momento, los colchoneros empezaron perdiendo ante los culés, que tenían ante sí una oportunidad increíble de llevarse el gato al agua. Pero, con el sufrimiento y el sacrificio habituales de esta temporada, el Atlético empató para asegurarse el primer puesto. Con el 1-1 final, la explosión de júbilo se trasladó del campo barcelonista a la Fuente de Neptuno madrileña, destino del desfile de celebración al día siguiente. Eso sí, el festejo no tuvo el aroma entre cañí y surrealista de aquel de 1996, cuando Jesús Gil exudaba euforia tanto embutido en un chándal como subido a un carruaje con su caballo Imperioso al frente. Aquellas sí que eran unas buenas verbenas futboleras y no las de ahora, a ritmo de EDM, electrolatino y canciones tan cansinas como “Happy” de Pharrell Williams, que ‘Cholo’ Simeone bailoteó como si estuviese en un chiringuito de Benidorm.

Ya le hubiese gustado estar en su lugar para marcarse una cumbia, un tango o un pasodoble a su colega y compatriota ‘Tata’ Martino, a quien se le escapó el título en la enésima ocasión en la que no supo mejorar el juego ni controlar el banquillo del Barça, tal como le sucedió durante casi toda la segunda mitad del torneo. Y eso que el Atlético de Madrid y, sobre todo, el Real Madrid le pusieron en bandeja obrar el milagro de la Liga. Pero el argentino no dio con la tecla adecuada frente a los rojiblancos. Tampoco es que el ambiente en el club le ayudara los últimos días, con sus jugadores descansando más que entrenando, yendo de asado en asado y cena en cena y asistiendo a actos como la emotiva despedida al capitán Puyol. Así que el ‘Tata’, en cuanto acabó el encuentro ante el campeón y ya con los pies fuera del Barcelona, dio las gracias a todo el mundo, dijo adiós y metió su polo pistacho en la maleta. Su sustituto será, tras alguna que otra reunión secreta, Luis Enrique, antiguo jugador culé y hasta anteayer entrenador del Celta aficionado a subirse a andamios para hacer su trabajo, que se encargará de hacer borrón y cuenta nueva para iniciar una nueva etapa en Can Barça.

Mientras tanto, el Real Madrid ya no se jugaba nada en el último episodio de la Liga contra el Espanyol, un envite que sólo sirvió para constatar, por un lado, su estado de nerviosismo por el caos de lesiones que afecta a la plantilla, especialmente a Cristiano Ronaldo, inmerso en un proceso surrealista de ‘quiero y no puedo’ culminado por los ocho minutos que estuvo en el campo frente al Valladolid antes de retirarse a los vestuarios; y, por otro, su lamentable estado de forma tras eliminar en Champions al todopoderoso Bayern de Munich, momento tras el que creía que sería campeón del universo sin dar una patada al balón -como cuando Errol Flynn tocaba el piano sin manos- y a partir del cual no ganó ninguno de sus tres partidos ligueros clave. La culpa de todo recayó, claro, en Carlo Ancelotti, el que hace un mes era el súper-entrenador galáctico y ahora vuelve a ser ese italiano bonachón convertido en muñeco de trapo, de mejillas sonrosadas y buena papada y con extraño acento que parece gallego. Sin embargo, al igual que en el caso de Martino, Carletto no contó con demasiada colaboración de sus jugadores, preocupados en otros menesteres. Por ejemplo, Sergio Ramos presentó en sociedad a su primer retoño con Pilar Rubio. Casillas anduvo distraído resolviendo sus deudas con Hacienda y buscando, por si abandona la casa blanca, hogar fuera de España. Pepe se centró en cambiar su imagen mediante el esperpéntico alisado de su enmarañado pelo, cerrando la asombrosa cuestión capilar que abrimos en esta columna al principio de la Liga…

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Y Gareth Bale lució palmito en el Masters de tenis de Madrid refrescándose en las gradas de una manera muy poco galesa.

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Así fue cómo los jugadores blancos afrontaron el tramo crucial de la Liga con, no lo olvidemos, la final de la Champions contra el Atlético de Madrid en el horizonte. Si se produce la debacle merengue, Ancelotti se irá a comer espagueti a la boloñesa a otra parte…

El que sí ya se llevó un nuevo premio europeo ha sido el Sevilla, que superó al Benfica portugués en la final de la Europa League. Una victoria que se celebró por todo lo alto y en la que se derrochó cariño por doquier. Love was in the air…

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Volviendo a la Liga, también amor, más alcohol y otras sustancias, flotaban en el ambiente de la juerga que estaba montando de madrugada Welliton, delantero brasileño del Celta, al volante de su coche por las calles de Vigo… hasta que la policía lo detuvo. El panorama que esta se encontró fue el siguiente: un conductor borracho que cuadriplicaba la tasa permitida; seis personas en el interior del vehículo; y varios semáforos en rojo saltados. Inolvidable forma de festejar la anticipada permanencia en Primera de su equipo, en el que no rascó bola desde su llegada. A ver cuál el siguiente futbolista que supera esta hazaña…

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Los que también estallaron de alegría, pero de una manera menos catastrófica, fueron los aficionados de los equipos clasificados para competiciones europeas: el Athletic de Bilbao disputará la Champions; y el Sevilla, el Villarreal -revelación de la Liga– y la Real Sociedad, la Europa League.

La otra cara de la moneda liguera, la que nadie desea, la mostraron los dos equipos que debían completar la nómina de descendidos a Segunda División. En una típica tarde de fútbol de domingo y de transistores, se vivió un auténtico drama por la salvación. Especialmente en Pamplona, donde, además de ver perder la categoría a Osasuna -que venció infructuosamente al Betis-, se produjo una avalancha entre el público al ceder una valla de la grada. En Valladolid no se produjeron escenas tan accidentales, aunque enseguida saltaron las lágrimas cuando se confirmó la derrota de los locales frente al Granada, que los condenaba a despedirse de la Primera División.

Así ha concluido, entre gestas, brincos, sonrisas, llantos, sorpresas y decepciones, la apasionante Liga 2013-2014, en la que el Atlético de Madrid pudo romper el duopolio establecido entre Barcelona y Real Madrid desde hace una década. El próximo agosto se empezará a comprobar si la heroicidad rojiblanca ha sido algo efímero o se prolongará en el tiempo… Hasta entonces, esta columna baja el telón escuchando los cantos atléticos de fondo: “¡Porque siempre la afición, se estremece con pasión, cuando quedas entre todos campeón!”.

 

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