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Hace dos años, Adam Bainbridge, aka Kindness, molaba. Y mucho. Hasta el punto de convertirse en uno de los hypes más evidentes (y cimentados) de 2012. Bajo su frágil, delgada y melenuda apariencia se escondía un artista total, un hombre renacentista 2.0 que tanto cultivaba la música -su faceta más conocida- en su condición de autor y productor como la videocreación. Su disco de debut, World, You Need A Change Of Mind (Moshi Moshi, 2012), lo puso definitivamente en el mapa demostrando que el fino compositor británico podía cambiar un poco la perspectiva que se tenía del mundo a través del funk, el R&B y el soul elegantes, sintéticos y modernos a la par que fieles a sus tradicionales raíces: Prince y Roxy Music brillaban con fuerza en su libro de estilo. Pero, en el tiempo transcurrido hasta hoy, da la sensación de que los antes refulgentes apellido y alias de Adam se han ido difuminando poco a poco ante la irrupción de otros individuos que se han ganado su trozo del pastel cool por derecho propio: dentro del terreno de juego musical de Kindness, Toro y Moi o el dúo Rhye, por ejemplo; fuera de él, el adorablemente desastrado Mac DeMarco o el apoteósico Samuel T. Herring (Future Islands); y, yendo más allá, si me apuran, hasta el mismísimo pequeño Nicolás.

Aunque sería injusto no reconocer la labor de Bainbridge desarrollada estas últimas temporadas: además de girar como un loco por todo el mundo presentando en directo sus canciones, mostró su habilidad como remezclador y se encargó de la dirección de algunos clips propios, de William Onyeabor y Blood Orange, al que también ayudó en la producción y grabación de su excelente álbum Cupid Deluxe (Domino, 2013). Pero, insistimos, parece que parte de la luz de Kindness se ha ido apagando… Basta con comparar las imágenes de las carátulas de su ópera prima y su nuevo álbum, Otherness (Mom & Pop / Female Energy, 2014): mientras en la primera lucía seriamente firme y desafiante, en la segunda aparece cabizbajo y taciturno. A este revelador cambio podríamos añadir las connotaciones de su título: “Alteridad”, es decir, la capacidad de ser otro. ¿Significa esto que Bainbridge no se siente cómodo consigo mismo? ¿Sólo que quiere probar a meterse en otro cuerpo? ¿O, al revés, que desea que sean otros los que se metan en el suyo?

De estas tesis, parece que la tercera es la que conecta con “Otherness”. O, al menos, con su diseño de partida, en el que se han involucrado unos cuantos invitados estelares que se adaptan como un guante a los exquisitos esquemas de Bainbridge. Entre ellos destaca Kelela, diva del neo-R&B cuya sedosa voz (junto a la de Ade) aporta emoción al ritmo y bajo ultra-funk de “World Restart” -antes Kindness le pedía al mundo un cambio de idea; ahora, un reinicio- y una dulzura extrema a la vaporosa balada “With You”, que incluye un sample de “Moments In Love” de Art Of Noise para que no quede duda del ochenterismo no-sólo-basado-en-el-obligatorio-saxo que rezuma el disco. Luego, la rubia Robyn emerge para transmutarse en una C.C. Catch actualizada y candorosa a lo largo de la synth-funk-disco-pop “Who Do You Love?”; Manifest inserta “8th Wonder” en el hip-hop old skool; y, finalmente, Dev ‘Blood Orange’ Hynes devuelve el favor a su amigo y antiguo compañero de piso interviniendo (acompañado de Tawiah) en “Why Don’t You Love Me”, otra pieza de tempo lento, alma negra y sentimientos a flor de piel.

Precisamente, el recurrente tema del amor y sus vicisitudes forma el cuerpo argumental de “Otherness”, excusa perfecta para que Kindness se deje llevar por la sensibilidad y la calidez interpretativas y entregue su particular visión del pop comercial, que debe ser siempre distinguido y tratado con mimo, ya prolongue su ascendente R&B (“This Is Not About Us”), se incline hacia el piano-house de etiqueta negra (“I’ll Be Back”) o intente imitar maneras inimitables como las de James Blake (“Geneva”). Todo ello envuelto en un halo más orgánico que el que transmitía “World, You Need A Change Of Mind” -tendente hacia la electrónica chill wave e hipnagógica aún imperante en aquella época- y que, pese a su extendida y reiterativa languidez, proporciona a “Otherness” un aire retro a la par que contemporáneo y repleto de sofisticación y suavidad. Motivos suficientes para volver a creer que Adam Bainbridge es un tipo muy cool.

 

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