Un, dos, tres… al escondite inglés. Mejor dicho, sueco, origen de los protagonistas del caso que nos ocupa: Elin Kastlander y Joakim Benon; es decir, jj. Aludir tan a la ligera a este tradicional juego tiene su explicación. Este “nº3” (Secretly Canadian / Houston Party, 2010) es la tercera referencia numerada del dúo tras su single de debut, “nº1” (Sincerely Yours, 2009), y su primer largo, “nº2” (Sincerely Yours, 2009). Como se puede comprobar, no se devanaron demasiado los sesos para titularlos, con lo que la relación es fácil de entender. Pero que conste que lo de esconderse viene a cuento por el enigma y el misterio que rodean a jj desde que se extendió por el planeta indie su sombra de revelación nórdica a lo largo de la segunda mitad del año pasado. En plena era virtual, en la que gracias a la Red se puede acceder a casi todo, no poseen web propia ni MySpace, con lo que es difícil encontrar información que vaya más allá de la ofrecida por su discográfica o de los apuntes wikipédicos sobre su vida y obra (aviso para navegantes: cuidado con la vista y el oído si se topan con el nombre de JJ Band, porque les pueden salir un grupo blues anglo-americano-belga de los setenta, uno de jazz, uno de flamenco y una orquesta de verbena… ¡Viva el mundo bizarro!). ¿Y fotos? Dos o tres dispersas en revistas musicales. Menos mal que en directo sí se dejan ver, no se ocultan tras disfraces robóticos al más puro estilo Daft Punk ni colocan entre ellos y el público una sábana para convertirse en sombras como Gorillaz.

Al fin y al cabo, Elin y Joakim demuestran que en esto de la música lo que importa son las canciones, sin parafernalias ni fuegos de artificio. Algo similar a lo que sucedió tras pasar de su Suecia natal a Estados Unidos vía Secretly Canadian y publicar el ya mencionado “nº2”, que a la chita callando se hizo un hueco entre lo mejor de 2009 a base de tropicalismo glacial y ritmos sincopados para bailar entre palmeras de hielo. Lo mejor de ese disco (como todos los grandes discos) es que a cada escucha crece y crece, hasta que acaba enganchando. Y “nº3”, aunque se aleja levemente del optimismo encapsulado de su antecesor, funciona de la misma manera. Comienza aletargado con “My Life”, sorprendente versión del tema original compuesto por los raperos americanos The Game y Lil Wayne (del que, por cierto, ya habían sampleado una línea de teclado para su mini-hit “Ecstasy”), transformado en una suite pianística mecida con suavidad por la voz etérea de Elin. Precisamente sus cuerdas vocales son las que moldean cada pieza del conjunto, muy a la manera de su compatriota Karolina Komstedt, cantante de otro grupazo sueco, Club 8. Por su parte, Joakim administra los instrumentos de forma eficaz, ejecutados, junto con los arreglos, en el momento y el lugar adecuados: unas cuerdas y una pizca de percusión por aquí (“And Now”), una armónica por allá (“Let Go”), una solitaria guitarra española en “Light”… Parece que todo está calculado, pero el sonido, aun considerándolo tecno-pop, no pierde su naturalidad, que es lo que más define a jj. Si no fuese así, cómo lograrían colar con tanta elegancia un homenaje a una de las mayores figuras futbolísticas de nuestros tiempos, el también sueco Zlatan Ibrahimovic (lo siento por la grandilocuencia, pero es que soy uno de sus más fervientes admiradores), en “Into The Light”, punto álgido de “nº3”. Pero no acaba ahí el tributo al actual delantero del FC Barcelona, ya que “Voi Parlate, Io Gioco” comienza exactamente con esas palabras, pronunciadas por el propio Zlatan contra sus detractores durante su etapa italiana. La excusa sirve para dar forma a otra de las perlas del disco, quizá la que se acerca más a la luminosidad de “nº2”. Tras el arrebato balompédico, la pareja se adentra con timidez en su lado más oscuro con “Golden Virginia”, para luego rematar la escasa media hora del álbum con esa melancolía tan sueca que, en vez de entristecer, hace a uno feliz (“You Know” y “No Escapin’ This”).

Tengo que confesar que, tras repasar todo lo escrito, me quedo con cierta cara de extrañeza. Vamos a ver: un juego infantil en peligro de extinción; un chico y una chica de los que casi no se sabe nada; las múltiples formas artísticas que puede adoptar un nombre tan poco rebuscado como JJ Band; la mención por partida doble a Lil Wayne; y el canto eufórico a Ibrahimovic… Todo muy raro. Pero es que jj son también así, muy raros. Por eso molan, y mucho.

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