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Rosamond Lehmann recupera en “Invitación al Baile” la excitación y la incertidumbre propias de toda chica ante su primer gran evento social.

 

Quizás uno de los acontecimientos que más marcados se quedan en la memoria de cualquiera que ose mirar hacia el pasado sea el primer acontecimiento social importante al que acudes voluntariamente, la primera fiesta. Esa mezcla de nerviosismo y excitación, ese querer que todo sea perfecto, las ganas de ser el centro de atención y al mismo tiempo el terror a estar rodeado de gente observando todos y cada uno de tus actos: si cometes alguna torpeza, seguro que todo el mundo la ve y se pasan semanas riéndose de ti, piensas mientra te enfundas en ese nuevo vestido adquirido para la ocasión y te preguntas si no te marca demasiado el vientre. Semanas y semanas fantaseando sobre ese momento, el primero en el que sales de casa y sociabilizas con gente de tu edad y entorno sin padres de por medio, que se dibuja como un oasis de expresión personal propria… Aunque casi siempre acaba siendo decepcionante.

Todos estos miedos y esperanzas son algo que cualquier adolescente ha sentido alguna vez, ya fuere llegando a la fiesta en metro o en un Bugatti Royale. Esa es justamente la razón por la que la novela “Invitación al Baile de Rosamond Lehmann, escrita en 1932 y publicada ahora en castellano por Errata Naturae, nos es tan cercana pese a todas las décadas que nos separan de ella y del universo en ella narrado. Lehmann, una de las autoras más prestigiosas de su generación, nos relata la historia de Olivia, una jovencita de clase alta algo tímida y torpe que va a asistir a su primer baile. Todo empieza el día de su diecisiete cumpleaños, cuando la joven recibe como regalo un diario para sus pensamientos íntimos, un adorno de porcelana, un billete de diez chelines y un retazo de tela de seda roja para su primer vestido de noche. A partir de entonces, empezará a soñar y fantasear, entre incertidumbre y excitación, al respecto de aquel primer e importante acontecimiento para su vida social hasta el momento bastante limitada.

Con una sutileza por los detalles que convierte a “Invitación al baile” en una novela atemporal, Lehmann captura con destreza las emociones de una chica que se encuentra en la edad de paso entre la infancia y la madurez. Un rito por el que todos, con mayor o menor éxito, hemos pasado.

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