¿Qué haces con tu vida que no estás en la playita de vacaciones leyendo la biografía de George Michael?

Te obligamos a que respondas esta pregunta: ¿qué carajo haces con tu vida que no estás en la playita de vacaciones leyendo la biografía de George Michael?

 

Voy a ser totalmente franco a este respecto: es muy probable que si hubiera leído la biografía de George Michael escrita por Rob Jovanovic, quéséyo, en febrero, me hubiera horrorizado profundamente… Pero ocurre que, en vez de febrero, me la he leído en junio. Y la cosa cambia, chaval. ¡Vamos que si cambia! Y es que no es lo mismo leer en tu sofá mientras escuchas la lluvia repiqueteando contra los cristales de la puerta del balcón, desde donde es demasiado fácil convertirse en un implacable agente de la Santa Inquisición Esnob, que leer en la playita, al sol, cerca de tus amiguis, entre birra y birra en el chiringuito.

Hay libros escritos para ser leídos en febrero… Y otros que deberían llevar un faldón que indicara que su lectura florece en la temporada de calor. Como ciertas verduras. Como ciertas frutas. Como el apetito sexual que se hace más insistente en cuanto pasamos de abril a mayo. “George Michael” de Rob Jovanovic (editado en nuestro país de la mano de la editorial Roca) es como esas verduras, como esas frutas, como el apetito sexual: mejor en verano, cuando te aplicas lo de “relaja la raja” y de repente ya no hace falta que estés todo el santo día leyendo clásicos rusos y nuevas letras eslavas, sino que te puedes permitir alguna chuchería que te alegre la vida.

Porque, al final, de eso trata de esta actualización de “George Michael” (que ya se publicó en el año 2007 pero que fue revisada y compleada por el autor tras la muerte del artista): de alegrarte la vida con una lectura que, por tono, bien podría ser una especie de recopilación de artículos escritor para la NME. Ya tú sabes: si por algo es conocida la NME, es precisamente por ese tono que sabe ser informal incluso cuando está abordando temas serios. No es un tono que vaya a pasar a la historia, pero definitivamente es más solvente (y menos dañino para el alma) que el de los tabloides y la prensa amarillista.

Al fin y al cabo, ¿qué mejor que este tono a la hora de abordar una figura como la de George Michael? Porque, por si no lo sabías, y aunque pienses lo contrario (porque, mira, yo también pensaba que George fue una de esas estrellas que vivieron de puertas para afuera), resulta que nadie sabe a ciencia cierta qué ocurría con la vida de Michael una vez estaba lejos de los focos y los escenarios y las cámaras y los estudios de grabación. George Michael fue un hombre que defendió su intimidad como un jabato… Algo que, pobre Rob Jovanovic, es un putadón muy tremendo cuando lo que quieres es firmar la biografía definitiva de un artista.

Pero que nadie piense que a “George Michael” le falta enjundia. Ni mucho menos. Por la biografía escrita por Jovanovic circulan los básicos de la vida del artista retratado: sus inicios humildes y los problemas de autoestima que marcarían a fuego sus titubeantes primeros pasos profesionales, el éxito desaforado en Wham!, el tránsito hacia su carrera en solitario, los problemas legales (y larguísimo juicio) con(tra) su discográfica Sony, la huida del ojo público… Y, claro, también hay en esta biografía una buena ración de tomateo para quien sea esto lo que busque.

George Michael

Puede que algunos de los tramos más brillantes del libro de Jovanovic sean aquellos que abordan la sexualidad (confusa primero, destapada después, beligerante al final) de George Michael. Y, sobre todo, cuando estas cuestiones sexuales son tratadas usando las mismas palabras del artista: “La gente no quiere oírlo, pero es la verdad. Pasé la primera parte de mi vida de adulto sin enamorarme, acostándome con todos, acostándome con hombres, acostándome con mujeres, creyendo que era bisexual. No tenía pruebas de nada más profundo. Pasé la mayor parte de mi vida profesional escuchando cuál era mi sexualidad, lo que era bastante agradable, porque yo no lo sabía. Podría haber seguido así por tiempo indefinido de haber continuado trabajando y utilizando la admiración del público como sustituto de lo verdadero“. Desde ahí, claro, hacia el tramo final de la vida de George, cuando admitió abiertamente sus innumerables escarceos en el sano deporte del cruising justificándolos con una visión repleta de humor: “Nunca he sido capaz de rechazar una comida gratis“.

Tampoco deja Jovanovic en el tintero las tres grandes relaciones amorosas de George Michael con el diseñador Anselmo Feleppa, el magnate Kenny Goss y el peluquero Fadi Fawaz. Aunque está claro que el que se lleva la palma es, evidentemente, Feleppa: “Michael dijo que Feleppa «le rompió las cadenas victorianas y le enseñó a vivir, a relajarse y a disfrutar de la vida realmente.» El cantante se había estado acostando con hombres durante años, pero eso iba a ser su primera relación duradera. La pareja se enamoró y Michael supo que estaba siguiendo una dirección de la que no había marcha atrás. «Es muy difícil sentirse orgulloso de tu propia sexualidad cuando no te ha aportado ninguna alegría. Pero, una vez se relaciona con la felicidad y el amor es fácil enorgullecerse de ser quién se es.»“.

De hecho, el fallecimiento de Feleppa a causa del sida marca un punto de inflexión en la biografía de George Michael, quien siempre creyó que su éxito estaba siendo equilibrado con una ristra de desgracias personales que empezó con la muerte de su amante y siguió poco después con la pérdida de su madre. Justo ahí, el artista parece tomar una decisión incólume: “Quiero que la gente sepa que en el futuro cercano, a no ser que haya algo realmente importante que decir, cosa que dudo, voy más o menos a desaparecer. Me he creado una plataforma desde la que puedo hacer música y eso es todo. No es que de pronto haya dicho, oh, soy un músico tan sensato y me tomo tan en serio que la gente solo debería escuchar mi música. Se trata únicamente de que la música tiene la suficiente fuerza como para mantenerse sola y mi prioridad actual es seguir siendo feliz“.

Curiosamente (o no), Michael mantuvo esta declaración hasta su muerte. Lo que, de nuevo, dificulta más todavía la tarea de Jovanovic como biógrafo. Puta bida, tete. ¿Cómo abordar los ya míticos escarceos (y pilladas) del artista en sus habituales rutas de cruising, su afición a las drogas, los problemas de salud, las amistades rutilantes de ahora sí y ahora no (con gente como Lady Di o Elton John) y, sobre todo, ese tramo final de su vida en el que parece que George solo era noticia por liarla parda detrás de un volante mientras iba fumado (o lo que sea que fuera)? Difícil. Muy difícil. Y ese es, probablemente, el gran problema de “George Michael“: que Rob Jovanovic no consigue sorprender en ningún momento. Por mucho que lo intente, pobrete. Todo lo que explica, ya estaba explicado con anterioridad. No hay grandes revelaciones surgidas de una investigación exhaustiva ni soplos de gargantas profundas dispuestas a tirar de la manta por un buen puñado de perras. George Michael quiso vivir fuera del ojo público… y así lo hizo.

Es precisamente por eso que su biografía, además de interesante, divertida, cachonda, informativa y lúdica, es una lectura perfecta para estos meses de calor. Porque, al fin y al cabo, no es necesario pedirle que sea el resultado de un proceso de investigación detectivesca digno de “CSI“… Esto es lectura palomitera. Y cumple como tal. Ahora el que tiene que cumplir eres tú: ¿qué haces leyendo todavía mierdas esnobistas? Deja el mamotreto con el que estés ahora mismo, píllate vacaciones y corre a tu playa más cercana a cepillarte este “George Michael” de una sentada.

Let’s go outside! Este es el mejor consejo que te va a dar nadie esta semana. De nada. [Más información en la web de la editorial Roca]

 

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