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¿Cansado de que toda la comida en Barcelona siempre sea igual? No te pierdas entonces La Marmota: una fusión de Andalucía y Finlandia directamente en tu paladar.

 

Uno de los lugares comunes de la cocina dice que la gastronomía, al fin y al cabo, trata (o debería tratar) de la memoria, de la importancia de los recuerdos… De la capacidad, al fin y al cabo, o de generar nuevos recuerdos a los que recurrir más adelante con el paladar o de remitir directamente a recuerdos gustativos que, a su vez, remitan a otro tipo de recuerdos. Sí, ese deseable y deseado deja-vu que asalta tu boca y te hace pensar inmediata e inconscientemente en tu infancia comiendo galletas a escondidas o en tu adolescencia cuando tus padres te obligaban a probar alimentos que nunca te hubieras llevado a la boca pero que, de repente, te abrían todo un nuevo mundo de sensaciones. De eso debería tratar la gastronomía, y eso es precisamente lo que me dejó noqueado cuando descubrí por pura casualidad La Marmota.

En esta era en la que los locales cool son cool antes de ser abiertos porque ya cuentan con una agencia de comunicación detrás, se agradecen pequeñas grandes sorpresas como la de La Marmota. Tengo que reconocer que la primera vez que lo vi fue bajando con el coche por la calle Comte Borrell de Barcelona: una visión fugaz de un local bonito, madera y cristal, luz ténue pero acogedora, bastó para que se me quedara grabado en la cabeza “aquí tengo que volver”. Y así lo hice.

En mi primera visita oficial al número 107 de la calle Comte Borrell, lo primero que me volvió a sorprender fue el local: no demasiado grande, pero transmitiendo una poderosa sensación de amplitud gracias a que toda la parte frontal del espacio está abierta hacia la calle gracias a una amplia puerta y a una cristalera que permite que entre la luz natural durante el día y que por la noche te provoca la dulce ilusión de estar casi casi en la calle. Por lo demás, mucha madera, un suelo antiguo de preciosas cenefas, ladrillo visto, muebles vintage y algunos detalles de decoración como un enjambre de madera a forma de estantería y algunos cestos de mimbre colgados de la pared y que digo yo que serán algún tipo de tradición finlandesa.

Pero, espera, ¿finlandesa? ¿Por qué? Aquí llega la segunda parte de la sorpresa de La Marmota. A poco que hables con alguna de las dos dueñas, te explicarán que la idea de abrir este lugar nació cuando ambas se dieron cuenta cuánto echaban de menos sus tierras natales: una es de Finlandia, la otra de Andalucía… Y eso, al fin y al cabo, acaba traduciéndose en la carta de La Marmota. Permitid que vuelva a ponerme íntimo y personal, pero el hecho de que lo primero que viera en la carta fue la presencia estelar de la zurrapa (manteca típicamente andaluza a la que fui adicto en todos los veranos de mi infancia en Cádiz) consiguió derretir mi corazón. ¿Lo mejor de todo? Que no sólo tienen zurrapa en la carta: aquella mañana acabé comiéndome esa zurrapa dentro de un delicioso mollete, que viene a ser un bollo puramente andaluz. Y esto, en medio de Barcelona, no tiene precio. Prometido.

Pero basta ya de mi percepción subjetiva, porque la verdad es que la propuesta de La Marmota es lo suficientemente seductora como para no necesitar de subjetividad alguna: en la carta conviven a la perfección todo un conjunto de propuestas andaluzas (que, más o menos, sonarán a todo el mundo) con otro grupo de locuras finlandesas dispuestas a desafiar a tu paladar. Tostadas, tartas y sándwiches para desayunar, mientras que para todo el día puedes sumarle una buena ensalada a lo dicho anteriormente, además de añadirle algo de picoteo siempre cuidando la mayor calidad (que las patatas chips sean Marinas debería dejarte bien claro el tipo de selección que hacen en La Marmota con sus productos).

Y acabamos donde empezamos: en que la la gastronomía, al fin y al cabo, trata (o debería tratar) de la memoria, de la importancia de los recuerdos. En una ciudad como Barcelona, tan tendente a aplastar al que viene de fuera, a serializar cualquier cosa que tiene éxito y convertirlo en algo post-geográfico, en algo “marca Barcelona”, una propuesta como la de La Marmota debe ser abrazada con fuerza: si tienes familia andaluza o finlandesa, seguro que va a rencontrarte con muchos recuerdos; pero, si no es el caso, prepárate para programar tu memoria con todo un chute de nuevos sabores.

 

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