Las transiciones desde la montaña hasta la ciudad siempre han sido un drama para mí. En mi caso, la cosa suele ser bastante moderada: las montañas a las que suelo ir son pequeñas y Sevilla, la ciudad a la que vuelvo, tiene unas dimensiones que controlo. Ayer llegamos a Vitoria desde las montañas más altas de la Península y eso, qué quieren que les diga, no es fácil de llevar. No para mí.

Además la vuelta a la civilización ha sido de lo más extraña, termo-climáticamente hablando. Cuando salimos del Valle del Cinca hacía frío, un frío de narices. Bajamos por el cauce y los desfiladeros del río hasta Aínsa y desde ahí tomamos la carretera que nos llevaría al Valle de Ordesa, desde donde abandonaríamos los Pirineos en dirección a Navarra. Hasta ahí todo bien, algunas nubes, aunque sol y frío. Pero en poco más de cincuenta kilómetros, a medida que nos acercábamos a Jaca y, un poco más lejos, al embalse del Yesa (que está, por cierto, muy vacío) la temperatura había subido de una manera indecente, casi. Menos mal que para cuando entramos en Euskadi habíamos vuelto al invierno y, de nuevo, estábamos a poco más de quince grados y con muchas nubes; mucho mejor.

Vitoria es una ciudad manejable, como Sevilla. Y, como en Sevilla, a veces es un infierno llegar a según qué zonas con el coche. Ayer se celebraba una especie de festival medieval en el centro de Vitoria y la sala en la que tocábamos está justo en medio del casco antiguo… Imagínense qué divertido fue buscar una forma de acercarnos a la sala lo bastante, y a tiempo, como para descargar. Menos mal que una joven policía local se apiadó de nosotros y nos dejó entrar por una calle que, más o menos, nos dejaba cerca del sitio.

El Gora es un buen sitio para tocar, ¡y para cenar! Yo había estado con The Baltic Sea, hace algunos años, y fue muy agradable volver. Nos gustó mucho el concierto y, además, dispusimos de una pequeña pantalla en la que proyectar nuestros visuales, que ya teníamos ganas.

Ahora escribo esto desde la habitación de hotel, desde la que tengo la vista que encabeza esta entrada del diario. El día es muy frío, y las nubes están muy bajas. No sé si aventurarme y predecir lluvia, pero desde luego, estarán de acuerdo conmigo en que hace un día precioso. Jose termina de recoger sus cosas y nos vamos rápidamente a Basauri, donde nos esperan en BiFM para una pequeña entrevista y un set acústico. Esta noche Bilbao. Deséennos suerte.

[Esteban R.]

 

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