Daniel Avery se marca una sesión para los podcasts de Dekmantel de la que puede decirse de todo menos “I Never Said I Was Deep”.

 

¿Recuerdas aquel tema titulado “I Never Said I Was Deep” de Jarvis Cocker? Molaba, ¿verdad? Pues, oye, lo cierto es que aquella canción es aplicable (con un buen plus de sorna) a mucha gente, pero hay una persona en concreto que nunca podría hacer suyo ese leit motif: el señorito Daniel Avery. Y es que, si por algo es conocido este chaval, es precisamente por convertir en un pozo sin fondo todo aquello que toca, ya sean sus producciones propias (entre las que destaca su chorreante debut “Drone Logic” -Beacuse, 2013-) o, sobre todo, en esas sesionacas que ha ido extendiendo por el mundo como una pandemia silenciosa.

Y es que cualquiera que esté mínimamente metido en la música de club (o, en su defecto, en las mangas más electrónicas de los festivales musicales, por mucho que este tipo de sesiones impliquen una duración menor y, por tanto, una intensidad más recatada) sabe que el nombre de Daniel Avery asegura una única cosa: una sesionaquer de esas en las que no sirve lo de meter la puntita, sino que es necesario meter el miembro entero y aguantar ahí, como un campeón. Lo que, traducido a un lenguaje normal y corriente, viene a significar que a este hombre le pirran las progresiones largas e hipnóticas y no los subidones y los drops facilones.

Lo de Daniel Avery para Dekmantel es algo tan cerebral que podrías escucharlo en tu sofá si fueras una especie de maestro zen (o un puto demente, que también es posible).

Esta filosofía es la que Avery vuelve a aplicar en esta sesión que forma parte de los alucinantes podcasts que se está marcando en los últimos tiempos el festival Dekmantel (que, por cierto, empieza a ser algo así como La Meca a la que queremos viajar todos los aficionados a la electrónica, ¿verdad?). Una pequeña gran advertencia: no le des al play si no tienes dos horitas para perder la cabeza, porque lo que aquí vas a escuchar es una sesión que pulveriza la frontera entre la pista de baile y tu casa.

Lo de Daniel Avery para Dekmantel es algo tan cerebral que podrías escucharlo en tu sofá si fueras una especie de maestro zen (o un puto demente, que también es posible). Y, a la vez, es algo tan bailable que, si acabas entrando en su chorro de musicón, se convertirá en una experiencia mental avanzada. ¿Te atreves? [Más información en el Soundcloud de Daniel Avery y en el de Dekmantel]

 

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