La actriz y directora Valérie Donzelli sorprendió a todos con este su segundo largometraje en Cannes, donde se llevó bajo el brazo el premio del público, uno de los más respetados galardones del festival. La sinopsis de “Declaración de Guerra” (“La Guerre est Déclarée”) bien podría tomarse como una auténtica tragedia de telefilm de Antena 3, con muchos lloros, mucha superación de pareja y con el “basado en un hecho real” incluido; pero, en cambio, nos encontramos con una obra ligera, enérgica y optimista con continuos guiños a la Nouvelle Vague.

Romeo y Juliette, dos jóvenes y guapos modernos parisinos, se conocen en el frenesí de una fiesta, bromean con sus nombres, se gustan, se enamoran y empiezan una relación que vemos crecer en pantalla de forma muy videoclipera. Delante de “El Origen del Mundo” de Courbet y mediante elipsis, vemos cómo la enamorada pareja acaba de tener su primer retoño: Adam. Con los típicos miedos de unos primerizos, afrontan el día a día de su relación hasta que la pesadilla para todos los padres se convierte en realidad: Adam, de apenas un año, tiene un tumor cerebral. Juliette corre y corre por los pasillos del hospital, como la premonición de aquello que les espera: un laberinto donde no se ve el final. Romeo cae abatido de rodillas y grita de desesperación. Pero no sucumben, y con determinación trazan un plan junto a sus familias para sacar adelante a su pequeño y a su relación: declaran la guerra a la enfermedad, declaran la guerra a la tristeza y el desfallecimiento, a la autocompasión. Romeo y Juliette aúnan fuerzas. Son jóvenes y se aman y, a pesar de la tragedia, seguirán sus vidas, irán a fiestas, reirán, se emborracharan, llorarán y continuarán luchando, todo junto a Adam.

Valérie Donzelli y Jérèmi Elkaim, pareja durante años, vivieron en sus propias carnes esta trágica experiencia. Pero lo que efectivamente podría haberse convertido en una suerte de ejercicio expiatorio es, en realidad, una narración cercana y honesta de una historia que la directora califica de no-autobiográfica, aunque sí personal. Más allá de la desdichada historia de Adam aflora la historia de la evolución de una pareja donde la enfermedad de su hijo actúa como catalizador. El humor (excelente la extraña conversación en la cama donde cada uno expone sus miedos al otro) y la mezcla de estilos (musical, fantástico, romántico) así como el uso de tres diferentes narradores omniscientes rinde tributo al savoir faire nouvellevaguesco, en clara alusión a grandes del cine francés como Truffaut o Godard. ¡Cómo no recordar “Los 400 Golpes” viendo el final de “La Guerre est Déclarée”, por ejemplo!

Para mayor frescura y proximidad con los personajes, Donzelli rodó casi todo el metraje con una cámara fotográfica Canon, convirtiéndola así en una pieza magnífica de low-cost, además de situar la acción en localizaciones reales y empleando también parte del personal sanitario que les acompaño en la larga lucha durante cinco años. De hecho, en parte, el título también es una defensa al sistema sanitario francés, un homenaje a los médicos y enfermeras de la sanidad pública que operaron a Gabriel (el nombre verdadero de su hijo, que además se interpreta a sí mismo a la edad de 8 años), en un momento en Francia en el que empiezan a oírse las primeras trompetas de la privatización.

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