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Alocada, exagerada, desquiciada. La Volátil es esa mujer que todas llevamos dentro… Y que a veces sacamos fuera. Entrevistamos a Agustina Guerrero, su creadora.

 

Que no os engañen: ser mujer es una putada. Una putada maravillosa pero una putada, al fin y al cabo. Y, sí, es cierto: nuestro cuerpo es más bonito, somos más organizadas y más limpias, venimos de serie con el chip de la empatía, no tenemos problemas en demostrar nuestras emociones (lo que nos ahorra unas cuantas úlceras) y nuestra ropa es más molona y nos queda mejor. Pero después hay otras cosas que hacen que el viaje sea difícil, y no hablo sólo de esa visita mensual que siempre lo complica todo (por si levantarse cada día con un par de ovarios en el sistema no fuera ya de por sí bastante complicado). Somos emocionales, sentimentalonas, retorcidas, criticonas, capaces de pasar de la risa al llanto en un microsegundo y, como afirmarán nuestros novios, amigos y jefes, estamos todas locas. Un drama, vamos. Pero qué le vas a hacer, la vida es así, no puedes vivir con nosotras pero muchísimo menos sin nosotras. Y cuanto antes asumamos y abracemos sin miedo nuestros puntos fuertes y los que no lo son tanto, mucho mejor para todos.

Ser mujer y hablar de ello siempre se ha visto como algo feo, de mal gusto, como de no saber lavar la ropa en casa. Los hombres siempre han podido ir al bar a fumar en pipa y hablar de sus cositas en público sin que nadie les mire mal por ello; pero, cuando sale algún tema (en) femenino en la conversación, la cosa parece que se pone incómoda, tensa. De nosotras se espera 1) Que vayamos perfectamente depiladas, 2) Que olamos siempre bien, y 3) Que sepamos estar en nuestro sitio, sea el que sea o toque. Por fortuna, de un tiempo a esta parte, hay un montón de autoras que publican en nuestro idioma que se están atreviendo a poner un poco del revés esas ideas tan preconcebidas, molestas y aburridas que orbitan alrededor del género femenino y que defienden el hablar de nuestro género y sus circunstancias desde la risa y desde el orgullo, dos perspectivas que nos están demostrando que se pueden combinar a la perfección sin necesidad de caer en la parodia o el absurdo si se sabe hacer con gracia.

La argentina Agustina Guerrero es una de estas autoras que, un día, decidió reírse de su género… pero también con él, de las cosas que le pasaban por ser mujer y que ella misma provocaba por el mismo motivo, de las memeces que se le pasaban por la cabeza a todas horas sin orden ni concierto, de las inseguridades tan tontas cuya sombra solo ella sentía a sus espaldas, de las chorradas por las que era capaz de preocuparse y de las imbecilidades que le arrancaban una sonrisa. Y también de pedos vaginales, de tener la regla, de sufrir un mal día, de enviar a tu novio a que te compre compresas y de escoger el desodorante en el supermercado. Para dar rienda suelta a todo ese torbellino de vivencias y cosas creó a La Volátil, un álter ego pizpireto y un poco desquiciado que, con su moño, su camiseta de rayas y sus pantalones negros, pronto encandiló a un montón de chicas a las que les pasaban exactamente las mismas cosas que a ella. Con sólo cuatro años de vida, La Volátil cuenta ya con más de 400.000 seguidores en Facebook en todo el territorio de habla hispana, una masa inabordable de fans; y, desde hace un par de meses, también cuenta con un primer libro donde se recopilan un montón de las viñetas de su “Diario de una Volátil” que ya va por su segunda edición (¡felicidades!).

Estuve con Agustina durante la intensa ronda de entrevistas que dio para presentar su “Diario” y hablamos con ella de un montón de cosas: de cosas de ilustradores, de cosas de mujeres, de cosas sobre editar un libro y de cómo el destino a veces te enseña que, cuando la vida te da limones, lo mejor es hacerse una limonada, un Gin Tonic y aprovechar todas las oportunidades que salen.

 

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Es curioso, porque “Diario de una Volátil” no nació como un libro propiamente dicho… Ni el personaje nació para hacerse público.

Exacto. Por lo que he leído en otras entrevistas, cuando empezaste a dibujar al personaje no lo hiciste pensando que iba a ser visto por la gente… Siempre me dediqué a la ilustración, y lo que estaba haciendo por aquel entonces era otra cosa totalmente diferente, no tenía nada que ver con este tipo de viñetas, ni con este estilo, ni con nada de La Volátil. Mis diseños eran generalmente mujeres y hacia series, por encargo o de forma personal, pero eran muy oscuros, con mucha sangre… Y en paralelo creé a La Volátil, que era un diario íntimo.

Un diario que no es oscuro para nada… Exacto, no lo es. Ella nació cuando vine a vivir a Barcelona, hace cuatro años. Imagínate: ciudad nueva, novio nuevo (que es el personaje masculino) y yo, que estaba como una quinceañera y pensé: “¡Todo esto tengo que escribirlo en mi diario!”. Pero, en lugar de escribirlo, lo dibujaba. Eran dibujos rápidos y sólo los hacía para mí. Pero, un buen día, cuando llevaba dos años viviendo en Barcelona, llegué a mi casa con unos lomitos que había comprado en el súper pensando: “¡Qué hambre, me los voy a cocinar!“. Y, cuando entré, ¡ me lo habían robado todo! Mi casa estaba como en las películas, todo revuelto y patas arriba. En ese momento, estaba trabajando en un cuento infantil desde hacía cuatro meses y se llevaron el ordenador, el disco externo y cosas personales que no recuperaré jamás. Algunas sin importancia, pero otras muy importantes para mí en el plano personal. Y me quede en plan “¿y ahora qué hago?“. Resulta que no se llevaron un PC del año de la catapum (el Mac sí, ¡que ni siquiera había acabado de pagarlo!), ni una carpeta azul donde estaban mis dibujos de La Volátil. Un azul, por cierto, que es el mismo color que utilizo siempre… Y me acabo de dar cuenta ahora. El ordenador recuperó las ilustraciones, pude rehacer una viñeta y enseguida pensé en colgarla en Internet.

¿Puede ser que, de alguna manera, pensaras que, si la colgabas en Internet, seguiría ahí y no se perdería por mucho que pasara algo? Bueno, la verdad es que no pensé en eso. Lo hice más que nada para entretenerme y seguir dibujando… Total, ya lo había perdido todo. Pero empezó a tener repercusión muy rápidamente.

¿Esa primera viñeta que colgaste está en el libro? No. Es una que estaba muy mal dibujada (hace dos años mi trazo era muy distinto) y que simplemente dice “¡Llegué a Barcelona!”. Justo ahí nació La Volátil. Luego fui haciendo y colgando más. Primero eran mis familiares y amigos los que me animaban y me decían que estaba muy bien; pero, claro, lo decían desde el cariño.

Bueno, cuando haces un blog, primero lo haces para ti, no esperas que de repente empiece a entrar gente que no tiene nada que ver contigo… Exacto, lo colgaba en mi blog y luego en mi Facebook personal. Y, como de repente empecé a tener solicitudes de amistad de gente que no conocía, pensé en hacer una fan page y así me desligaba. ¡Esa página ya tiene casi 400.000 seguidores en dos años!

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