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EL COMPORTAMIENTO PRIVADO / Tachenko [76%]. Suenan los primeros acordes de “Los Festivales de la Fe”, suculento festín pop de aires clasicistas y ritmo variable que abre El Comportamiento Privado (Limbo Starr, 2015), y comienza a recorrer todo el cuerpo una sensación de gozo y optimismo que, por suerte, se alarga más allá del final de la pieza gracias a un proceso en el que el hipotálamo bombea endorfinas a borbotones en respuesta a las positivas señales acústicas recibidas. Estos placenteros efectos secundarios que genera la apertura del sexto disco de Tachenko son, en realidad, los que ha producido el cancionero del grupo de Zaragoza desde el mismo día en que decidieron entregar al mundo su álbum de debut, el reluciente “Nieves y Rescates” (Grabaciones en el Mar, 2004). Y en esa tarea continúan enfrascados Sergio Vinadé, Sebas Puente y familia, expertos en hacer de sus discos fuentes de alegría que, aunque quizá no cambien vidas, sí al menos consiguen iluminarlas y convertirlas en travesías agradables.

Una vez más, pese a la deriva del mundo que nos rodea, mientras haya un disco de Tachenko que llevarse a los oídos, habrá esperanza.

“El Comportamiento Privado” enciende sus focos vitalistas, según el habitual libro de estilo de Tachenko, alimentado por la electricidad cristalina de referencias del pop de los 60 tanto anglosajón como patrio, a los cuales los zaragozanos siempre han dado lustre con el máximo respeto para alcanzar la perfección melódica y elaborar los estribillos más redondos posibles. En el álbum que nos ocupa, la fase que incluye “Más Madera”, “Las Claves” y “Otras Vidas” recupera el acierto de la banda a la hora de regurgitar sonidos tradicionales puramente pop que parecía haber quedado arrinconado en el anterior “El Amor y las Mayorías” (Limbo Starr, 2013). Pero el último tema citado también sugiere, en su fibrosa segunda parte, una aproximación al power-pop de trazas rock de coetáneos como León Benavente -analogía nada baladí habida cuenta de la salida de la alineación del bajista Edu Baos para centrarse exclusivamente en la banda de Abraham Boba– que se prolonga en “Mentes Maravillosas” y “Declaración Universal”.

Con todo, la energización del discurso de Tachenko hay que tomarla como una decisión lógica dentro del permanente ensanchamiento de su visión pop-rock, que no rechaza introducir elementos bailables en “Midas”, aires de trompeta en “No Tenemos Nombre” y arreglos de teclado que enriquecen el repertorio de “El Comportamiento Privado” de arriba abajo. Una vez más, pese a la deriva del mundo que nos rodea, mientras haya un disco de Tachenko que llevarse a los oídos, habrá esperanza.

 

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