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¿Tú que eres más, de carne o de pescado? ¿De mar o de montaña? ¿De chicha o de limoná? ¿De violines o de sintetizadores? ¿De pop o de electrónica? Clean Bandit son cuatro chicos de Cambridge (licenciados en su prestigiosa Universidad) que un día decidieron que por qué tener que elegir y no tenerlo TODO. Se montaron un grupo, sacaron un single precioso que se llamaba “Rather Be” y que estaba cantado por Jess Glyne. Estuvo un porrón de semanas (pero un porrón muy serio) en las listas musicales de un montón de países y hace pocos días han publicado su primer disco, “New Eyes” (Warner, 2014) y es, simple y llanamente, una delicia.

Dos de los componentes del grupo se conocieron cuando tocaban en un cuarteto de cuerda, y ellos son en parte la clave del sonido de la banda. Otra de las claves es que son amiguis de Disclosure y Rudimental, de los que cogen la energía fiestera y el buen hacer electrónico. Cuando me los dieron a conocer, me definieron a Clean Bandit como una mezcla entre Disclosure y The Corrs, y una reseña de mil párrafos no podría describir mejor lo que hay en “New Eyes“: violines y electrónica retozando como cachorros en el césped mojado. Suena como para llevarse las manos a la cabeza, pero de verdad que no: aquí funciona a la perfección. Es un poco kitsch, sí, pero todo el disco desprende una frescura y una jovialidad que hace que lo kitsch sume en lugar de restar. La tercera clave está en que a Clean Bandit les da rollo cantar, por eso han tirado de un montón de colaboraciones vocales que le dan lustre, esplendor, heterogeneidad y volumen al conjunto. Un puñado de nuevos nombres (de los que no soy capaz de ubicar a nadie, así, a bote pronto) que aportan a cada canción un color distinto, convirtiendo “New Eyes” en una maravillosa y colorida paleta.

Cómo no caer rendido y quedarse con una sonrisa idiota a lo “WTF??” en cuanto empieza el álbum con esa “Mozart´s House“, un delirio de violines y de música clásica pasada por un filtro de sonidicos 8 bits de la que es difícilísimo desprenderse. Puro pop sensorial para bailar dando saltitos a lo “Riverdance” y la joya del disco junto a la celebérrima “Rather Be“. Las dos caras de la misma moneda de este álbum. Porque, por un lado, “New Eyes” está preñadito de temazos bailongos y divertidos como “Come Over” (muy fan de los momentos “rompompom” que aún no sé hasta qué punto son un homenaje al “Man Down” de Rihanna… y más teniendo en cuenta que en el disco hay una canción que se llama, precisamente “Rihanna“), “Cologne” y “New Eyes“, ahí con su rapeo guapo (y la segunda con una Lizzo que suena muchísimo a Kelis). Pero también cuenta con medios tiempos maravillosos y brillantes que crecen como plantas buscando el sol en los que el grupo estruja todas las posibilidades del pop, de la electrónica y las cuerdas, como “Extraordinary” y “Up Again“.

Caleidoscópico, complejo y, sin embargo, increíblemente accesible, este “New Eyes” es de esas joyas que hay que observar a trasluz para poder ver todas sus cualidades. Una maravilla que destila genialidad desde que empieza hasta que termina a la que lo único que se le puede achacar es la inexperiencia y osadía de sus creadores. Pero todos sabemos que eso, a la larga, sólo puede acabar siendo algo bueno.

 

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