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Hay heridas que, aunque cicatricen, no se curan. Peor todavía. Al quedar la marca perenne en el lugar donde antes hubo sangre y dolor, siempre planea el recuerdo de lo que provocó la herida. La primera novela de Gillian Flynn, que en español no podía tener un título más preclaro (en inglés se tituló “Sharp Objects“, es decir “Objetos Punzantes“), va de eso: de heridas que nunca cicatrizaron bien y de cicatrices que inducen a los (malos) recuerdos constantemente. Pero que nadie piense que “Heridas Abiertas” es un libro a lo “Crimen y Castigo“, aunque en él se hable de ese Mal que habita en los rincones más inesperados. “Heridas Abiertas” es un thriller policíaco de los de tomo y lomo, el primer libro de Gillian Flynn que el año pasado nos dejó a todos con el culo del revés con “Perdida” y que la editorial Roja y Negra ha recuperado y publicado en nuestro país para gozo y alegría de los que nos enganchamos a la historia de la desaparición de la inocente Amy Elliot. Este volumen se puede entender como el prólogo perfecto a lo que la autora americana perfeccionó en su tercera novela y comparte con “Perdida” escenarios (un pueblo perdido de la América profunda) y ese gusto por los giros inesperados y los personajes con varias capas, a cada cual más opaca.

La historia arranca cuando el jefe de Camille Preaker, que es periodista de sucesos en un periódico de poca monta de Chicago, le propone cubrir la desaparición de una niña en su propio pueblo natal, Wind Gap, una localidad del Sur de Misouri. Camille hace ocho años que no pisa su lugar de nacimiento, y acepta el encargo a regañadientes a sabiendas de que tendrá que quedarse en casa de su madre Adora (ojo al nombre), una adinerada heredera del Sur acostumabrada a conseguir todo lo que quiere casada en segundas nupcias con un hombre que tiene la misma personalidad que una silla. También tendrá que soportar, de paso, a sus antiguos vecinos: señoras de pelo cardado, cotillas de medio pelo, compañeras de instituto criticonas… Cuando Camille llega a Wind Gap el pueblo está patas arriba, ya que no sólo acusa la desaparición de una niña de ocho años, sino que todavía no se ha recuperado del asesinato en extrañas circunstancias de otra cría el año anterior. A su llegada, Camille tendrá dos frentes abiertos: la investigación periodística y la guerra con su madre y con su hermanastra Amma, una niña de trece años hipersexualizada y manipuladora que vive obsesionada con la hermana de Camille, que murió a los once años antes de que ella naciera.

Flynn sirve un pastel con más ingredientes de los que cualquiera podría pedir: desapariciones y asesinatos infantiles, una madre castradora y obsesiva, una adolescente trajinera, un policía que se entera de más de lo que parece, un pueblo sumido en el miedo en el que todos creen saberlo todo de todos y una protagonista que, para más inri, arrastra un bonito historial de enfermedad mental del que no te enteras hasta que la trama ya te llega por las rodillas. De entrada “Heridas Abiertas” quiere que pienses que va de las niñas desaparecidas, pero pronto la trama policíaca se convierte en el hilo conductor de algo mucho más oscuro y oculto: las relaciones interfamiliares insanas, los secretos enterrados y las obsesiones mal curadas. Como haría en el futuro con “Perdida“, Flynn revienta desde dentro un prototipo de personaje femenino: si en su tercera novela era el de la perfecta y sufrida esposa y ama de casa, en este caso es el de la figura materna y protectora. Y retrata, de paso, el ambiente sofocante del típico pueblo de provincias que únicamente se alimenta de lo que pase de puerta para adentro de sus casas.

El libro es trepidante y muy loco, un thriller de manual tremendamente bien construido que utiliza los lugares comunes del género para utilizarlos como puente para hablar de algo mucho más complejo, lo que hace que no te sientas mal por estar devorando una novela negra como el monstruo de las galletas se comería un cookie con chocolate. Les heridas de “Heridas Abiertas” son de las que sangran poco a poco y dejan esas marcas de las que es muy difícil deshacerse.

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