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Las resacas son cada vez peores para nuestra cartelera… No es de extrañar, entonces, que esta semana sólo destaquen “La Imagen Perdida” y “Seguridad no Garantizada”.

 

¡Ay, qué malas son las resacas! Y, más todavía, cuando te vas haciendo mayorcete… ¿Verdad? Pues en esas está nuestra cartelera, que no hay duda que hace tiempo que da visibles signos de viejunismo. Era de esperar que, después de una semana como la pasada (en la que se estrenaron ni más ni menos que “El Desconocido del Lago“, “Frances Ha“, “Crónicas Diplomáticas” y “Noé“), hoy nos viéramos obligados a enfrentarnos a una resaca de aquí no te menees. Así ha sido. Y resulta que, al fin y al cabo, este fin de semana nos encontraremos con bastantes estrenos, pero con pocos aterrizajes realmente destacables en nuestra cartelera. El más brillante de ellos es, sin lugar a dudas, “La Imagen Perdida“: el documental de Rithy Panh que triunfó en el pasado Festival de Cannes y que incluso estuvo nominada a los Oscars como Mejor Película de Habla No Inglesa. Esta cinta es el resultado de la obsesión del director por encontrar una fotografía (o cualquier tipo de prueba visual) que demostrase la presencia de los Jemeres Rojos en Camboya entre 1975 y 1978. Esta sería la evidencia definitiva de un genocidio del que no quedan imágenes… Pero, al no existir tal cosa, Panh ha preferido recrear lo que ya es sabido con figuritas de barro e imágenes de archivo. Sin lugar a dudas, uno de los documentales más especiales que vamos a poder disfrutar este año.

 

Y, en contraposición a la carga de realidad de “La Imagen Perdida“, el segundo estreno destacado sólo puede ser “Seguridad No Garantizada“, uno de los últimos coletazos del mumblecore (ya casi totalmente diluido) que cuenta con un reparto para conocedores del nuevo humor indie yanki: Aubrey Plaza y Mark Duplass encarnan aquí a una periodista descreída y a un tipo raro que se encuentran cuando la primera investiga un anuncio que ha publicado el segundo en el periódico buscando a alguien que le acompañe para viajar en el tiempo. Una joyita sólo para paladares acostumbrados al indie más agridulce.

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