Que las apariencias engañan es una verdad tan grande como que Joan Laporta es el Alec Baldwin catalán… Y eso es así porque lo dice mi novia y lo que diga ella va a misa. Para recordarnos este hecho nos llega de la mano de EDT la historia de “Zatoichi” magistralmente ilustrada por el gran Hiroshi Hirata.

Zatoichi es un pobre vagabundo ciego que vive única y exclusivamente con lo indispensable. Para poder sobrevivir durante el duro siglo XIX japonés, se dedica a mendigar y dar masajes a clientes inocentes que no son capaces de ver más allá del envoltorio de este personaje… ¿Por qué digo esto? Pues, porque como todos los grandes, Zatoichi tiene un lado oscuro que decidió abandonar hace mucho tiempo pero que, en circunstancias extremas -y no tan extremas-, saca a relucir. Así que por un lado tenemos al pobre masajista ciego, pero por el otro nos encontramos con un virtuoso espadachín que esconde su arma mortífera en su bastón de lazarillo y que, a pesar de su discapacidad, siempre sale invicto de los encuentros mortales a los que se afronta.

El mito de Zatoichi a sido explotado durante años en tierras niponas, pero no fue hasta el año 2003 cuando llegó y conquistó occidente gracias a la magnífica película del inclasificable Takeshi Kitano. La obra de Hirata viene a ser una adaptación de la película mencionada pero, como toda adaptación, se toma sus licencias con respecto a la obra original… Lo mismo que hizo Kitano con las distintas películas de Kinji Misumi sobre este personaje, vamos.

En este tomo nos encontramos con dos historias protagonizadas por el vagabundo espadachín. En la primera vemos cómo Zatoichi, sin comerlo ni beberlo, acaba saltando a la palestra para ayudar a una pobre aldea acechada por unos gángsters malos malísimos. La segunda historia se abre con el protagonista asesinando con su bastón-espada a un hombre que le ataca sin motivo alguno. El destino le lleva a cruzarse con la hermana de este y hasta aquí puedo leer… Ambas historias comparten el mismo imaginario que envuelve el mito del vagabundo más famoso del mundo: yakuzas, mujeres desvalidas, monjes que te formulan cuestiones existenciales sobre la vida y la muerte, niños inocentes y honor, mucho honor. Nos encontramos con un hombre atormentado por su pasado, uno de los primeros anti-héroes de la tradición nipona.

En lo que respecta al apartado gráfico tenemos, como viene siendo habitual, un genial Hiroshi Hirata que nos deleita con un dibujo que evoca al “padre del manga” Osamu Tezuka. 
A pesar de encontrarnos con una disposición de viñetas bastante austera e incluso casi repetitiva, estamos delante de una obra trepidante en la que la violencia estalla de una forma completamente artística: una sucesión de encuentros a vida o a muerte con pequeños momentos de pausa donde Zatoichi reflexiona sobre su vida. Las aventuras de este samuria se presentan con una mezcla entre humor y drama muy apetecible. Dos historias recopiladas en un volumen único -cosa que el bolsillo agradecerá- a toda velocidad. Lectura distraída pero de gran calidad.

¡Palabra de samurai!

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