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Yuck: no se me ocurre mejor palabra (significa algo así como “asco“) para describir la música de una época, los 90, en la que la gente estaba bastante de vuelta de todo y la desidia y el hastío era el pan de cada día. Aunque ya estamos en pleno año 2014, existen grupos que siguen anclados en la época de la generación X y los yuppies, cuando grupos como Pavement y Sonic Youth estaban en pleno apogeo. Es lo que pasa con Max Bloom (guitarra y voz), Mariko Doi (bajo y coros) y Jonny Rogoff (batería), los integrantes de Yuck, quienes tiran de la nostalgia para darle un aire nuevo a la melancolía y el dolor que supone perder el amor, sentirte incomprendido… Todo muy DRAMA adolescente (aunque, por la calvicie de Bloom, la adolescencia hace tiempo que dejó de ser una realidad para convertirse en un recuerdo).

Mucho han cambiado las cosas desde que, en 2011, lanzaran su álbum de debut homónimo. Y es que, por aquel entonces, Yuck eran los antes citados más Daniel Blumberg, voz principal y responsable del artwork del primer disco. Después de eso y de varias disputas, Blumberg empezó a centrarse en su proyecto en solitario, Hebronix, que de hecho podremos catar en el próximo Primavera Sound 2014. La primera visita de Yuck a nuestro país fue precisamente en el Primavera Club de 2010 en, el que colgaron el cartel de “aforo completo” antes de anunciar que después los veríamos de nuevo en el Primavera Sound 2011: eran una de las revelaciones del año, y en sus conciertos se vio que esa etiqueta no era gratuita. A pesar de estar algo verdes y ser algo tímidos, se les veía con ganas, y el carisma de Blumberg hizo lo demás.

Años después, les hemos podido volver a ver con Bloom a la cabeza y con nuevo repertorio. Y en la actuación del pasado 13 de marzo en Barcelona (Music Hall) ha quedado bastante claro que Bloom no tiene la misma gracia que Blumberg (sin ser este tampoco el alma de la fiesta): aunque Bloom intente ser simpático y “enrollado”, es inevitable percibir que le sale como algo forzado. Pobrecito. Es entrañable. Pero es un poco raruna: por ejemplo, esta gira ha sido parte del Budweiser Circuit Live, algo que no dejó de repetir el frontman. Y, oye, muy bien, que es de bien nacido ser agradecido. Pero la cuestión es que el hombre estaba bebiendo su cubata como si fuera agua y no dio ni un traguito a la cerveza de marras… Vamos, que discurso no quedaba muy creíble. A no ser que fuera irónico. Pero no tuve la sensación de que Bloom lo fuera, la verdad.

 

 

Sea como sea, abrieron el concierto con “Middle Sea“, el “hit” de su segundo álbum, “Glow & Behold” (Fat Possum, 2013), para despertar a la gente del letargo. Siguieron con “Holing Out“, y así intercalaron temas de los dos álbums, dando mayor relevancia a los de su último trabajo. Fue un concierto impecable en la ejecución, tocaban bien, sonaba bien… pero faltó algo más de emoción. De conexión con el público. Max Bloom miraba al infinito y ponía cara de Nicolas Cage, y las únicas palabras que dijo durante el concierto fue “gracias” en castellano e inglés y “bona nit” en catalán. Además de utilizar la fórmula mágica del peloteo de “vuestra ciudad es la mejor”, claro, que no se creyó nadie.

Las únicas sorpresas durante el concierto fueron un tema nuevo titulado “Another One” y una versión de “Age of Consent” de New Order, además de ponerse meloso y tocar la guitarra española en “Nothing New”. Mariko Doi cantó en “The Wall”, y supongo que los nervios la traicionaron, porque su voz no sonó demasiado bien. Habría que destacar también los grititos de Bloom en “Operation” o en “Get Away“, que no sé a los demás asistentes, pero a mí me crisparon un poco.

La sensación general es que no transmitieron mucho, no sé si por timidez, por falta de carisma del nuevo cantante o porqué, pero las melodías sonaban bien. Fallaban quizás un poco las voces y la actitud de Bloom, y por eso la sensación general fue un poco de “bluff”. De cualquier forma, subirse a un escenario y defender algo que has creado tú mismo siempre da un poco de miedo. Hay que estar muy seguro de uno mismo, y eso no es fácil… Sobre todo cuando eres tímido y tienes una banda de shoegaze.

[FOTOS: AnTruan]

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