wye-oak-shriek

Shriek” (Merge, 2014) se titula el cuarto álbum de Wye Oak. ¿Qué significa “Shriek“? Viene a ser algo así como un llanto desgarrador, de estos que duelen solo al escucharlos. Uno ve la portada, un niño sacándose los ojos de las órbitras como gesto de desesperación, y la verdad es que resulta altamente compatible con su título. Pero ¿por qué esta agonía, este estrés en una de las bandas responsables de uno de los mejores títulos de 2011? Leía en un artículo de la hip-biblia NPR que Jenn Wasner y Andy Stack, dúo que forma la agrupación, habían vuelto saturados de su interminable gira de promoción de “Civilian” (Merge, 2011), el trabajo que les proporcionó ese empujoncito suficiente para crear un cierto interés a su alrededor, a la vez que conseguir mantener pendiente al personal de cara a su siguiente álbum, el presente “Shriek“.

Al parecer, Wasner pasó por una crisis de creatividad que le impedía volver a componer, al menos como ella pretendía. Tuvo que tirar de imaginación, reinventarse y tornarse hacia el bajo y los sintetizadores para volver a ver la luz. A su compañero debió de gustarle la idea, pues fue capaz de sumar a su valiosa aportación desde la baquetas un nuevo registro que otorga una mayor presencia a teclados y demás efectos electrónicos. El resultado final es por tanto algo sorprendente, sobre todo si uno viene con la expectativa de encontrarse unos Wye Oak en la línea de los de “Civilian” y demás. Bromeaban los protagonistas con que por fin iban a ser capaces de sacurdirse la etiqueta de banda ‘indie-folk’ y quizás tengan razón, porque las diferencias estilísticas que traza “Shriek” saltan a la vista (o al oído) a las primeras de cambio.

Ahora bien, seamos claros: si bien este cuarto trabajo del dúo tiene sus momentos de lucidez y su escucha se antoja como una experiencia de lo más agradable, objetivamente se encuentra a bastante distancia del nivel de su predecesor. Pero es que “Civilian” nos enamoró, simple y llanamente: un servidor todavía tiene favoriteado el tweet en el que Ben Gibbard proclamaba a los cuatro vientos que “Plains” era la mejor canción de 2011, un hecho que debería servir para valorar la dificultad en la producción que debió de encerrar el sucesor de un trabajo de tanto nivel. “Shriek” no es de ningún modo un mal álbum, y es de agradecer el hecho de que los de Baltimore hayan sido capaces de empujarse fuera de su zona de comfort para crear cortes que más que exigir al oyente por intricadas y alargadas composiciones lo hacen por su contraposición contra todo lo que sabíamos de ellos hasta ahora. Uno coge por ejemplo “Before“, “Shriek” o “The Tower” y, sin ser para nada malos cortes, estaremos de acuerdo en que no llegan al nivel de una “Dog Eyes” o esa catárquica “Mary is Mary” que por sí sola justifica la compra de “The Knot” (Merge, 2009).

Esto no significa, no obstante, que “Shriek” no cuente con momentos que mantienen el listón de sus mejores composiciones. Ahí está por ejemplo “Glory“, primer single, o ese notable final de la mano de “Paradise“, “Logic of Color” y “Despicable Animal“, en las que si bien abandonan en parte esa clásica electricidad desgarradora que veníamos atribuyendo al dúo, son capaces de responder a la expectación construyendo en base a unas sólidas líneas de bajo. “Shriek” no es para nada un mal álbum y le honra esa voluntad de cambio, pero teniendo en cuenta de dónde venimos y la tendencia que hay a verse comparado con tu último movimiento, es justo situar este cuarto trabajo un poco por debajo de “Civilian“. La vida sigue para Wye Oak.

 

No Hay Más Artículos