El festival Vigo Transforma no fue un sueño de verano… Mejor dicho: no fue el sueño de un verano, el de 2010, en el que se temía que la gran experiencia artístico-musical vivida en su estreno se quedara como una celebración coyuntural asociada a los fastos del Año Xacobeo gallego. Por fortuna, el éxito alcanzado en su puesta de largo permitió que tuviese continuidad y, si se dan por buenas las palabras pronunciadas por fuentes oficiales de la Xunta de Galicia, habrá un tercer capítulo de esta esplendorosa historia. La filosofía multidisciplinar del certamen vigués merece que se prolongue en el tiempo para llegar a convertirse en referencia obligada dentro de este tipo de citas en el noroeste peninsular y, quién sabe, más allá del Padornelo. Ese deseo se puede materializar si, a su ideario de partida, se le añade la eficiencia con la que la organización introdujo las novedades necesarias con el objetivo de solucionar problemas pasados y absorber sin dificultad los 16.000 asistentes que se acercaron al Muelle de Transatlánticos de la ciudad olívica: en esta ocasión, sólo se instaló un escenario (el Xacobeo Galicia) frente a los dos del año pasado (con lo que se evitó el efecto rebote dentro del recinto), se aprovechó mejor su espacio (lo que permitió que el gentío se moviese con holgura y disfrutase de una zona de relax) y, consecuentemente, se evitaron las molestas aglomeraciones para acceder a los servicios de comida, bebida y WCs. Si Vigo Transforma se presentó en sus inicios como un evento acogedor, ahora habría que sumarle el adjetivo de cómodo. Esto, en lo que se refiere al perímetro principal, en el que las actuaciones musicales fueron, una vez más, las fuerzas magnéticas que atrajeron la atención de la mayoría del público durante los tres días en que se desarrollaron (del 30 de junio al 2 julio). A la vez, en su exterior, la agitación y el interés aumentaron debido a la creación del escenario gratuito Radio 3 / MondoSonoro (situado en los aledaños del Tinglado del Puerto), por el que circularon los solistas y grupos más prometedores del panorama nacional alternativo.

Sin embargo, antes (desde el 23 de junio) y durante los conciertos hubo mucha más tela que cortar y admirar. Para empezar, las diversas actividades culturales del festival incluyeron desde performances y talleres hasta proyecciones (como la del film-documental “Contra a Morte: Unha Aproximación a Lois Pereiro” –Alexandre Cancelo y Iago Martínez, 2011-, centrado en la vida y obra del poeta gallego), aunque el plato fuerte de esta sección lo conformaron algunas de las variopintas instalaciones del programa Vasos Comunicantes, que se sirvieron del núcleo urbano de Vigo como perfecto decorado: el Amplificador de Secretos (Xulio Lago y Roberto Brañas), dos vasos enlazados por un cable preparados para expresarse a través de ellos; los Robots de Giles Walker (miembro de The Mutoid Waste Company), cuyos movimientos humanoides sorprendieron a propios y extraños en varias calles de Vigo; Sonosfera (Chiu Longina), el micrófono gigante que durante varias jornadas fue capturando el vibrante pulso de la ciudad y que terminó su periplo en el propio Muelle de Transatlánticos; Waves (Daniel Palacios), una cuerda de ondulación variable y generadora de sonidos; y el Comecocos Bahía, llamativa representación del mítico videojuego a escala gigante sobre la fachada del Hotel Bahía de Vigo.

El punto culminante de todas las acciones paralelas a las estrictamente musicales llegó con el desfile de moda Fashion Lunch: Don’t Feed The Models (el sábado 2 de julio en el exterior del Tinglado del Puerto), uno de los atractivos más apetitosos de Vigo Transforma 2011.

Confirmado el compromiso cultural y el espíritu vanguardista del certamen vigués, tocaba comprobar cómo se iba desmenuzando su ecléctico cartel musical. Muchos aún tenían grabado a fuego en su memoria el impacto de los shows de Jeff Tweedy y Neil Hannon del año anterior, con lo que ponían en duda que en esta edición se llegase a alcanzar la estela mítica que los líderes de Wilco y The Divine Comedy, respectivamente, habían dejado tras de sí junto a la ría viguesa. Con los nombres de este año en la mano, ese no era el objetivo a lograr dentro de la consolidación del festival, sino trasladar sus amplias miras estilísticas tanto al escenario Xacobeo Galicia como al Radio3 / MondoSonoro.

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JUEVES 30 DE JUNIO


ESCENARIO XACOBEO GALICIA. Con la temperatura elevada propia del verano, se abrían las puertas del Muelle de Transatlánticos con la sensación de que lo que se iba a vivir durante esa primera jornada iba a ser, básicamente, la actuación de Moby secundada por el trabajo de dos teloneros de lujo: los vigueses The Blows y Eladio y Los Seres Queridos. Pero no fue así, ya que el público no se relajó hasta la aparición del neoyorquino y respondió a la entrega de las dos formaciones locales sobre las tablas. Primero fue el turno de The Blows, que presentaban su nuevo disco, “Ejército de Fantasmas” (Pupilo Records, 2011), y su salto a la lírica en castellano en detrimento del inglés (estrategia que está siguiendo una buena cantidad de grupos del indie patrio). El cambio no les sentó nada mal y supieron mantener intacta su energía rockera cuando atacaron tanto su single más reciente (“Mujeres Que Corren Con Los Lobos”) como alguno de sus pequeños clásicos (“Sin City Lies”). Roy Basanta y los suyos pusieron la guinda a su intenso show con su versión del “Accelerator” de Primal Scream y, de paso, dejaron patente cuál es el código de su ADN sónico.

Frente a tal derroche eléctrico, la propuesta más reposada del pop de Eladio y Los Seres Queridos se tomó como un reconfortante masaje para preparar cuerpo y mente de cara a lo que vendría justo después. También se constató que no importa las veces que su parroquia de seguidores los haya visto antes cara a cara: ya fuera rescatando piezas de su último trabajo (“Están Ustedes Unidos”, 2011), como la homónima “Están Ustedes Unidos” o “Miss Europa”, o temas de su anterior LP (“Esto Que Tienes Delante”; Grabaciones en el Mar, 2007), como la archiconocida “Espanha A Las 8”, la reacción de los presentes era en todo momento agradecida y cálida. Por ello se habían ganado que Eladio Santos les dedicara “El Tiempo Futuro” y utilizase la coda final de “Al Himalaya” para ofrecer una breve relectura del “Forever Young” de Alphaville, ideal para los más nostálgicos y para aquellos que, tirando de radiofórmula, no sólo conocían dicho clásico ochentero, sino también los singles más exitosos de Moby.

Es posible que el del barrio de Harlem lo intuyese en el backstage, porque decidió olvidarse por completo de su álbum más reciente, el anodino “Destroyed” (Mute / PopStock!, 2011), para centrarse en los hits que lo encumbraron como adalid de la electrónica masiva. De ese modo, se esfumaba el miedo previo ante la posibilidad de que sacase a relucir su lado Ted Mosby (el más autocomplaciente y aburrido). Aún con el horizonte rojizo y el sol sin ocultarse del todo, las notas de piano de “God Moving Over The Face Of The Waters” presagiaban que la intención del norteamericano era poner los pelos como escarpias a los más sensibles y, a la vez, intercalar momentos de baile colectivo cuando a renglón seguido ejecutó “In My Heart”, “Go” y “We Are All Made Of Stars” a un volumen inusitado. Acompañado de una poderosa sección rítmica (batería, teclados, violín y bajo, este manejado por la exuberante Svetlana Vassileva), de la guitarra eléctrica, timbales y tambor que él mismo tocaba y de la magnífica voz de Joy Malcolm, fueron sucediéndose una tras otra las canciones que esperaban los que abarrotaban el Muelle: de un lado, las ideales para practicar rock de estadio (“Natural Blues”, “Lift Me Up”, “Bodyrock”); de otro, las que obligaban a elevar el mechero al cielo o, en su defecto, la luz del móvil (“Porcelain”, “In This World” o “Why Does My Heart Feel So Bad?”). Entre medias, hubo tiempo igualmente para que Moby demostrase su querencia por los sonidos dancefloor más machacones y típicos. Él quería música disco, y la muchedumbre, también; así que filtró “Disco Lies” y “The Stars” por el colador más dance posible (a veces cercano a David Guetta) y asunto resuelto. Los litros de sudor derramados eran el mejor lubricante para adentrarse en el bis, compuesto por “Honey” y el drum ‘n’ bass de “Feeling So Real”, que puso el broche final populista al ir dedicada a Vigo y a Galicia. A pesar de ello, se le perdonó porque el público había satisfecho sus altas expectativas y, todo hay que decirlo, el propio Moby había realizado uno de los mejores shows del festival.

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VIERNES 1 DE JULIO


ESCENARIO RADIO 3 / MONDOSONORO. El gran aperitivo de la tanda inaugural de conciertos había preparado adecuadamente a la audiencia para afrontar la primera jornada larga de actuaciones. El pistoletazo de salida se dio a la hora de la siesta, cuando pisaron el pequeño escenario gratuito el combo vigués de blues-rock Dixie Town y después sus vecinos Glassonion. Como era de esperar, en esos momentos tan intempestivos y calurosos para acudir a una actuación en directo la atmósfera era absolutamente familiar (en el sentido más amplio de la expresión). De ahí que hasta que salieron unos marchosos y majos Martynez (también de Vigo) la postal no mejoró. Su rock clásico y potente contrastó radicalmente con la frágil y susurrante voz de la coruñesa Jane Joyd, promesa de la canción pop femenina alternativa a la que se le achacó relativa falta de carisma y una leve sosería, y no pudo evitar las consabidas comparaciones con uno de los nombres más atrayentes del festival: Russian Red. Por ello, los mayores aplausos se los llevó otra de las bandas locales: Maryland (en la foto), cuya trayectoria ascendente se materializó en un setlist sólido y rotundo.

ESCENARIO XACOBEO GALICIA. Ya por la tarde, el sol seguía calentando de lo lindo y el ambiente era totalmente veraniego. De ahí que el mojo del pop entre tropicalista y anglosajón de los brasileños Do Amor fuese acogido con animosidad mientras la brisa marina pegaba en la cara. Por ahora sólo tienen un disco publicado (“Do Amor”, 2011), pero de él extrajeron material suficiente como para tenerlos en cuenta en el futuro más allá del hecho de que sean la banda de acompañamiento en directo del legendario Caetano Veloso. Su repertorio se movió, como quién no quiso la cosa, de la luminosidad psicodélica de “Chale” a los ritmos tradicionales cariocas de “Perdizes”. Por momentos, parecía que querían conservar el espíritu de sus compatriotas Os Mutantes, que un año antes habían desparramado su particular visión del pop justo en el mismo lugar. Con la pulsión post-punk cercana a Franz Ferdinand de “Lindo Lago do Amor” finiquitaron su actuación, dejando un buen sabor de boca ante la salida de Ron Sexsmith y su pop clasicista diametralmente opuesto.

Con todo, el aire jovial y adolescente procedente de los fans eufóricos por ver unas horas después a sus idolatrados Vetusta Morla hacía que las melodías certeras y cómodas del canadiense fuesen recibidas con alegría desbordante. Incluso el propio Sexsmith se sorprendió y llegó a reconocer que nunca en sus conciertos el gentío había gritado ni bailado tanto… ¿Buena o mala señal? Nos quedaremos con lo primero, ya que ayudó a que “Get In Line”, “The Reason Why”, “Love Shines” o “Believe It When I See It” (el bueno de Ron centró su setlist en su último disco, “Long Player Late Bloomer” -Cooking Vinyl / PIAS Spain, 2011-) entrasen en toda clase de oídos y no sólo en los de unos cuantos seguidores fieles. Aunque la gran sorpresa del momento cayó cuando Sexsmith atacó el estribillo (y un poco más) del “Eres Tú” de Mocedades, haciendo un guiño a la música popular española y dejando ojipláticos a los testigos (incluido un servidor) de tal salto mortal. Para que luego digan que la profesionalidad y el carácter tranquilo de Sexsmith le impiden hacer bromas sobre las tablas…

También con una sonrisa en la cara se mostraron CatPeople, sobre todo porque regresaban a casa (viven en Barcelona, pero proceden de Vigo) con su nuevo álbum bajo el brazo, “Love Battle” (2011). La atmósfera se caldeó por ambas razones y por la posibilidad de palpar las variaciones en el sonido del cuarteto en comparación con su conocido apego por la oscuridad post-punk. Efectivamente, se apreciaba un cambio evidente cuando los temas recientes (muy accesibles “Sorry” y “Secret Life: A Japanese Story”) se mezclaban con los antiguos (“Sister”, “Mexican Life” o “Radio”, de gran pegada), pero el regusto que dejaba en el paladar era levemente amargo, ya que se acercaba a una combinación inconsistente de la épica de U2 con la intensidad de Arcade Fire (salvando las distancias). Realmente, si ese es el estilo que pretenden obtener a corto plazo, en Vigo les quedó un tanto descafeinado.

Otro artista que está buscando su nuevo sitio creativo dentro de su larga carrera es Xoel López, cuya presencia en el certamen empujaba a especular sobre la clase de música que ofrecería el coruñés: el pop-rock de filiación británica que le proporcionó fama encabezando a Deluxe o el pop (a secas) influenciado por los sonidos latinos asimilados en su periplo (y estancia) por Sudamérica. Para complacer a los que se decantaban por la primera de las dos opciones, Xoel decidió sacar del baúl de los recuerdos “A Un Metro De Distancia” o “Pájaros Negros”, coreadas al alimón como si no hubiese un mañana por la muchachada que poblaba el espacio del Muelle. La explicación a tal situación invitaba a pensar que se estaba produciendo un hecho curioso: la misma audiencia que esperaba enfervorecida a Vetusta Morla (aún) también admiraba con pasión al gallego. Por lo tanto, ¿unos y otro compartían (y comparten) idéntico tipo de oyentes? Definitivamente, sí. Pero la ideal estampa varió, lógicamente, cuando Xoel adelantó algunas piezas que formarán parte de su inminente nuevo trabajo: “De Piedras y Arena Mojada”, “Joven Poeta” y “Caballero”. El viraje estilístico de esta tríada, que se movió entre la canción de autor, el bolero y ciertos toques de bossanova, y el refuerzo en los coros de tres de las componentes del colectivo folk gallego Faltriqueira, despistó hasta al más experto fan del coruñés. Quedó claro que quien quiera volver a ver al viejo Xoel López tendrá que recurrir a la videoteca.

Habría que proceder de la misma manera para saber dónde permanece la salvaje fiereza de la que presumían Los Campesinos! en sus conciertos hasta no hace demasiado. Y eso que, en realidad, intentaron entregarse al máximo en tierras galaicas: Gareth desgañitó su voz y reprodujo sus espasmódicos movimientos ante el micrófono y sus compinches demostraron una vez más su habilidad instrumental. Pero, a pesar de que gustaron y enardecieron al público (el baile desatado y el pogo estaban asegurados), faltaba una pizca de efervescencia, la cual sólo apareció en su máxima expresión cuando casi rompieron los amplificadores con “You! Me! Dancing!”, “Romance Is Boring” o “We Are Beautiful We Are Doomed”. De todos modos, el pop comunal de los galeses sirvió de sesión de calentamiento a los impacientes que se morían por ver, ahora sí, por fin, a Vetusta Morla.

Lo ocurrido con el sexteto madrileño en Vigo Transforma (y fuera) sigue siendo un caso digno de estudio por parte de Iker Jiménez. El investigador de lo paranormal podría empezar por analizar las causas de la histeria colectiva que se padeció en el cemento del Muelle de Transatlánticos, en el cual se vio una auténtica y dramática lucha, cual apertura de una tienda en rebajas, entre muchos de los asistentes en pos de alcanzar un hueco en primera fila. Luego, debería descubrir el significado de esa lírica críptica que una parte de los adolescentes españoles que se consideran alternativos devoran con fruición y se aprenden mejor que la lección de clase. Aunque intuimos su conclusión: sólo son frases inconexas diseñadas para que las rimas cuadren, se canten a pleno pulmón y aparenten trascendencia. En este sentido, probarlas en directo fue para muchos de esos púberes toda una experiencia religiosa, como se apreciaba en las palabras de algunos de ellos que la equiparaban a un desahogo existencial. Exageraciones como esa conectaban perfectamente con la grandilocuencia del sonido de Vetusta Morla en vivo, potenciado hasta el paroxismo. Algo que se agradecía, por otra parte, pero que reforzaba la idea de que toda esa parafernalia (incluida la lumínica) sólo servía para disimular la pátina de pop-rock épico de saldo y la filosofía de bolsillo de “Un Día En El Mundo”, “Sálvese Quien Pueda”, “Copenhague” o las más recientes “Maldita Dulzura” o “En El Río”. Dicen que el indie es el nuevo mainstream, pero el material que maneja Vetusta Morla es mainstream que no se acerca al indie: se queda en lo que es.

Tras la tempestad vetustamorliana, vino la calma. Aunque no debería haber sido así, porque les tocaba clausurar el primer día de conciertos a Junior Boys. Pero los canadienses sufrieron en sus carnes la misma desbandada general que habían presenciado Pet Shop Boys en el pasado Xacobeo 10 después de que actuase el supuesto cabeza de cartel. Quizá dicho panorama influyó en el hecho de que Jeremy Greenspan y Matt Didemus (junto a un batería) saliesen un tanto fríos y desangelados. Eso sí, la brillantez de un disco como el que se traían bajo el brazo, “It’s All True” (Domino / PIAS Spain, 2011), ayudó a que sobre las tablas la propuesta del dúo sonara seductora y elegante a la vez que composiciones de la talla de “A Truly Happy Ending”, “Banana Ripple” o la clásica “Work” adquirían músculo y nervio. Por ello era fácil dejarse llevar por la sinuosa voz de Greenspan y el ritmo sofisticado y sugerente de sus melodías. Sin embargo, cuando se estaba alcanzando el punto culminante de su set, Junior Boys cerraron el grifo de su pop electrónico arrebatador… Con las feromonas invadiendo la noche costera viguesa, el silencio provocó que los cuerpos se quedasen tan planchados como cuando se sufre un coitus interruptus.

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SÁBADO 2 DE JULIO


ESCENARIO RADIO 3 / MONDOSONORO. La larga maratón de conciertos en que se iba a convertir el tercer día del festival empezó bien temprano: a las 12 del mediodía, hora poco apetecible para los que habían estirado hasta más allá del amanecer la noche anterior. De ahí que el escenario secundario tardase en tomar color y calor, aunque los compostelanos Dr. Gringo (con sus pildorazos rockabilly) y los vigueses Foggy Mental Breakdown (a base de un rico cóctel de garage y surf) intentaron revertir la situación. La tensión eléctrica se redujo unos cuantos peldaños cuando La Familia suavizaron los oídos con su pulcro pop-folk, pero los lucenses Holywater volvieron a subir el volumen de los amplificadores demostrando por qué su legión de adeptos está medrando a pasos agigantados. El descanso para llenar el estómago mientras se desarrollaba el desfile de moda Fashion Lunch: Don’t Feed The Models permitió que se encarase el segundo turno de actuaciones con las fuerzas repuestas. Los madrileños Marcus Doo & The Secret Family (en la foto) sorprendieron por su folk-pop-rock de cepa norteamericana próximo a Wilco, lo que facilitó que el terreno estuviese perfectamente abonado para recibir al trío de ases que culminaría los shows en el espacio gratuito.

Primero, los barceloneses Odio París (en la foto) certificaron que el sonido burbujeante del twee-pop-shoegaze de “Cuando Nadie Pone Un Disco”, “Infierno”, “1 De Noviembre” y la saltarina “Ahora Sabes” crece en directo. A muchos se les hizo corto su set. Luego, Igloo no quisieron desaprovechar su oportunidad y exprimieron al máximo cada minuto que les concedieron. Con un sonido que fueron vigorizando poco a poco, Beni y los suyos despacharon a gusto su rock melodioso y rocoso, perfecto para enlazar con el marasmo noise que provocarían justo después Disco Las Palmeras! (en la foto de abajo).

A pesar de que tuvieron que lidiar con algún que otro problema técnico al inicio, su rock guitarrero dejó aturdidos a los que se atrevieron a recibir los golpes invisibles de “La Casa Cuartel”, “Del Miedo A Mis Viajes” o “A Los Indecisos”. Precisamente, nadie se quedó indeciso ante tal derroche de energía; de ahí que se tuviese la sensación de que el trío habría podido desenvolverse sin dificultad en el escenario grande. Algo que sí les sucedió a Colectivo Oruga, que tuvieron que cubrir la repentina baja de Toro Y Moi. Pero esa es otra historia que se desgranará más adelante…

ESCENARIO XACOBEO GALICIA. La acción en el Muelle de Transatlánticos arrancó perezosa pero fue cogiendo carrerilla progresivamente a medida que el público iba ocupando el cemento del recinto. Se advertían algunas caras de cansancio, aunque la variedad del menú de artistas del día-noche motivaba hasta al más extenuado. Al mismo tiempo, se observaba un leve cambio en el perfil de los asistentes: la juventud hormonalmente hiperactiva que había acudido en masa 24 horas antes para rendirse ante Vetusta Morla había dado paso a los que se preocupan cada vez más por las cuestiones de la edad… y temían que el frescor de la brisa de la ría de Vigo (en aquel momento un poco desagradable) les provocase reuma. Por ello, las relucientes nuevas canciones (ahora en castellano) de Hola A Todo El Mundo funcionaron como idóneos desentumecedores de huesos y oídos. Además, la puesta en escena del quinteto, con maquillaje y ropajes arcoiris, introducía a los espectadores en la particular fiesta colectiva pergeñada con “Estela Castiza”, “Número Nadie” y, sobre todo, “A Movement Between These Two”. Tanto espíritu buenrollista atrajo incluso al macrófono de la instalación artística Sonosfera (ante el asombro de los madrileños) hasta las filas delanteras del escenario para registrar el sonido de la final “Maestra Alegranza”.

Ese enorme micro podía haberse quedado allí para seguir capturando los dimes y diretes sobre Russian Red, que prolongaban los debates previos entre frívolos (en Facebook se había dado buena cuenta de la belleza de sus piernas) y polémicos (por haber confesado su ideología política). Ella, una vez que se subió a las tablas, no se situó ni a la izquierda ni a la derecha: simplemente, en el centro. Con su nombre luciendo con luz de neón y flanqueada por una compacta y trajeada banda de acompañamiento (con Manuel Cabezalí, vocalista de Havalina, a la guitarra), resolvió con acierto en directo la evolución sonora perpetrada en “Fuerteventura” (Sony Music, 2011). Así, “The Sun The Trees”, “I Hate You But I Love You” o “Fuerteventura” mantuvieron intacta su pátina fifties, confirmando que el salto de calidad logrado en su segundo álbum se materializó ante la platea viguesa. Pero igualmente rescató algún tema de su época acústica intimista (no faltó “Cigarettes”) e incluso se arriesgó a reproducir la crudeza (inhabitual en ella) de “Mi Canción 7”. Digan lo que digan a toro pasado, Lourdes Hernández consiguió callar muchas bocas. Y eso es así.

Yann Tiersen también dejó mudos a unos cuantos desorientados, sobre todo aquellos que pensaban que el francés es sólo compositor de célebres bandas sonoras o colaborador de postín de otros artistas con mayor presencia en los medios. Ataviado con una camiseta de Neu! (para dejar clara una de sus influencias) y con un peinado al más puro estilo Toni Genil (perdóneme por la comparación, monsieur Tiersen), desplegó la infinita variedad de estilos que caracteriza su vasta trayectoria, desde la épica crepuscular (muy acorde con la luminosidad translúcida del horizonte vigués) al post-rock, pasando por el clasicismo ultra-sensible. Un resumen de esas etiquetas fueron “Dark Stuff” o “Palestine”, ambas de su último trabajo, “Dust Lane” (Mute, 2010). Sin embargo, lo que más llamó la atención de los neófitos fue la maestría multi-instrumental del bretón, ya fuera con la guitarra eléctrica en ristre o con el violín, del cual estuvo a punto de romper sus cuerdas en el culmen desatado de “Sur Le Fil”. Es difícil encontrar propuestas como la suya dentro de la parrilla de un festival de música alternativa, por eso la incertidumbre inicial se tradujo en efusivos aplausos de admiración.

La emoción se mascaba en el ambiente, ya que le correspondía aparecer a uno de los grupos más queridos en España y Galicia: The Pains Of Being Pure At Heart. Sí, es posible que su repetida presencia en los escenarios españoles sature en cierto modo, pero una vez que sus himnos twee-pop revestidos de conveniente ruido comienzan a desplegarse resulta complicado no resistirse. Eso fue lo que ocurrió en Vigo, lo que facilitó que compensasen su aparente indolencia y timidez con simpatía, palabras chapurreadas en castellano y los abrazos y la dedicatoria a través de “Everything With You” de Kip Berman a los que estaban en primera línea. A la vez, Peggy Wang-East mostraba su sempiterna sonrisa y sus gestos de complicidad con el público tras su teclado. Ganado de antemano al respetable, cada una de sus canciones se celebró y saltó en un cotinuum non stop en el que cupieron sus ya clásicas “This Love Is Fucking Right!”, “Come Saturday”, “Young Adult Friction” o “Stay Alive”. La gran curiosidad residía en verificar si la compactación de su sonido en “Belong” (Slumberland, 2011) se iba a quedar atrapada en su segundo disco. Pues no: “Belong”, “Heaven’s Gonna Happen Now”, “Heart In Your Heartbreak”, “Even In Dreams” o “The Body” se revelaron como chispazos de alta intensidad melódica y eléctrica que encajaban impecablemente con las piezas que hace dos años empezaron a sacarlos del anonimato. Teniendo en cuenta la rotundidad de su concierto, su permanente actitud afable y su total entrega, fue imposible no adorarlos.

Un sentimiento similar recorría los corazones de la parroquia galaico-portuguesa que esperaba expectante la salida de los lusos The Gift. Hace tiempo que la banda de Alcobaça (Leiria) se acostumbró a tocar ante audiencias amplias, cuando no masivas, y los temas de su último álbum, “Explode” (La Folie, 2011), semejan estar pensados para acompañar ese tipo de espectáculos en vivo. De ahí que el cuarteto (y un componente más de refuerzo), liderado por la carismática Sónia Tavares, se vaciara ante el entusiasmo de sus fans ejecutando “Made For You”, “RGB”, “My Sun” o “Race Is Long” en medio de un show de esencia multicultural y colorista. Como no podía ser de otra manera, el fin de fiesta se preparó entre una apoteósica lluvia de confeti. Y, la verdad, no quedó nada mal como fotografía-resumen de su vitalista función.

Despejado el foso, del mismo modo que había sucedido la noche anterior una vez apagado el efecto vetustamorliano, los belgas dEUS no dejaron títere con cabeza gracias a su rock de alto voltaje. A pesar de su veteranía, Tom Barman mostró una fuerza salvaje y desbocada, sobre todo cuando rasgaba las cuerdas de su guitarra. A su lado, Mauro Pawlowski apuntillaba la tensión vocal si era menester. Sin embargo, fue muy evidente el contraste entre sus legendarios singles (“Fell Off The Floor, Man” y “Suds & Soda”) y los temas que se incluirán en su próximo LP, “Keep You Close”. Con todo, si alguien había echado de menos los días precedentes rock en estado puro, con dEUS debió quedarse más que encantado.

Con esa alegría contenida, mezclada con el cansancio acumulado, se acercaba el fin del trayecto de tres emocionantes etapas plenas de ajetreo y música. Asimilada (con tristeza) la ausencia de Toro Y Moi (aunque quedará la duda de la idoneidad de la hora a la que se había programado: tres de la madrugada), el honor de bajar la persiana de la edición de 2011 del certamen vigués había recaído en los ponteareanos Colectivo Oruga, que de un brinco pasaban del espacio Radio 3 / MondoSonoro al escenario grande. Nadie puso objeciones (los pocos que aún no habían huido en busca de aventuras en la movida nocturna local) a su electro-rock devastador plagado de beats gruesos y estridentes, excelente para dislocar las extremidades y despertar al cerebro de un sueño de verano, el del Vigo Transforma, que es mucho más que eso: es una realidad palpable con un futuro brillante y esperanzador.

[TEXTO: Jose A. Martínez / Xermán Darriba] [FOTOS: Pilar Peleteiro]

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