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Cada vez que escucho la histriónica voz de Merrill Garbus, me viene a la mente ese videoclip que grabó con los niños de Brightworks, una escuela privada en San Francisco que, en sus propias palabras, “re-imagina la educación”. Esta se basa en una concepción muy progresista del proceso de aprendizaje, alejada de las rígidas estructuras de la escuela convencional, y destinada a potenciar la creatividad y la imaginación de cada alumno, así como su capacidad para convivir y respetar su entorno. La propia Garbus es fruto de esta formación sin barreras, y sus vídeos para canciones como “My Country” o “Bizness” reflejan ese espíritu radicalmente libre: niños improvisando, cuerpos pintados, danzas excéntricas y locura generalizada. Un colegio de monjas, vamos.

Conocida entre nosotros como tUnE-yArDs, esta mujer nacida hace 35 años en Connecticut lleva toda la vida siendo el terror de la uniformidad y la antítesis del conformismo. Criada entre artistas, licenciada en teatro, ha sido marionetista y está especializada en el instrumento hippie por excelencia: el ukelele. Ha participado en movimientos de protesta como Occupy liderando masas con su música. Ha grabado un disco, BiRd-BrAiNs (4AD, 2009) utilizando sólo una grabadora de mano casera. Y, hasta hoy mismo, continúa experimentando, dando rienda suelta a su imaginación ilimitada. Sin conocerla personalmente, Garbus da la impresión de ser la típica persona con la que te podrías quedar encerrado en un ascensor y hacer de esa tediosa situación una experiencia curiosa e inolvidable.

Pero, incluso para alguien como ella, cuyas venas no transportan sangre sino litros de pulsión creativa, el fantasma del bloqueo creativo también está a la vuelta de la esquina. Sobre todo cuando llega la presión inesperada del éxito. Dice Garbus que el estancamiento lo ha combatido con movimiento: aprendiendo danza y percusión en Haití, por ejemplo. Además, para su nuevo trabajo ha dejado atrás buena parte de la instrumentación y los métodos que formaron parte de su celebradísimo W H O K I L L (4AD, 2011) y se ha rodeado de colaboradores para ayudarle en la producción. El resultado es fantástico y cuesta creer que nació del miedo. El miedo a lo mismo, a la falta de auto-expresión, a la subyugación del yo por imposición de la sociedad. Y, aún así, lo mejor de Nikki Nack (4AD, 2014) es que es totalmente distinto de sus anteriores trabajos y al mismo tiempo totalmente ella, absolutamente tUnE-yArDs, con sus collages sonoros, sus grooves imparables y su estilo inclasificable. La crisis creativa de la que nos habla, al final, no aparece por ningún lado. Merrill Garbus podrá decir lo que quiera, pero en nuestros oídos suena tan fresca y atrevida como la primera vez.

“Nikki Nack” comparte muchos puntos en común con esa obra cumbre sobre el bloqueo creativo que es “8 1/2” de Federico Fellini. Nacidos de la misma crisis existencial, ambos presentan un remolino de ideas, envueltas en una atmósfera onírica donde lo que ahora es negro luego es blanco: a pasa a ser b sin avisar, y cuando no te lo esperas, b vuelve a ser a. Sin embargo, no reina la confusión, sino la expectación. Derribados los muros, todo parece posible, pero no lo es. Igual que la película de Fellini esquiva ser un jaleo sin sentido, el disco de tUnE-yArDs no deja de ser una colección de canciones pop. Merrill Garbus demuestra que las líneas que trazan la convención no son necesariamente una traba, sino que forman una estructura tan flexible como tu propia mente sea capaz de imaginar.

Cualquiera que esté familiarizado con su música podría pensar que está curado de espanto y que puede ser inmune a las nuevas sorpresas que nos traiga tUnE-yArDs a estas alturas. Pues no, listillos. Lo que más sorprende de “Nikki Nack” es su mezcla de lenguajes y estilos, haciéndonos partícipes de algo tan impresionante como agotador: viajamos a Haití para colaborar en un carnaval de luces y sombras, cantamos junto a coros de mujeres en Senegal, bailamos dancehall en las calles de Kingston, asistimos a una celebración celta en un pub irlandés, presenciamos el nacimiento del house en Chicago, vemos a New Order tocar “Blue Monday” por primera vez, improvisamos un rap con Michael Jackson, resucitamos a Joe Strummer para prender fuego a Londres con The Clash, hacemos una competición de gritos con Kate Bush y Björk, combatimos el capitalismo en Sri-Lanka junto a M.I.A., quitamos la careta al señor escondido bajo el nombre de Burial… Todo un viaje en 45 minutos. Sin parar. Merrill Garbus tiene energía de sobra para esto y mucho más. La pregunta que al final nos queda es: “¿la tenemos nosotros?”

 

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