toro-y-moi-anything-in-returnNo es difícil imaginar a Chaz Bundick de pequeñajo, con sus gafotas ocultando su inevitable timidez interracial, apartado de su clase en un gesto de valiente asocialidad introspectiva de esas que fraguan a fuego la personalidad de un artista. Tampoco es difícil imaginar al hombre detrás de Toro y Moi sentado en su pupitre, con las piernas colgando debido a su baja estatura, delante de un examen recién corregido en el que el profesor ha plantado aquello que da tanta rabia de “Progresa Adecuadamente“. ¿Cómo que progresa adecuadamente? ¿Es esto una corrección política para decirle al alumno que es mongolo perdido? ¿O más bien es una forma paternalista de tratar al estudiante del que sabes que no vas a poder sacar más? Sea como sea, es una expresión que jode. Pero es también una expresión que le viene al pelo a Toro y Moi, un artista que parece empeñado en una eterna huída: su “Causers of This” (Carpark, 2010) fue, muy a su pesar, la punta de lanza de lo que vino a llamarse chill wave, género que Bundick tomó como punto cardinal a partir del que correr en dirección contraria para su siguiente trabajo, “Underneath The Pine“, (Carpark, 2011), donde decidió fortalecer el músculo negroide y discotequero que ha seguido ejercitando en este último “Anything in Return” (Carpark, 2013). Inevitable concebir estos tres lanzamientos como los tres primeros capítulos de una Odisea particular que lleva a Bundick de camino a un hogar que, sin embargo, por mucho que progrese adecuadamente, todavía le queda algo lejos.

Entre medias, han habido otros dos lanzamientos (sub-capítulos o notas a pie de página, como ustedes prefieran) que hay que tener particularmente en cuenta. Por un lado, su EP “Freaking Out” (Carpark, 2011) demostró que, por mucho que Toro y Moi se hayan especializado en los medios tiempos sabrosones y sensualoides, también saben darle caña a la pista de baile puramente disco cuando la ocasión lo requiere. Y, por otra parte, “Fetch / Taken” fueron dos temas que Chaz decidió sacar a la luz bajo el nombre de Les Sins con el sello de Dan Snaith (Caribou), Jialong, debido a su corte mucho más experimental… Algo que, por otra parte, viene a ser el máximo común denominador de todos los artistas que arriman la cebolleta a esta discográfica. Sea como sea, parece ser que estas escabechinas han sido las que han influído de forma más poderosa la evolución desde “Underneath The Pine” hasta “Anything in Return“. Ambas quedaron suficintemente claras en uno de los singles de adelanto: “Say That“, un tema vicioso y viscoso que se desliza por tu pabellón auditivo y se escurre por tus entrañas hasta ir a parar a tu entrepierna. La canción se abre como un tema de disco-funk clasicote que no desentonaría en una escena de sexo protagonizada por Pam Grier (la del blackxplotation original, no la de “Jackie Brown“); pero, llegados a cierto punto, surge una base de electrónica de amanecer aterriza acompañada de una voz femenina housera y noventera con la que Bundick juega de una forma experimental y machacona muy a la Daphni.

Con estas dos referencias ya tenemos montado el pesebre. Hay temas dedicados completamente a una u otra influencia, excluyendo a su contraria. “Studies“, por ejemplo, podría haber sido un tema del Bobby Womack post-setentero si este hubiera aclarado su voz a base de claras de huevo (el clavicémbalo, por otra parte, vuelve a poner sobre la pista de referentes cinematográficos de esa misma década); “Never Matter” sube el tempo y la temperatura con grititos funkoides y ritmos de plastelina; mientras que “Cake” es un caso pluscuamperfecto de disco-pop como hacía tiempo que no se facturaban. Del lado de la experimentalidad electrónica caen composiciones como “Harm in Change“, con un percutivo y gordo sintetizador marcando un ritmo que haría las delicias del último Four Tet, ese que mira directamente a la pista de baile sin miedo a resultar demasiado smart; “Touch” brilla tenuemente como una posible cara B de Junior Boys; y “Cola” debería ser a partir de ahora el faro guía de Air y de todos esos grupos que han imitado las atmósferas sintéticas de los franceses en la última década. Pero cuando “Anything in Return” vuela más alto es, precisamente, cuando las dos referencias se fusionan en un mismo tema… Para ejemplo, un botón (un botón en forma de la mejor canción del lote): “Rose Quartz” se abre como un caldero mágico en el que glitches sonoros y los fuzzes brumosos burbujean y hacen chup-chup de forma desordenada pero fascinante para, poco a poco, y a cada nueva vuelta del cucharón de Bundick, ir ordenándose hasta explotar en un tema de disco-funk que roza el cielo (y te permite ver que el cielo está lleno de gente chuscando alegremente… tal y como siempre habías sospechado).

Aun así, de nuevo, “Anything in Return” no parece es un disco en el que la teoría llegue hasta la excelencia práctica. Puede que sea su excesiva duración o el hecho de que la suavidad con la que Chaz aborda unos materiales musicales tan dúctiles, casi blandurrios, pueda confundirse con desgana. Puede que sea, al fin y al cabo, que el timón de Toro y Moi siempre va agarrado por el cerebro, y rara vez por las entrañas. Pero la cuestión es que, una vez más, se queda en el “Progresa Adecuadamente”… Eso sí, en esta ocasión, el profesor cabrón (es decir, el crítico que firma este texto) quiere dar explicaciones: lo de “Progresa Adecuadamente” no es ni paternalista ni políticamente correcto, sino la pura realidad de alguien que del notable ha ido subiendo puntos hasta rozar el sobresaliente. ¿La próxima vez?

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