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Que te inviten a probar un juego que todavía está en algunas de sus fases de creación (ya sea la alfa, la beta o cualquier otra que desconozco) siempre es un caramelito… que se puede convertir en un caramelazo envenenado, claro. El motivo es muy simple: cuando a un lanzamiento todavía no le han echado el cierre, eso significa que todavía quedan muchos flecos sueltos, que aún hay muchas aristas que pulir. Y eso puede traducirse en el que la experiencia de “probar” el juego se transforme en el horror de “luchar” contra sus imperfecciones. Vamos: que al final acabes saliendo con la sensación de que estás ante un cifostio de tres pares de narices que no podrá ser arreglado de cara a su lanzamiento final ni con las mentes más brillantes de esta generación consolera.

Todo esto lo digo porque hace un par de semanas que desde 2K invitaron a Fantastic Plastic Mag (junto a otros medios) a probar su nueva locura, “Evolve“, y lo cierto es que aquí no hubo caramelo envenenado. Esto es un caramelo en todo su dulzor, en su máximo esplendor. Y eso que, como se puede sospechar, “Evolve” está lejos de estar acabado: su lanzamiento está previsto para Xbox One, PS4 y PC hacia finales de este año 2014, específicamente el día 7 de noviembre. Pero lo que jugamos los medios invitados fue una pura delicia a la que era difícil encontrarle peros, flecos o aristas que pulir.

Lo que se sabía de “Evolve” hasta la fecha era lo justo, pero era suficiente como para empezar a considerarlo uno de esos juegos destinados a cambiar el panorama videojueguil de forma definitiva. ¿Va a haber un antes y un después de “Evolve“? A estas alturas de la historia de los videojuegos puede resultar complicado e incluso un poco suicida realizar afirmaciones de este tipo, pero tras haber pasado un par de horas jugándolo es inevitable dejarse llevar por la excitación: puede que ahora, a bote pronto, habrá quien diga que ya existen juegos similares. Pero, señores y señoras, en lo que “Evolve” no va a tener rival es en lo vibrante de sus partidas: desde el minuto cero en el que te cae el mando en las manos te ves inmerso en una vertiginosa experiencia pocas veces vista (y sentida) en juegos multijugador. Aunque mejor será que no avancemos acontecimientos: a continuación quedan los cinco mayores shocks de mi primer contacto con “Evolve“…

 

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1. ¡ESTO ES LA PUTA GUERRA! Esta es la sensación que queda tras chocar por primera vez con “Evolve“: ¡la guerra! Y no lo digo de forma baladí ni mucho menos. ¿Qué se le presupone a una guerra? Múltiples emociones de acojone diverso, sudores fríos, subidones de testosterona, intentos de conservar la sangre congelada para establecer tácticas que te mantengan con vida… Todo esto se encuentra en “Evolve“, un juego que parte de una prerrogativa muy sencilla: aquí hay cuatro cazadores y una bestia, y absolutamente todos están controlados por diferentes jugadores. En mi caso, lo probé con otros cuatro compañeros en una misma sala, y eso siempre confiere un plus de emoción… Pero hay que entender que en cuanto “Evolve” llegue al multijugador online, con lo que tiene de cabroncetes ocultos detrás de la anonimidad internetil, esto puede petar lo más grande y convertirse, directamente, en un standard como “Call of Duty” (y lo siento mucho por “Call of Duty“, pero este multijugador es mucho más inteligente y menos azaroso que el suyo).

Sea como sea, antes de ponernos a los mandos nos avisaron que otros grupos de jugadores habían llegado a marcarse partidas de más de media hora en las que incluso los creadores del juego allá presentes se habían mordido las uñas de puro nervio. Así es la experiencia de “Evolve“: tan vibrante de jugar como de ver. Pero esto, la verdad, es algo profundamente difícil de expresar con palabras: el cúmulo de emociones que suben y bajan por tu espina dorsal como una montaña rusa es algo que tendrás que experimentar en primera persona porque las palabras ajenas, lo siento, nunca serán capaces de transmitir semejante vertiginosidad.

 

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2. LA BESTIA. Mi primer partida con “Evolve” empezó fuertecita: me tocó controlar a la bestia. Pese a que en la versión final del juego habrá otros monstruos a ser controlados y cazados, en este caso la única opción era el Goliath: un ser con pinta de romperte todos los huesos del cuerpo en menos de que consigas decir “¡me cago en la p..!“. La mecánica parecía sencilla: te toca huir de los cazadores mientras vas atacando a animalillos que, además de servirte de merienda, te irán subiendo el nivel. Por todo el mapa hay animales de distinto tamaño, y aquí reside tu estrategia: o te cargas a muchos pequeños e inofensivos o pruebas suerte a enfrentarte a mazacotes de mayor envergadura, con el peligro de que estos acaben contigo antes de que lo hagan los cazadores. La cuestión es subir de nivel y evitar a toda costa que el grupo de cazadores te “encierren” en su cúpula a forma de cárcel (más adelante explico esto, paciencia) y te den para el pelo.

Con cada subida de nivel, el Goliath va adquiriendo nuevas habilidades (y con esto no me refiero a que aprenda corte y confección, sino en que cada vez se va haciendo más tocho y se va convirtiendo en una máquina de matar más y más perfecta). Y, una vez has alcanzado el máximo nivel, puedes optar por cargarte a tus perseguidores o por el retruécano final: dirigirte a cierto punto del mapa para cargarte un generador y liberar a un grupo de humanos. Si consigues eliminar a estos tipos, ganas la partida. Hay que decir que ninguno de los jugadores presentes consiguió tal proeza. Así que ojito: porque ser la bestia mola mil, sí, pero puede que al final sea el papel menos agradecido porque tiene todas las de perder en esta batalla contra cuatro cazadores. Aunque, bien pensado, ¿a quién no le mola un buen reto de nivel superior?

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