Ya andan por aquí de nuevo The Apples In Stereo. Qué gran noticia. Hace unas semanas revisábamos en esta sección el último (y necesario) recopilatorio de los de Denver, “#1 Hits Explosion” (Yep Roc / PopStock!, 2010), y avisábamos de la inminente llegada de “Travellers In Space And Time” (Yep Roc / PopStock!, 2010), el séptimo álbum de su extensa carrera sin contar otras compilaciones ni discos en directo. Así que lo que toca es celebrarlo y poner en el lugar que se merece la aportación de Robert Schneider y compañía a día de hoy, después de que pasasen tres años de su anterior “New Magnetic Wonder” (Yep Roc, 2007). No hay que olvidar que llevan en la pomada desde 1993 y que su legado es más valioso de lo que se cree… Aunque no es momento de ponerse nostálgico. El que quiera saber un poco más de su pasado, que eche un vistazo a la reseña antes citada.

Lo que sí viene a la cabeza al ver que un grupo va camino de cumplir dos décadas de existencia es la típica pregunta relacionada con su supuesta evolución, sus ganas de experimentar o sus esfuerzos para que el paso del tiempo no acabe con su inspiración… o con sus fans. Sobre esto último, tengo la sensación de que el mismo Schneider nos contestaría con esa vocecilla que nada tiene que ver con su cara: “¡patochadas!” Pues eso, patochadas. Porque cualquier seguidor de pro de los Apples esperaría de ellos sus conocidos estribillos de efecto velcro (de esos que se quedan bien pegados a la cabeza) y sus punteos de guitarra resplandecientes, y lo que se va a encontrar es mucho de lo primero y nada de lo segundo. ¿¡Cómo que nada de guitarras!? Bueno, alguna sí que hay, pero sin el protagonismo de antaño.

Puede que el señor Schneider se pusiera una bufanda de colores y un sombrero, se metiese en una cabina telefónica y viajase hasta finales de los setenta junto al Doctor Who (el clásico, no el de ahora) con el objetivo de empaparse de lo mejor de aquella etapa (de ahí vendría el título del LP, ¿no?). Si fuese realidad toda esa paranoia, se hubiese traído consigo varios vinilos de los grupos pop más radiados del momento (Abba, Supertramp o la ELO) y a Olivia Newton John y hasta a Diana Ross, tal cual se conservaban en aquella época (me temo que los fans a los que aludía antes no arquean la ceja por la sorpresa, la tienen directamente partida). Sí, dos divas de las pistas de baile de cuando se iba con el pantalón marcando paquete tonteando con el líder de una banda indiepop guitarrera surgida en los 90. Vale, suena extraño, pero a medida que van transcurriendo los cortes de “Travellers In Space And Time” la idea toma forma y la carátula del artefacto cobra sentido: una mezcla sui géneris entre la estética de “Xanadú” y “Studio 54“.

El lío ya está armado, pues todo pinta a que los Apples se transfiguraron en Scissor Sisters. Algo de eso hay, no vamos a engañarnos. De hecho, uno de los mejores momentos del disco (por no decir el mejor), “No Vacation”, pasaría perfectamente como la segunda parte del hitazo de los neoyorquinos “She’s My Man”. Y si no quieres caldo, siete tazas, repletas de sintetizadores, pianos, cuerdas, coros y vocoders. Eso sí, para tomarlas hay que quitarse todos los prejuicios de encima: por un lado para aceptar paradojas como la de “Dream About The Future”, que incita a soñar con el futuro cuando suena a todo lo contrario (¿o Schneider la compuso como si estuviese en el pasado?), al igual que “Hey Elevator”, “No One In The World” o “Told You Once”; y por otro, para entrar en la discoteca de los americanos, donde, como se decía antigüamente, suenan los temas más molones para moverte con tus amiguetes (“Dance Floor” y “Nobody But You”) y arrimarte a tu pareja cuando llegan las lentas (“Wings Away”).

Por cierto, para los que todavía tienen la esperanza de encontrar alguna huella de los Apples de siempre dentro de todo este batiburrillo setentero, que no teman. Al menos les quedan “C.P.U.”, “Dignify Dignitary” y “Next Year At About The Same Time”, a ver qué les parece. Si al fin y al cabo la banda nunca dejó de ser ella misma… Aunque con tantas idas y venidas temporales me siento un poco como Desmond Hume: no sé ni en qué año vivo. El tiempo es relativo, brotha. Y en el universo de los Apples In Stereo de 2010, más.

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