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Habrá muchos que intentarán explicarte “Cómo Funciona un Corazón”… Pero pocos lo harán utilizando un temarral tan bonito como el de Hazte Lapón.

 

No sabemos si es porqué por estos lares somos muy fans de Stephin Merrit y su tropa -con mención especial a su chihuahua -, pero en el nuevo tema de Hazte Lapón nos es imposible no escuchar ecos de los Magnetic Fields más melódicos entre esas guitarras lentas y ese dueto a voces masculina y femenina que caracterizan “Cómo Funciona Un Corazón“. Un poco como si alguien cogiera “All My Little Words” y la diluyera con más presencia vocal de la Susan Anway de “Living In An Abandoned Firehouse“. Tras “Hushpuppy (joder, ha pasado un mes y aún no sabemos escribirla sin buscar el título), los de Madrid abandonan aquí la canción política y la contundencia de ese bombo constante que recorría todo aquel primer adelanto para ponerse sentimentales en pos de una balada “líquida“. Y qué cojones es una canción líquida, se preguntarán ustedes. No sabíais como adjetivarla y habéis soltado la palabra más abstracta que se os ocurría para salir del paso.

Podría ser y, sinceramente, no sería la primera vez; pero en este caso la elección terminológica no es nada casual: y es que “Cómo Funciona un Corazón“-que sirve como segundo adelanto del nuevo disco “No Son Tu Marido” que editará El Genio Equivocado este verano- es una balada que fluye delicadamente gracias a la unidad que le otorga esa guitarra a medio tiempo, convirtiéndolo en tema que desde el segundo uno te absorbe por completo. Lo que no quiere decir que sea una canción ligera, cuidado. De hecho, de liviana y insustancial nada: el que consiga escucharla sin estremecerse un poco coja un fonendo y escuche a ver si en su caja torácica hay algo latiendo o un silencio abismal en su lugar. Pero esta especie de fluidez no se debe solamente a la estructura musical, sino que se acompaña a la perfección con la letra de la canción… Y aquí reside la clave que la hace ser realmente un temarral, pues cumple con el requisito fundamental de que melodía y lírica sean indisolubles.

Manuel González y Saray Botella cantan aquí sobre vórtices y energías vitales, sobre órganos que bombean sangre y se secan y vacían al tener a la persona que amas lejos, pero es en la tercera estrofa donde sueltan la palabra clave de todo este campo semántico: ese “perfundir“, que vendría a significar (copypasteando brutalmente a la RAE) “introducir lenta y continuamente un líquido, como la sangre o una sustancia medicamentosa, por vía intravenosa o en el interior de órganos, cavidades o conductos.” Quizás enamorarse sea eso, dejar (o no poder evitar) que la sangre de otra persona penetre -metafóricamente hablando- a través de tus órganos y venas y se funda por completo con la tuya. En definitiva, un tema visceral que deja bien tocadas y hundidas las emociones, con ese “pero es que yo siempre me muero” final como hachazo indiscutible al corazón.

 

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