¿Por qué es tan importante que “Star Trek: Discovery” sea una serie tan inclusiva?

“Star Trek: Discovery” no solo es ya una de las grandes series del año, sino que también es una lección magistral de diversidad e inclusividad.

 

La tanda inicial de nueve episodios de la primera temporada de “Star Trek: Discovery” ya ha sido emitida y, ahora, toca un parón de unos meses hasta que la serie vuelva al ruedo en enero para envestir la segunda tanda, formada por tan solo cinco capítulos. Un parón más que interesante a la hora de darnos a muchos la oportunidad pluscuamperfecta para encontrar una respuesta a la pregunta que está ahí, orbitando alrededor de nuestras cabezas como quien no quiere la cosa. Y la pregunta es: ¿cómo carajo me he enganchado de forma tan apasionada a este tinglado?

Porque, a ver, me admito fan moderado de la saga. He visto varias de las series, la apertura de una dimensión paralela ucrónica por parte de J.J. Abrams me pareció una verdadera maravilla y, en general, siempre he considerado que “Star Trek” le ganaba la partida a “Star Wars” porque, mira, es que es mucho más “sci” que “fi” y, a mi, eso me pone bastante palote. Aun así, nunca había sido un fan apasionado de la saga… Hasta que, de repente, me he visto totalmente arrastrado por “Star Trek: Discovery” y, sobre todo, por su elocuente aproximación a la inclusividad de toda índole.

A ver, que nadie me malinterprete: “Star Trek: Discovery” no solo me chifla por eso. Me chifla porque, por mucho que los fans acérrimos de la franquicia estén hablando de verdadera traición, a mi me resulta realmente acertada la decisión de obviar la construcción de cada temporada en base a episodios aislados en los que cada uno contiene una aventura autoconclusiva. En el paradigma televisivo del año 2017, en el que la profundidad narrativa resulta imperiosa, una nueva “Star Trek” en la que la tripulación de una navecita visita un planeta diferente en cada capítulo hubiera sido, cuando menos, aburrida.

Por el contrario, “Star Trek: Discovery” opta desde el principio por una trama bigger than life que, además, se toma su tiempo a la hora de arrancar. Los show runners de este cotarro, Bryan Fuller y Alex Kurtzman, van revelando el argumento como quien va abriendo poco a poco el objetivo de una cámara fotográfica… Los dos primeros capítulos te pueden hacer pensar que la serie va a tratar de algo que, de repente, cambia por completo al final del segundo episodio. Y, de hecho, el final del último capítulo hasta la fecha, el décimo, parece abrir más todavía el objetivo fotográfico de la trama y decirnos: pues no, esto no iba de lo que creíais, sino que ahora empieza lo bueno.

Star Trek: Discovery

Que conste que no estoy hablando de twists: estoy hablando, más bien, de un apasionante trompe l’oeil en el que, poco a poco, vas viendo cada vez con mayor claridad el cuadro al completo. Esto es algo que, además, se ve intensificado por la parsimonia con la que se nos van presentando los personajes: la protagonista, Michael Burnham (interpretada por Sonequa Martin-Green), está ahí desde el principio. Pero la mayoría de los personajes no aparecen hasta el episodio tres y, de hecho, algunos de esos personajes no se “revelan” hasta más adelante (siendo el ejemplo pluscuamperfecto de lo dicho el de Paul Stamets, que a cada nuevo episodio se va afianzando más y más en su carisma hasta que explota por completo en el magnífico capítulo del bucle temporal).

¿Qué más se puede pedir? La historia entronca directamente con el canon oficial de la saga (de hecho, ocurre diez años antes de la primera serie, así que esperad ciertos giros dramáticos que liguen a los personajes con Spock y compañía), pero recoge el guante del desafío de J. J. Abrams a la hora de acercar el arcaico modelo de “Star Trek” a las formas narrativas y audiovisuales del siglo 21. La trama es vibrante y apasionante (y con una profundidad de campo que, en mi opinión, todavía no hemos visto al completo), el imaginario tiene alma de icono (los viajes por esporas de la nave son, simple y llanamente, una fardada), los personajes tienen un carisma impecable y magnético y, finalmente los episodios se muestran acertadamente ponderados a la hora de equilibrar la acción y el desarrollo de los personajes y las tramas en la calma de la existencia dentro de la USS Discovery.

Repito: ¿qué más se puede pedir? Pues, mira, resulta que estamos en el año 2017 y a “Star Trek” se le puede pedir un poquito de inclusividad. ¿O acaso no va la saga precisamente de esto, de una Federación que está intentando unir a todas las razas y especies y planetas del mundo en la paz definitiva? Curiosamente, por mucho que la diversidad de especies interplanetarias siempre han fluido dentro de “Star Trek“, resulta interesante concluir que no ha ocurrido lo mismo con, por ejemplo, la sexualidad de sus personajes. Hagamos un pequeño repaso histórico: en 1999, “Star Trek: Deep Space Nine” presentaba en un episodio a Kira Neys, quien mostraba interés tanto por hombres como mujeres. Aquella única tentativa, sin embargo, no tuvo continuidad hasta el año pasado con la película “Star Trek: Beyond”, en la que se revelaba que Sulu (John Cho) era homosexual al reunirlo con su marido y su hija en un momento en el que todos descienden de la Enterprise y se reúnen con sus seres queridos

Y ya. Nada más. Jodido resulta pensar, de hecho, que pese a esta parquedad en lo que a inclusividad se refiere, “Star Trek” ya es más avanzada que, por ejemplo, “Star Wars“. Parece que a la sci-fi le encanta pensar en otros mundos, pero no en toda la diversidad que puebla el nuestro. Eso cambia aquí y ahora, sin embargo, con “Star Trek: Discovery“, en la que la inclusividad es un verdadero no parar que empieza con la misma protagonista, una chica negra llamada Michael sin que nadie le pida explicaciones por llevar un nombre de hombre (bueno, solo una compañera le hace un comentario, y va más en la dirección de que es un nombre extraño que no de que sea un nombre masculino).

Star Trek: Discovery

Más todavía: “Star Trek: Discovery” ya puede jactarse de tener a la primera pareja gay de la saga. Una pareja que no es algo cosmético, sino que es más bien algo “on your face” (ya ha habido un morreo bastante intenso) y que incluso tiene la osadía de llevar al frente a dos personajes principales (apunte: lo “normal” aquí sería que la pareja estuviera formado por dos don nadies secundarios que pululan de vez en cuando por la nave para cumplimentar la cuota LGBTIQ). Paul Stamets (interpretado por el fascinante Anthony Rapp) y el doctor Culber (Wilson Cruz) tienen muchas papeletas para convertirse en una de las parejas favoritas de todo el mundo en los próximos años… Y, si no me creéis, tiempo al tiempo.

Otro punto en el que “Star Trek: Discovery” se muestra particularmente inclusivista es en el femenino (que no feminista): desde el principio se nos muestra a mujeres en posiciones muy elevadas de poder y, de hecho, cuando una de ellas muere, pronto entra en la serie otra que la iguala en poderío y empoderamiento (aunque su personaje sea un poco más secundario). Las protagonistas femeninas de esta serie, además, superarían con creces el Test Bechdel al mostrar una autonomía absoluta y un campo de intereses que no se limita a los hombres.

Lo mejor de todo es que, al final, la serie de Fuller y Kurtzman se muestra inclusivista con una naturalidad realmente pasmosa… A ver, si es que la protagonista es una chica negra que, al principio, mantiene una fuerte relación de amistad con su capitana, Philippa Georgiou (Michelle Yeoh), oriental y madura. Stamets no podía ser más británico, mientras que Culber es latino. Y el último en entrar en el show, Ash Tyler (Shazad Latif), aporta el toque pakistaní. La variedad es tan grande que, al final, incluso deja de ser importante. Simple y llanamente, es natural.

Como es natural que dos chicas se besen en una fiesta o que uno de los villanos sea estigmatizado por su condición de albino… “Star Trek: Discovery” ha hecho realidad el sueño de muchos: que la Federación no solo abrace la diversidad interplanetaria, sino también la que existe en nuestro planeta. Y eso, en definitiva, hace que una buena serie sea incluso una serie mejor. Porque ya tú sabes: todo suma. [Más información en el Facebook de “Star Trek: Discovery”]

 

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