Es irónico cómo la vida puede negarte tus deseos de sopetón cuando los estás persiguiendo incansablemente y la capacidad que tiene para sorprenderte cuando menos te lo esperas, cuando ya casi has tirado la toalla. Algún pensamiento parecido debió de pasar por la mente de Sharon Van Etten, una joven proveniente de New Jersey, cuando comenzó a crear sus composiciones fascinada por la simplicidad de las seis cuerdas, buscando desesperadamente el poder algún día gozar de una oportunidad en la caprichosa industria musical. Debido a diversos obstáculos que le surgieron en el camino no fue capaz de conseguirlo y, tras una etapa universitaria en Tennessee, maduración mediante, volvió a su hogar sufriendo ese cambio repentino al que nos referíamos previamente y que la ha traído hasta donde está hoy. Aceptó, no sin cierto escepticismo, las palabras de ánimo de Kyp Malone (Tv on the Radio) y ese fue el momento en que su carrera dio el pistoletazo de salida, pues el lanzamiento de “Because I was In Love” (Language of Stone, 2009), titulado en referencia a una de sus ‘cargas’ en una etapa anterior de su vida, fue casi inmediato.

Por aquel entonces, Sharon ya estaba en los radares de la prensa musical americana, y esta popularidad creciente fue la que le abrió las puertas del mundillo llevándola a colaborar en uno de los discos de cabecera de 2009, el magnífico “Hospice” (Antlers, 2009) del trío The Antlers. Un año después, la artista dio otro gran paso con “Epic” (Ba Da Bing, 2010), un breve pero notable segundo asalto, el cual, palabras mayores, le ha permitido acompañar últimamente a los The National más en forma, además de participar en diversos proyectos con el grupo de Cincinatti. Quizás de esta gira surgiera la amistad de nuestra protagonista con el guitarrista Aaron Dessner, quien puso a disposición de nuestra protagonista su estudio en Brooklyn, además de apuntarse la producción de este “Tramp” (Jagjaguwar / PopStock!, 2012). El primer adelanto que pudimos escuchar, “Serpents“, hacía encajar acertadamente las piezas del puzzle, pues ese set de guitarras que acompaña a Sharon durante el estribillo junto a la precisión rítmica de la batería podríamos haberlos escuchado (obviamente exceptuando las partes vocales) en “Boxer” (Beggars Banquet, 2007) o el “High Violet” (4AD, 2010) de The National sin ningún desentono. Sin embargo, y nada más lejos de la realidad, las coordenadas en las que se mueve este “Tramp“, salvando contadas excepciones, se deslizan hacia una vertiente mucho más folk de la cantautora americana, un estilo cercano al de “Epic” en el que, una vez más, la atención del oyente se centra a partes iguales entre la guitarra acústica y la melancólica voz de esta mujer. Entrando con lupa en lo que es la grabación en sí, sorprende de entrada el elenco de colaboraciones que ha conseguido reunir para su causa, que van desde Zach Condon de Beirut en la genial “We Are Fine” hasta Matt Barrick de The Walkmen (a la batería en la mencionada “Serpents“) pasando por Jenn Wasner de Wye Oak o Julianna Barwick. Para entendernos: el tipo de amigos que a todos nos gustaría ver por nuestro estudio cuando estamos dando un paso fundamental en nuestra incipiente carrera musical.

Y, claro, el resultado del conjunto es muy notable: hay tiempo para acercamientos al registro de Catpower (“Give Out“), para cortes más íntimos pero igualmente preciosos (“Kevin’s“) o simplemente para grandes canciones en las que no hace falta dar muchas más explicaciones, como “Magic Chords” o “Ask“, una auténtica gozada. En efecto, nos encontramos ante un disco sorprendentemente sólido, que si bien de primeras sorprendió al no haber tomado el camino señalado por el single de presentación, al profundizar no deja lugar a dudas. A Sharon Van Etten definitivamente se le ha cumplido su sueño, pues está creciendo a grandes pasos, aferrada (y esta vez a gran escala) a ese talento del que viene haciendo gala desde su debut varios años atrás: tercer trabajo y tercer paso adelante.

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