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AGNES OBEL / Aventine. “Fuel To Fire”. Combustible para el fuego. Así se titula uno de los mejores temas del inmaculado “Aventine” (PIAS, 2013), segundo disco en la carrera de la extremadamente talentosa Agnes Obel. Un fuego gélido y minimalista que lo cubre todo, que eterniza el susurro que es la voz suave de esta auténtica Agnes de Dios. Obel, toda una estrella por cierto en su Dinamarca natal, donde cosecha números uno y premios de la industria a cholón (aquí tenemos a Malú; ASÍ NOS LUCE EL PELO, ESPAÑA), perfecciona hasta la extenuación ese dizque folk de fortísimo lirismo y de influencia eminentemente clásica, depurándolo de todo artificio. Sempiternamente unida a su piano (¡oigan la perfecta “Smoke & Mirrors”!), como si de una alumna aventajada de Tori Amos se tratase, Agnes Obel entrega un pequeño cálido gran álbum que llama en un principio la atención en los temas que más se acercan a un cierto formato de canción convencional, como “Dorian” o “The Curse”, pero que crece y se disemina en el oyente de forma global con cada una de las once piezas que lo conforman. Podríamos afirmar sin ruborizarnos que “Aventine” es perfecto en su ejecución misma de la hipótesis sobre la que se sustenta. En definitiva, que sí, que seguimos buscando la belleza en este asqueroso mundo. Y, ojo, porque hay veces que la encontramos. [David Martínez de la Haza]

 

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