Ya habíamos visto a Nicolas Jaar hacer de las suyas en Barcelona, pero encajado en la hermética parrilla horaria festivalera (Sónar 2011 y 2012), así que, aprovechando la intimidad de la sala Apolo (Barcelona), su actuación del pasado 16 de septiembre se planteaba ideal para medir fuerzas y talento con el público mirándole cara a cara. Si a esta circunstancia le añadimos una espera de tres cuartos de hora y una sala llena hasta los topes, no es difícil hacerse a la idea del grado de expectación que pesaba sobre la actuación.

Aproximadamente media hora antes de su aparición -y ya que los fumadores no pueden hacer lo propio como antaño-, los cañones de humo situados sobre el escenario se encargaron de crear la atmósfera ideal para lo que se nos avecinaba: Nico, acompañado de Dave Harrington -la otra mitad de su proyecto Darkside– y Will Epstein, tomaron sus puestos en un set formado por un saxo (Epstein), una guitarra eléctrica (Dave), dos teclados y dos laptops (Epstein y Jaar).El saxo comenzó como un protagonista tímido sobre una sucia base ambient desde la que progresivamente iba tomando forma un ritmo desdibujado.

Al principio costó entrar en un ambiente de tal espesura que cargaba de gravedad al ambiente y que fue una constante durante toda la actuación, pero a medida que se desarrollaba el concierto te dabas cuenta de que se trataba del caldo de cultivo del que afloraban híbridos de estilos musicales que siempre terminaban en una explosión de graves que hacía saltar por los aires al público. En nuestros últimos 90s y primeros 00s ya habíamos danzado hasta la extenuación aquel jam house en el que un instrumento (generalmente un saxo) insuflaba de calor y locura una base house (lo cual no quita maestría al modus operandi de Jaar y Epstein); pero, ¿cómo demonios se puede meter una guitarra eléctrica en un tema house y salir por la puerta grande? Preguntádselo a la camaleónica guitarra de Harrington, que tan pronto serpenteaba entre los beats marcados por Jaar como se confundía con la espesa calima del ambient post-rock. ¿House Brumoso? ¿Post-House? ¿Space-House? ¡Bah! ¡Qué más da! ¡Pajas mentales! Llamadlo como os dé la real gana,pero, eso sí, y en honor al talento mostrado sobre el escenario, leedlo con mayúsculas. Porque Jaar y sus músicos conjugaban con arte un anhelo: la forma en que el saxo flirteaba con la guitarra y el modo en que ambos embestían al compás de Jaar para finalmente estallar en un océano de graves sincopados sólo se le puede calificar de orgásmico.

Una aproximación a lo que aconteció entre la bruma y la música ya nos viene acertadamente insinuada en el título de su primer álbum y que, al fin y al cabo, venía a presentar: “Space is Only Noise” (Circus Company, 2011). Pero no se trató de una mera interpretación del mismo, sino más bien de una reinterpretación o reconstrucción manteniendo el control de las reglas del juego. Un moldear el patrón con soltura, como por ejemplo cambiar drásticamente de velocidad en un instante y salir victorioso. Todavía me pregunto cómo se las arreglaba para, en cuestión de tres segundos, acelerar el rpm radicalmente y que el público saliera simplemente disparado hasta donde diablos fuera que él apuntara (tengamos en cuenta, también, que se trataba de un domingo por la tarde-noche).

Cuando habíamos alcanzado ya varios orgasmos, aproximadamente a la hora de haber empezado, Dave y Will hicieron mutis por el foro y Jaar quedó a solas con el laptop. Fue media hora de una especie de set deep house más al uso, más accesible y constante, con beats más marcados. Pero aquí también dejó su particular huella retorciendo algunos de los temas de su fantástico EP “Edits LP” (Clown and Sunset, 2010), donde hace alarde de su arte con el sampler. Alguna que otra voz funky-soul sobre una base house espolvereada con unas notas de teclado de su propia cosecha (o cómo dejarnos a todos del revés con “Stay in Love”, ese tema con el que, si no te viniste arriba cuando soltó la voz, es que lo que te corría por las venas era horchata). Y algún flirteo que otro con un tempo más crudo y pronunciado próximo al techno. Tras esta media hora con la que también se ganó a todo aquel que buscara su lado más bailongo, salieron de nuevo Dave y Will para ofrecernos la guinda del pastel: otra media hora más de subidas y bajadas condensadas al ritmo de un brumoso placer que acabó con “Mi Mujer”.

Uno de los secretos del buen sexo se encuentra en el anhelo… Y Jaar sabe cómo jugar con él. Nico, te esperamos.

No Hay Más Artículos