Que levante la mano el que hubiera adivinado el éxito masivo cosechado por aquel moderadamente encantador “Sigh No More” (Glassnote, 2009). El debut de Mumford & Sons contenía aquel entrañable hit insospechado de country alternativo, “Little Lion Man”, cuyas cartas ganadoras eran la potente voz de Marcus Mumford, un video absolutamente 90s y, sobre todo, un estribillo coreable a tope que invitaba a ser acompañado con puño en alto movido acompasadamente a los golpes del bombo. Además, su letra sabía atraparte en un cierto estado de melancolía pre-otoñal, jugando un poco tramposamente con ese “I really fucked it up this time, didn’t I, my dear?” que remataba dicho tema. Y digo tramposamente porque casi cualquiera puede identificarse con esa frase en algún momento u otro; no hace falta tirar de epifanías líricas para conseguir por tanto la implicación y la empatía del oyente. Metido ya en vereda, uno se daba cuenta de que no sólo se sostenía “Sigh No More” con “Little Lion Man”: “The Cave”, “Roll Away Your Stone” o “Winter Winds” eran otros puntales de ese disco, un álbum que fue conquistando de forma sorprendente y progresiva una gran audiencia con su country folk notoriamente friendly, vendiendo casi dos millones y medio de copias sólo en Estados Unidos.

Había ganas, por tanto, de ver cómo se manejaba el cuarteto londinense (oyen bien: London, Inglaterra; no London, Tennessee) en la esperada continuación de su debut. Y no empieza mal “Babel”, con ese tema homónimo: banjo en ristre, acordes rasgados sobre los que en realidad dan ganas de ponerse a cantar más bien “Norwegian Wood” y un Marcus Mumford pelín afectado, recitando con aplomo sobre lo que parece ser una reafirmación personal en un entorno caótico. “Whispers in the Dark”, “Lover of the Light” o “I Will Wait” (primer single; probablemente futuro himno para la fanaticada) son un ejemplo de que se puede sonar bastante bien aunque te regodees casi exclusivamente en la épica para construir tu discurso.

Quizás este “Babel” suena más rico, más abundante, que “Sigh No More”. No siempre es eso bueno. Hay poco espacio aquí para el asunto intimista (lo que vienen siendo las lentas, vamos), quizás sabedores los propios autores de que ese no es el fuerte de la banda. La gente quiere estribillos que gritar al viento (de Benicàssim) casi con lágrimas en los ojos (“I will wait, I will wait for you…”), quiere encerrarse de un portazo en su habitación fingiendo tener diecisiete años. Por eso, temas como “Ghosts That We Knew” parecen una pequeña anomalía en “Babel” y, sin embargo, se agradecen.

Marcus (la versión alt-country de esa gran persona y mejor sumiller que es Josep Roca, casado por cierto -¡crónica en rosa!- con Carey Mulligan) vuelve a dar argumentos para los que sospechamos que gran parte del éxito de Mumford & Sons radica en su poderosa voz. Pero el disco avanza y nosotros casi no nos damos cuenta; pequeños detalles, como la calma que precede la tormenta en “Holland Road”, el momento puntual august-and-everything-after de “Below My Feet” o el piano de la destacable “Hopeless Wanderer” no impiden que quede globalmente una sensación monocroma de todo este lío (drop the banjo, Jesus Christ!), un regusto monótono que no ayuda precisamente a considerar este disco como referencia a la hora de acompañarte este invierno. Creo en las buenas intenciones de “Babel” y debería gustar bastante a todos los que disfrutaron con “Sigh No More” pero, hoy por hoy, si quiero escuchar algún disco reciente con aroma country & western, prefiero volver a pinchar las lecturas de los clásicos que conforman el áspero y sensacional “Americana” (Reprise, 2012) de Neil Young o, mejor aún, desempolvar el MA-RA-VI-LLO-SO “Time: The Revelator” (Acony, 2001) de Gillian Welch.

Babel”, amigos. ¿Memorable? Pues no; dista mucho de eso. ¿Mejor que lo que pueden entregar hoy en día las bandas que les precedieron en ser the next big thing saliendo del contexto, digamos (y entrecomíllenme cuanto quieran), alternativo? Seguro. Miren, yo ahora mismo tengo ganas de ponerlo: afuera llueve, hace frío y viento y octubre llega feísimo y cargado de malas noticias. Démosle cancha hoy a Mumford & Sons, que mañana -casi seguro- será otro día.

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