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“Ride it on baby, just like you used to do; did you want me to love you, well; I’m just here for the call and you said that you’re so low, well; I won’t really do you any harm” (“Ride It On”). “I want to hold the hand inside you, I want to take a breath that’s true; I look to you and I see nothing, I look to you to see the truth” (“Fade Into You”). “They say every man goes blind in his heart, and they say everybody steals somebody’s heart away; and I got nothing more to say about it, nothing more than you would me” (“Flowers In December”). Estos versos, interpretados por la bella, candorosa y enigmática voz de Hope Sandoval, pertenecen a tres de las aterciopeladas poesías sonoras que elevaron a estatus de atemporal la discografía de Mazzy Star y que siguen clavadas en el imaginario de los devotos del dream-pop germinado entre los 80 y los 90. Una discografía, dicho sea de paso, breve pero tan resplandeciente que logró sobrevivir a las modas musicales imperantes en cada momento (shoegaze, grunge y brit-pop) hasta llegar a nuestros días incólume: She Hangs Brightly (Capitol, 1990), So Tonight That I Might See (Capitol / EMI, 1993) y Among My Swan (Capitol / EMI, 1996) se han convertido en fundamentales influencias para numerosos grupos y artistas contemporáneos –Widowspeak, Beach House, Wye Oak, Holly Miranda, Julia Holter, Julianna Barwick o nuestros Nadadora, entre muchos otros- y en obras de referencia para almas apesadumbradas que buscan cobijo entre la sombras de la noche y la falsa realidad de los sueños imposibles.

Tras publicar el último álbum que precedió a su prolongado hiato, el mito de Mazzy Star fue creciendo de manera imparable, a pesar de los irregulares pasos dados por Hope Sandoval -con la ayuda de Colm Ó Cíosóig, batería de My Bloody Valentine– junto a The Warm Intentions y mientras David Roback colaboraba con nombres de relumbrón como Beth Orton o se perdía en tierras noruegas. Su leyenda evolucionó hasta tal punto que rozó las connotaciones de la que se había erigido en torno a My Bloody Valentine, compañeros de viaje con los que se les relacionó una y otra vez tanto en su época dorada como posteriormente. Sin embargo, en el caso de la pareja californiana se escuchaban constantes y reales cantos de sirena acerca de su vuelta al ruedo con nuevo LP bajo al brazo, hecho que se fue perfilando cuando editaron en 2011, a través de su propio sello, el single de doble cara A “Common Burn” / “Lay Myself Down” (Rhymes Of An Hour, 2011). Dos piezas de una delicadeza extrema y un arrebatador carácter desértico, respectivamente, que rompían un silencio de tres lustros y rememoraban las dos caras conocidas de la banda como si esta hubiese estado crionizada a la espera de regresar al mundo en el instante más adecuado y sus composiciones guardadas en un cajón desde los 90 para ser desempolvadas en el futuro.

La sorprendente publicación de dicha dupla y la correspondiente gira de conciertos por Norteamérica y Europa presagiaban que Mazzy Star estaban a punto de sacar del horno su primer LP en eones. Entre el hermetismo definitorio de la banda llegó Seasons Of Your Day (Rhymes Of An Hour, 2013), que había ido tomando forma estableciendo (otra vez) curiosos paralelismos con My Bloody Valentine: Roback y Sandoval recurrieron a una táctica similar a la de Kevin Shields, consistente en sacar del baúl de los recuerdos un puñado de canciones y presentarlas bajo una pátina novedosa, ya que su cuarto trabajo se compone de partituras elaboradas y registradas entre 1997 y 2012. Por ello, de entrada, da la sensación de que su sonido se mantiene incorrupto con respecto a sus trabajos clásicos: basta con revisar el tema de adelanto de este álbum, “California”, para corroborarlo al comprobar cómo se deshacen entre los dedos de Roback las suaves cuerdas de su guitarra y se transmite desde el éter la voz de Sandoval, igual de angelical que antaño. Lo que no significa que eso sea un lastre. Al contrario: esos rasgos retrotraen a los Mazzy Star puros, mágicos, melancólicos, taciturnos, cálidos… Es decir, a Mazzy Star en su versión original.

Así, “Seasons Of Your Day” podría considerarse como el disco que debió haber aparecido justo después de “Among My Swan” y que nunca lo hizo, pero que vence los rigores del paso del tiempo para ocupar ese imaginario lugar. El tierno órgano que introduce la inicial “In The Kingdom”, la lustrosa slide guitar ejecutada por Roback, la algodonada percusión de Colm Ó Cíosóig y una celestial -aquí el uso de tan manido adjetivo está totalmente justificado- Hope Sandoval comienzan a trasladar al oyente a un abstracto remanso de paz que se extiende a “I’ve Gotta Stop” y su leve viraje hacia el country sensible, “Does Someone Have Your Baby Now?”, “Seasons Of Your Day” y “Sparrow” y su acústica arenosa y la citada “Common Burn”. Por otro lado, el otro tema desvelado meses atrás, “Lay Myself Down”, delimita el cariz eléctrico del LP, que fluye según las pautas de los sonidos norteamericanos más tradicionales en “Flying Low” y “Spoon”, corte este en el que intervino el fenecido Bert Jansch a la guitarra para reforzar su atmósfera crepuscular inspirada en la BSO de “Paris, Texas” de Ry Cooder.

La dualidad estilística de “Seasons Of Your Day” divide en dos partes los ambientes por los que transcurre el álbum: unos, vaporosos, sin referencias físicas, ideales para evocar con nostalgia emociones varias, tal como siempre ha sucedido con la música de Mazzy Star; otros, terrenales, reconocibles aunque jamás se hubiese estado en ellos, en los que la banda californiana se mueve también con absoluta naturalidad. De ahí que su nueva entrega en largo, después de tantos años de espera, sea mucho más que una especie de auto-homenaje. Es, sencillamente, la continuación lógica de una maravillosa fábula musical que lleva más de dos décadas reconfortando corazones noctívagos que buscan un merecido consuelo.

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