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Maxïmo Park se han convertido en un grupo que se mueve casi exclusivamente por y para sus seguidores. Su esfuerzo por mostrar un leve ánimo de reinvención y adaptarse en la medida de lo posible a los nuevos tiempos los salva de entrar de lleno en ese sector de bandas y artistas que sobreviven en un círculo cerrado y estático gracias al alimento que les aportan sus irredentos fans. Bueno, realmente algo de eso hay en relación al conjunto de Newcastle… Aunque no se debe negar que, a pesar de todo, aún despierta cierto interés fuera de su área de influencia musical. Eso sí, hace años que el nivel de excitación generada por los movimientos de Maxïmo Park ha descendido, sobre todo a partir de su tercer álbum, Quicken The Heart (Warp, 2009), en el que se limaban las aristas del aquel post-punk ilustrado y aquel pop angular que habían caracterizado su catártico debut, A Certain Trigger (Warp, 2005). Ya en plena segunda década del siglo XXI, The National Health (V2, 2012) parecía que conseguía restaurar parte de esa energía por la vía del rock compacto y directo, lo que indicaba que era posible que Maxïmo Park comenzasen una inesperada regeneración eléctrica. Pero lo mismo se decía de la parecida táctica practicada posteriormente por sus colegas de promoción Bloc Party en Four (V2, 2012), cuyos irregulares resultados los condujeron (otra vez) al retiro indefinido. Mala señal…

El destino de Maxïmo Park podía estar escrito sobre los mismos renglones torcidos que el de Kele Okereke y familia. Pero, en su caso, aprovechando la nueva inercia conseguida, sería más factible que se produjese una especie de retorno a las raíces con la mayor dignidad posible, como hicieron el pasado año Franz Ferdinand con su Right Thoughts, Right Words, Right Action (Domino, 2013). Con todo, ese no era exactamente el plan de Paul Smith, Duncan Lloyd, Lukas Wooller, Archis Tiku y Tom English. Más bien, a juzgar por “Brain Cells” y “Leave This Island”, los dos anticipos de su ya quinto álbum, el auto-producido Too Much Information (Daylighting, 2014), se intuía que los de Newcastle estaban en disposición de exprimir la veta sintética abierta en su anterior LP a través del single “Hips And Lips”. Un objeto extraño en aquel repertorio pero que acabó funcionando como faro a seguir en los dos temas mencionados, en los que las bases electrónicas se imponen (à la Depeche Mode), la guitarra eléctrica se difumina, los sintetizadores aparecen en primer plano y la voz de Paul Smith se vuelve más grave y cavernosa de lo habitual.

Pero, como afirmábamos en el inicio de esta reseña, Maxïmo Park avanzan actualmente como una formación inclinada hacia las expectativas de sus incondicionales. Hecho que se traduce en las rutinas de la banda a la hora de estructurar sus discos. En “Too Much Information” se cumplen a rajatabla varias normas maximoparkianas: arrancar con un brío apoteósico y fulgurante (“Give, Get, Take”, que rememora tiempos pasados mejores del quinteto); incluir un par de ganchos que atrapen al oyente desde el principio (los mentados “Brain Cells” y “Leave This Island”); empastar emoción, melodías sólidas y acordes guitarreros cristalinos en canciones que dejen marca tras su escucha (“Lydia, The Ink Will Never Dry”, “Drinking Martinis”); y exponer manifestaciones de fuerza, ya sean rock o post-punk… No, esto último no. Aquí esos arrebatos se reducen a “Her Name Was Audre” y la muy stoner-rock “I Recognise The Light”, dos islas en medio de un océano de tempos comedidos y de ánimo cambiante que prolongan la relajación del espíritu nervioso que el grupo mostraba antaño ejecutada en parte de The National Health. Así, Maxïmo Park transitan por fases de media tensión en “My Bloody Mind” (que empieza como una imitación de Beady Eye para reciclarse en una pieza más típica de la banda), “Is It True?” y “Midnight On The Hill”, lo que obliga a pensar en el inevitable tópico: sí, este es un LP en el que se materializa en todo su esplendor la madurez personal y artística de Paul Smith y sus compañeros.

Esta circunstancia multiplica el aura cultureta que siempre ha envuelto el ideario y los mensajes de Maxïmo Park y, especialmente, de Paul Smith, que en “Too Much Information” inserta referencias a la narradora estadounidense Lydia Davis (“Lydia, The Ink Will Never Dry”), a la poeta feminista Audre Lorde (“Her Name Was Audre”) y al escritor chileno Roberto Bolaño (“I Recognise The Light”). Unos homenajes literarios (los musicales se hallan en la edición deluxe del álbum con versiones de The Fall, Townes Van Zandt, Leonard Cohen, Nick Drake y Mazzy Star) que se entremezclan con la visión que Smith tiene de los asuntos del amor y las relaciones sentimentales -recreando sus tiras y aflojas, su nacimiento y su final abrupto y, sobre todo, su vertiente más nostálgica y, a veces, dramática-, cuestiones en las que el vocalista y letrista indaga tomando como punto de partida experiencias propias para dibujar a carboncillo estampas y situaciones que conectan con su audiencia por su sencillo y cotidiano romanticismo.

Es probable que, a estas alturas, la aleación entre fondo y forma que Maxïmo Park obtienen en sus composiciones esté superada por las convenciones que imponen los estándares musicales actuales. Claro, vivimos en el año 2014, no en el 2005… Al grupo de Newcastle, sin embargo, siempre le quedará el consuelo de que sus seguidores continuarán asimilando sus códigos y descifrando sus mensajes con una naturalidad y un entusiasmo imperturbables. Aunque el impacto y la agitación no son los de antes, la fidelidad no se negocia.

 

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