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Pasan los años y se repiten las mismas preguntas en torno al amor y, sobre todo, el desamor: ¿quién es realmente esta persona que está a mi lado? ¿Dónde nos encontramos exactamente? ¿Hacia dónde nos dirigimos? ¿Cómo hemos llegado hasta aquí? ¿Por qué ha ocurrido? Y, por encima de todas ellas: ¿qué he hecho yo para merecer esto? Interrogantes que se agudizan en estos tiempos en los que triunfa aquello de que cuando la pobreza entra por la puerta, el amor salta por la ventana… o se queda penosamente en casa. Porque todavía existen individuos sufridores y sacrificados capaces de aferrarse a un corazón ardiendo y blandir la espada del romanticismo aunque este sea raquítico y haya que defenderlo entre trincheras acuciadas por los números rojos y encharcadas por la frivolidad contemporánea. Para que todos estos abnegados amantes puedan aliviarse, acumular fuerzas o hallar un sentido a su vida sentimental, siempre quedará la retorcidamente gráfica e incisiva poesía de Manos de Topo.

Como el mismo grupo afirma sobre su cuarto álbum autoeditado, Caminitos del Deseo (Collar de Macarrones, 2014), “Seguimos cantándole al amor. Diez canciones que hablan de andar nuevos caminos, crear senderos diminutos al margen de las rutas sentimentales oficiales. Todo lleno de trampas, igualmente”. Touché. El escenario emocional del ser humano medio continúa enfangado, pero existe la opción de rodearlo a través de atajos o vías paralelas para quitarse el barro de encima. Esta idea se relaciona con el concepto estético, narrativo y musical de este disco que transforma estampas sexual-afectivas cotidianas y vividas a dúo pero interpretadas sólo por uno de sus protagonistas en cortometrajes bélicos y dibuja un croquis para ir esquivando los trastos lanzados a la cabeza desde diferentes direcciones.

No, “Caminitos del Deseo” no es, en esencia, un trabajo optimista, pese a que se podría creer que la conclusión levemente luminosa y positiva de su predecesor, Escapar con el Anticiclón (Sones, 2011), ayudaría a que el ánimo se levantara aquí. Pero la realidad manda e, incluso, se agrava. El discurso actual de Manos de Topo añade a su acostumbrada imaginativa disección del cariño, las bajas pasiones y otras cosas del querer la agitación del contexto en que vivimos hoy en día y el temor a afrontar determinadas imposiciones de la edad adulta: sublevación y rabia en las calles, uniones nupciales y descendencia… Miedo, pavor, horror.

Será por todo ello que a lo largo del tracklist predominan las sombras, que en varios pasajes (“Fantasmas de tus Agujeros”, “Collar de Macarrones”, “Virgen Consagrada”, “Bragas Bandera”) cruzan de aquí para allá a través de un sonido que se aproxima al rock de tintes tétricos y reflejado en espejos deformados -de la producción se ocupó de nuevo Ramón Rodríguez (The New Raemon); de los arreglos de cuerda, Sara Fontán– que subrayan la negrura textual de cada pieza y las inflexiones vocales de creciente intensidad de Miguel Ángel Blanca, cuya voz ha generado otra vez una activa controversia hasta convertirse en un auténtico deporte virtual.

Pero, en medio de la oscuridad, hay espacio para que entre un rayo de luz gracias al conocido sentido de humor de Manos de Topo. Por poner un par de ejemplos, la pieza más directamente pop del lote, “Ingeniería Nupcial”, desliza en su explosivo desenlace “Debajo de tu falda hay un marxismo inusual; dicen que la lucha de clases por fin ha terminado; comunismo en ropa interior”, y uno se imagina que esta podría ser la teoría sexual de Pablo Iglesias y Podemos. Y “Abríguense los Solteros” es en su totalidad una oda recubierta de amarguísima gracia a la formalización de las relaciones y sus peligros. Este corte anticipa la repetición en “Caminitos del Deseo” del truco final de Escapar con el Anticiclón: calmar al oyente el dolor de la pesadilla pesimista (en esta ocasión con la anti-nana “Democracias y Desgracias”) y sugerirle que aún hay posibilidades de que todo vaya mejor (“Un Último Esfuerzo”). Eso sí, que los minúsculos brillos de la esperanza no nos hagan olvidar la gran verdad de todo el asunto: es muy complicado amar en tiempos revueltos.

 

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