Es necesario posicionarse: ¿a favor o en contra del rumbo musical de “Zona Temporalmente Autónoma” de Los Planetas?

La polémica existe: ¿a favor o en contra del rumbo musical de “Zona Temporalmente Autónoma” de Los Planetas? No vale el punto medio: ¡hay que posicionarse!

 

Siete años desde Una Ópera Egipcia (Sony BMG, 2010) ha sido tiempo más que suficiente -si no contamos el EP Dobles Fatigas (El Segell del Primavera, 2015)- para que se multiplicase el fervor casi religioso y se acumulasen toneladas de inquina alrededor del advenimiento de “Zona Temporalmente Autónoma” (El Ejército Rojo / El Volcán Música, 2017). Y es que este último disco ha propiciado que la ruidosa intensidad del intercambio de opiniones lanzadas como cuchillos generado por el nuevo movimiento de Los Planetas parezca una guerra nuclear en comparación con la polvareda inicial que levantó hace una década “La Leyenda del Espacio” (RCA / Sony BMG, 2007).

A partir de entonces, la interminable disyuntiva en torno al grupo granadino se reduce -aunque resulte demasiado simplista- a una lucha de bandos contrarios: desde una trinchera, el que defiende a capa y espada su época primigenia y desea que vuelva a ella abandonando experimentos y mestizajes neo-tradicionales; y, desde la de enfrente, el que espera que continúe estirando los límites de la psicodelia jonda y ensanchando su particular cosmogonía flamenca. Y aquí, como en cualquier asunto concerniente a Los Planetas, no valen las medias tintas: hay que posicionarse con claridad.

Vaya por delante que un servidor se incluye en el segundo batallón como atento seguidor y muchas veces admirador de sus atrevidos (aunque ya no revolucionarios) esfuerzos por mezclar pop y rock con el acervo musical andaluz sin renunciar a su esencia identitaria. Por ello, permítanme que pondere el valor de “Zona Temporalmente Autónoma” entroncándolo con sus dos álbumes precedentes, sin que tal planteamiento suponga obviar sus conexiones con el pasado más remoto de Los Planetas.

En este sentido, su noveno LP se muestra como una adecuada extensión (inferior, lógicamente, a “La Leyenda del Espacio” pero por encima de “Una Ópera Egipcia”) de la serie de adaptaciones de textos y palos de autores clásicos del flamenco cuyos elementos sagrados se difuminan sin que el proceso de decantación sea sinónimo de profanación. Con todo, los puristas de toda la vida dirán lo contrario y se llevarán otra vez las manos a la cabeza. Pero ahí permanece el espíritu de Enrique Morente para recordar que las normas (especialmente las no escritas) están para romperse y que una buena forma de preservar la tradición es buscar nuevos horizontes a partir de ella.

Superada de largo la novedad que supuso en su momento, sin embargo, esta tarea en la que J introdujo a su grupo durante el último decenio se ha llegado a observar recientemente como un signo de acomodamiento, de ausencia de compromiso lírico y estético propio o, directamente, de falta de inspiración u originalidad.

 

 

Pero en “Zona Temporalmente Autónoma” existen pruebas a favor de Los Planetas que indican que su empeño revisionista todavía se mantiene lozano, a pesar de que puede alejarlos aún más de cierto sector de sus fans más longevos: los versos de Manuel Vallejo tamizados por un filtro dream-pop en “Una Cruz a Cuestas”, con la musa granadina Soléa Morente ampliando la dulce vinculación evangelista con J y compañía; las soleares de Amelio Sellés y Manolo Caracol en “Hierro y Níquel”, candidata a perdurar en el imaginario planetero, como mínimo, del siglo 21; las alegrías de El Mochuelo que aportan frescura a la pixie “Ijtihad”; y el fandango de Morente en “Libertad para El Solitario”.

Quizá extra-motivados por la independencia que concede la auto-edición (pese a que, en realidad, ni instalados en una multinacional jamás renunciaron a su rebeldía), Los Planetas han rizado el rizo del homenaje cruzando el charco para estrechar lazos entre Argentina y Andalucía mediante el indie-pop de la banda 107 Faunos en “Seguiriya de los 107 Faunos” y asimilando en la odisea psicodélica “Guitarra Roja” las enseñanzas del cantante y poeta anarco-comunista Martín Castro.

 

 

Aunque la expresión más soberbia de esta regurgitación literario-estilística se produce en “Islamabad”, la apoteósica y litúrgica versión de “Ready pa Morir” de Yung Beef. Este corte, de hecho, se puede establecer como el faro que guía la progresión de “Zona Temporalmente Autónoma” (no es casual que lo inaugure a lo grande) al marcar la dirección que toma el disco cuando se adentra en las nebulosas más gaseosas y extáticas (como “Soleá”, “La Gitana” -basada en un poema de Aleister Crowley, activista espiritual de la época victoriana británica- y la esperanzadora “Amanecer”) y al sugerir la raíz protestante de parte del corpus lírico.

Si antaño Los Planetas elevaban su voz de manera implícita o incluso ambigua, ahora lo hacen de modo evidente, con un ánimo ácrata en búsqueda de la autodeterminación plena. Hay quien interpreta esta acentuación ideológica en su discurso como un acto hipócrita (mucha teoría, poca práctica), contradictorio (pensamiento de izquierda, acciones capitalistas) o demasiado populista al apelar a la víscera más que a la neurona. Independientemente de su controvertido significado, ahí emerge como bandera contestataria “Libertad para El Solitario”, perfumada por el aroma anarquista que desprende el encabezamiento del álbum: “Zona Temporalmente Autónoma”, tomado del manifiesto homónimo de Hakim Bey, a su vez conectado con el individualismo y el sufismo, cuyo espíritu místico revolotea sobre el disco.

Pero, paralelamente al mensaje de resistencia más o menos razonado y justificado que dota de sentido crítico a “Zona Temporalmente Autónoma”, el amor vuelve a convertirse en la energía motora que impulsa a Los Planetas más emocionales que, como acostumbran, dan vueltas al asunto desde una perspectiva tan sincera como cruda, tan sensible como cortante y vengativa, balanceándose entre la confesión descarnada 100% planetera de “Porque me lo Digas Tú” (endulzada por cálidos arreglos de cuerda) y las declaraciones sentimentales sin ambages que son “Espíritu Olímpico” (que tiende un velado puente hacia “Alegrías del Incendio”) y “Zona Autónoma Permanente” (contrapunto del concepto del título del disco, que alude a un espacio que escapa del control social sólo fugazmente), dos de los temas más redondos del lote y la enésima confirmación de que Los Planetas, cuando deciden sacudirse su auto-impuesta visión flamenca y miran atrás sin ira, son capaces de rubricar melodías y estribillos inmediatos (según maneras anglosajonas) propios de sus arrebatos más iluminados.

 

 

Y así volvemos al debate del principio: a estas alturas, ¿era más lógico que Los Planetas hubieran prolongado la particular investigación de sus raíces sonoras o que hubieran intentado hacer un largo viaje en el tiempo en busca de su pasado (no tan) perdido? Para servidor, vence la primera opción, sin que los granadinos renunciaran a que su tercera obra tradicionalista ofreciera la misma proporción de accesibilidad pop (hasta se permitieron la concesión acústica “Hay una Estrella”) y de ensimismamiento lisérgico marca de la casa en un conjunto extrañamente cohesionado (al menos, mucho más que “Una Ópera Egipcia”).

Esa misma pregunta, sin embargo, se puede formular sobre su futuro, que se presenta de nuevo y desde ya, todavía con “Zona Temporalmente Autónoma” caliente, como una encrucijada de compleja -y seguramente dilatada en el tiempo- resolución. La polémica planetera seguirá moviéndose en una zona eternamente agitada.

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