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Cuando uno empieza a leer “La Transmigración de los Cuerpos” (editada en nuestro país por Periférica), una misteriosa epidemia nos sitúa en un lugar con un par de personajes que resaltan ligeramente sobre los demás: el Alfaqueque y su amor por la Tres Veces Rubia. Y es que Yuri Herrera (México, 1970) trae una historia con unos personajes muy definidos en apariencia, pero que debajo de la primera lectura esconden otras características que puede que se nos hayan escapado…

En un ciudad etérea, dos familias enfrentadas por viejos problemas alcanzan a ver el desmoronamiento de parte de sus mundos. En su ya tercera novela, Yuri Herrera nos presenta una novela en la que se podría decir que el lenguaje acaba revelándose en el papel de protagonista absoluto: la invención y la verbalización de las palabras, el papel original del verbo, tal y como los mismos personajes afirman en varias ocasiones.

Si bien es cierto que la historia es lineal, “La Transmigración de los Cuerpos” aporta ciertas sorpresas y varios puntos en común con una tragedia tan clásica como “Romeo y Julieta” de Shakespeare a través del contexto y la fábula de Romeo y la Muñe: la muerte de los amados, la aversión entre los Castro y los Fonseca. Lo mortuorio se huele a lo largo de toda la novela en un ambiente plagado de mosquitos, los cortejos funerarios cortan la narración y el uso de la palabra en su función de mediadora entre ambas familias a través del Alfaqueque es lo que convierten el libro de Yuri Herrera en una lectura única y original.

[Marta Lozano]

  • karenin

    La transmigración de los
    cuerpos tiene la habilidad de mostrarnos un mundo ya de por sí terrible, de
    pistoleros, tabernas y charcos de sangre, que además sufre la amenaza de una
    epidemia apocalíptica. Y en lugar de cebarse en el dramatismo que incorpora tal
    premisa –error en el que mucho otros habrían caído–, la aborda con un humor a
    la vez ácido y tierno, que sabe extraer de cada personaje algo de su dignidad
    perdida y poner un poco de esperanza en un mundo que se desploma con todo el
    peso del acero. Su voz es tan poderosa como la de Rulfo, tan llena de esos matices y olores que nos sitúan en el
    corazón de los suburbios mexicanos, e incorpora el poder de fascinación de Sábato y el aliento de Bolaño.  La
    transmigración de los cuerpos es a la vez una tragedia clásica, un retrato
    en color de un mundo que creíamos en extinción y una novela de redención cuya
    épica permanece bajo tierra esperando a que la desenterremos.

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