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Al final de la anterior columna de esta futbolera sección, dejábamos en el aire la posibilidad de que la Liga se empezase a decidir tras disputarse el esperado partido entre el Atlético de Madrid y el Real Madrid. Pues bien, el derbi capitalino no fue tan decisivo como se creía al acabar con 2-2 en el marcador. Pero este resultado refleja con claridad la igualdad que se vivió en el césped y la tensión que se palpó en las gradas de un Vicente Calderón lleno hasta la bandera y convertido en una caldera rompe-decibelios. Ambos equipos eran conscientes de la importancia de la cita, sobre todo el Atleti, que salió hipermotivado para recuperar el liderato del torneo. Lo tuvo en su mano, pero no lo logró… Los nervios cortaban el ambiente y la testiculina se repartía en forma de fuertes entradas y agrias discusiones, como la que protagonizó el ‘Mono’ Burgos (ayudante en el banquillo del ‘Cholo’ Simeone), que se volvió literalmente loco debido a una polémica decisión arbitral. Tuvo que salir a pararlo hasta el speaker del estadio…

El choque entre los dos clubes madrileños permitió que el Barcelona -tras golear al Almería 4 a 1- se colocase a sólo un punto del primer clasificado, el Real Madrid. Pero fue sólo un espejismo. En la siguiente jornada, cuando los culés debían dar el golpe para presionar a sus rivales, fallaron cuando menos se esperaba al caer derrotados 1-0 ante el Valladolid en el peor partido que se recuerda a los blaugranas en los últimos años. Con Messi y Neymar desaparecidos en combate, las victorias del Real Madrid y el Atlético alejaban al Barcelona de la cabeza y lo sumían en una depresión agravada por los fuegos extra-deportivos que azotaron al club y su entorno: 1) Puyol, el gran capitán, anunció su salida del equipo al concluir esta temporada debido a las continuas lesiones, toda una señal del fin de una época.

2) El ‘caso Neymar’ adquirió tintes políticos al inmiscuirse el Secretario de Estado para el Deporte, Miguel Cardenal, a través de un inaudito e injustificable artículo de opinión publicado en El País en el que protegía la actuación del Barça en el asunto. Y 3) Messi puso involuntariamente la guinda al pastel a cuenta de sus extraños vómitos sobre el césped, tema que exprimió a conciencia Josep Pedrerol en “El Chiringuito de Jugones”, relacionándolo con un supuesto dopaje y otras teorías de la conspiración (esta es la nuestra: ¿fue Messi el que vomitó sobre Lady Gaga en uno de sus últimos shows?) que desembocaron en una batalla virtual en Twitter bajo el hashtag #dimisionpedrerol. Pero el ínclito pseudo-periodista deportivo ahí sigue… Tanto jaleo dentro y fuera del terreno de juego contagió a la prensa pro-culé, que recuperó parte del atávico pesimismo barcelonista…

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Pero los líos ligueros no han afectado sólo al Barcelona, sino que han salpicado a otros clubes. Como al Sevilla, aunque indirectamente, ya que su ya ex-presidente, José María del Nido, por fin ha entrado en prisión por sus chanchullos en Marbella. Lo hizo bien temprano para evitar el revuelo mediático (aunque no evitó que lo captaran las cámaras de Cuatro), a todo correr y ataviado con una gorra del Sevilla en su cabeza. Buena forma de manchar la imagen de su antiguo club…

También el Real Madrid vivió algún que otro embrollo, en dos frentes. Dentro de su propia casa, el centrocampista Illarramendi fue cazado corriendo delante de unas vaquillas disfrazado de Batman en toda una demostración de fiesta carnavalera vivida al límite.

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Y fuera, el semi-olvidado Mourinho afirmó a la revista Esquire que, durante su etapa como entrenador blanco, los jugadores hacían cola delante del espejo para acicalarse antes de salir al campo. ¿Hay que creerle? Sí, rotundamente… El Getafe cierra esta lista negra al ser el último equipo en despedir a su entrenador. En este caso, Luis García, por no haber sabido frenar la caída libre del club madrileño hacia los puestos que llevan a Segunda División.

Al margen de todo este barullo, la vida en la Liga siguió bastante más tranquila para muchos equipos que buscan con empeño lograr sus objetivos. En la parte alta de la clasificación destacan la sólida trayectoria del Athletic de Bilbao, que conservó su privilegiada cuarta posición en la tabla combinando momentos brillantes con otros algo más grises; la irregularidad de la Real Sociedad, que en casa es capaz tanto de vencer al Barcelona como de perder ante el Rayo Vallecano; el progresivo bajón del Villarreal, que ya no muestra la fiabilidad de jornadas anteriores; y la línea ascendente del Sevilla, al que parece le ha sentado bien la entrada en la cárcel de su ex-presidente del Nido. Y en la parte inferior de la tabla, llaman la atención la remontada del Rayo Vallecano, ahora mismo  fuera de la zona de descenso sin perder el juego de toque inculcado por su técnico, Paco Jémez; y la pequeña resurrección del Betis, que puede abandonar su condición de colista y continuar una temporada más en Primera si la fortuna lo acompaña.

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Ahí tienen, a Neymar, Messi, Xavi e Iniesta made by Matt Groening. ¿O están así de amarillos porque este domingo jugarán el gran clásico del balompié español contra el Real Madrid? Es probable… Más que nada porque, después de meter un contundente 7-0 a Osasuna, el Barcelona debe salir victorioso para recortar distancias y volver a situarse a un punto de los merengues que, si ganan, casi sentenciarían (ahora sí) la Liga. Pero el tercero en discordia, el Atlético de Madrid, estará al acecho por si se produce un empate (el marcador más favorable para sus intereses) y poder, así, continuar luchando por el título. Aunque parezca mentira, esta vez el encuentro más mediático del fútbol patrio no será sólo cosa de dos…

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