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Acabada la Navidad y superada la indigestión provocada por el turrón, los polvorones, el cava y las ridículas felicitaciones enviadas vía vídeo por algunos futbolistas -aunque ninguna igualó el efecto del morricrismas de Sergio Ramos un año antes-, la Liga regresó con varios jugadores con un kilillo de más, ciertos entrenadores con exceso de papada y un ilustre bebé que añadir a la guardería balompédica patria: el engengrado por Sara Carbonero e Iker Casillas, que dio un poco de alimento para el cotilleo a los medios deportivos aburridos por el parón liguero. Hasta tal punto, que la inscripción del recién nacido en el propio hospital se transformó casi en una información vital para la sociedad española…

Para muchos, tal buena nueva llegó como caída del cielo para entretener la mollera a falta de fútbol, el cual, además, suele brillar por su ausencia cuando se reanuda la competición. Los equipos vuelven al trabajo algo relajados; y muchos jugadores, distraídos con miles de pensamientos (sobre teoría cuántica o filosofía clásica suponemos que no…). El madridista Di María fue uno de ellos, al cual no se le ocurrió mejor manera de despedirse del crítico público del Santiago Bernabéu cuando fue sustituido en el partido ante el Celta -con victoria para los blancos por tres a cero- que acomodándose los testículos. ¿O no sería agarrándose la huevada? Juzguen ustedes mismos…

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Tan masculina señal de disconformidad con el trato dispensado por los seguidores merengues reflejaba la complicada relación del argentino con sus aficionados debido a sus probables deseos de abandonar la disciplina del Real Madrid. Aprovechando la coyuntura, Sergio Ramos (again) mató dos pájaros de un tiro en Twitter, compartiendo una foto con mítica imagen de fondo que tanto servía para celebrar el triunfo de su equipo como para homenajear el gesto de su compañero. A eso se le llama estar rápido al toque de paquete.

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Esta clase de situaciones a las que se les dan tanto bombo -igual que a noticias como la renovación del contrato de Xabi Alonso con el Real Madrid, motivo de una ridícula guerra de exclusivas entre determinados medios deportivos- contrastan con el bofetón de realidad que se ve a veces en los estadios más modestos de la Liga. Como en el del Rayo Vallecano, donde los seguidores no dudaron en transmitir su malestar contra la nueva ley del aborto mientras su equipo perdía 2-5 contra el Villarreal. Gallardón, toma nota, coño…

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Aunque no lo parezca, la Liga se conecta con el mundo real, a pesar de que los implicados en ella den la sensación de vivir en un universo aparte donde las preocupaciones son apagar fuegos internos (los mencionados antes sobre el Real Madrid), mantener el primer puesto de la clasificación (el Barcelona, sin Messi ni Neymar, logró dos rotundas victorias sobre el Getafe y el Elche), seguir la estela del líder (el Atlético de Madrid, que ganó sus compromisos aun bajando su nivel de juego) o acatar las órdenes del nuevo entrenador (el Valencia, donde se estrenó en el banquillo el argentino Juan Antonio Pizzi). En esas circunstancias se alcanzó la última jornada de la primera vuelta de la Liga, la que designa al denominado ‘campeón de invierno’, que deparó el encuentro en la cumbre entre los dos equipos más destacados del torneo: el Barça y el Atlético de Madrid, en el Vicente Calderón. Se suponía que sería el PARTIDO, una atractiva confrontación de estilos: el corajudo de los rojiblancos frente al creativo de los culés. Pero acabó siendo una decepción… Sobraron tensión, entrega y derroche físico, pero faltaron los goles. Cero a cero en el marcador y oportunidad para acercarse al dúo de cabeza que aprovechó el Real Madrid venciendo a domicilio al Espanyol.

Así que, disputada la primera mitad de la Liga, saquemos algunas conclusiones, por si quieren utilizarlas en la típica conversación futbolera: la distancia entre Barcelona y Atlético de Madrid se basa en sólo cinco goles, los que separan a uno y otro en el golaveraje general; al ritmo de puntos de ambos (cincuenta), resulta fácil imaginar que para campeonar -como diría el ‘Tata’ Martino–  se deberá, al menos, igualar el récord absoluto de cien puntos; el Real Madrid, a trancas y barrancas, ha conseguido mantenerse cerca de la pareja de líderes; Athletic de Bilbao -inexpugnable en su estadio-, Villarreal, Real Sociedad y Sevilla pueden ser los grandes animadores de la competición los próximos meses; y la clase media del campeonato tendrá que conformarse con no pasar apuros y alejarse del descenso a Segunda de aquí a la conclusión, ya que la igualdad es máxima entre muchos equipos -ni siquiera se puede dar por defenestrado al Betis, último clasificado y en una grave crisis-.

Pero, ¿a quién le interesa el balance liguero cuando ya se ha entregado, por fin, el dichoso Balón de Oro? No íbamos a dejar pasar la oportunidad en esta columna de dedicar unas palabras a lo acontecido en la entrega del premio, caracterizada por lloros, trajes de dudoso gusto, polémica en las redes sociales y memes por doquier en la red. Finalmente, el vencedor ha sido Cristiano Ronaldo, para mayor gloria de todos lo adláteres mediáticos que deseaban su éxito. Una vez conseguido ese dorado trofeo esférico cada vez más devaluado -¿está relleno de chocolate?-, el luso no fue capaz de reprimir las lágrimas:

No le importaría que, poco después, el hashtag #CristianoTongoDeOro corriese como la pólvora en Twitter, porque seguro que su alegría lo compensaba todo…

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El que quizá no se sintió del todo satisfecho fue Messi. No por quedarse sin el preciado galardón, sino por su comentada vestimenta. Pido desde aquí ayuda a nuestra sección Up&Down para que emita su opinión sobre el atuendo convertido en uniforme de trabajo para cuando el argentino se retire del fútbol.

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Pero el hito inolvidable de la gala del Balón de Oro 2013 no se produjo en ella, curiosamente, sino en nuestro país, en el canal Nitro, con un protagonista de excepción: Tomás Roncero. No vamos a malgastar palabras para describir lo vivido. Sólo vean el vídeo de más abajo (al completo, por favor) y dejen que las lágrimas (de la risa) salgan de sus ojos a borbotones:

Prepárense porque el 2014 traerá emociones futboleras así de fuertes…

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