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Tras el obligatorio parón propiciado por los compromisos de las selecciones internacionales en su camino hacia el Mundial de fútbol de Brasil 2014, ha vuelto la Liga. Y, con ella, nuestra columna balompédica que trata de poner al día a aquellos desorientados en lo relacionado con nuestro torneo de la regularidad. Por cierto, ¿alguien lo ha echado de menos durante el mentado paréntesis forzoso? Seguro que no… De hecho, hasta los aficionados más apasionados han agradecido no tener que pegar su oreja a los transistores ni sus ojos a los plasmas de bares y cafeterías para dejarse caer por la playa o el campo, aprovechar los estertores del verano y estirar un poco más el período vacacional (el que disfrutara de él…) sin pensar en balones, estrategias y goles. Pocos se atreven a decirlo, pero que suceda algo así -al contrario que en otras temporadas a estas alturas- viene provocado por el anodino arranque del campeonato.

No hay espacio para demasiadas sorpresas (bueno, algunas sí que hay, de las cuales hablaremos posteriormente) y el guión se está cumpliendo escrupulosamente: en lo más alto de la clasificación, el Barcelona lo está ganando todo; el no tan sorprendente Atlético de Madrid, tras su esperanzadora temporada pasada, también, hasta igualar ambos equipos sus guarismos (cuatro victorias en otros tantos partidos, catorce goles a favor y cuatro en contra); y el Real Madrid, casi (se ha dejado un empate por el camino). En lo más bajo, el Valencia se hunde a la misma velocidad que el Titanic, con el vestuario dividido y falto de actitud; y el Osasuna todavía no ha sumado un punto en su casillero, lo que desencadenó hace un par de semanas el despido de su entrenador, José Luis Mendilibar, primer caído de la Liga.

La cuestión primordial es que, a pesar de que se intente convencer a los seguidores de que la española es la mejor liga del mundo, nuestro campeonato depende de los vaivenes de los dos grandes clubes, que son los que, a la postre, lucharán realmente por el título. Bien, acabará apareciendo algún elemento discordante que dará guerra en la medida que aguante su fuelle; aunque, al final, sucederá lo de siempre: Real Madrid o Barça se llevarán el gato al agua. Al menos, podríamos conformarnos con ver cómo los mejores jugadores de la denominada ‘clase media’ de la Liga animan cada fin de semana. Sin embargo, muchos de ellos han decidido hacer las maletas y cumplir con las ansias de movilidad exterior tan propias de la juventud española actual y de las que alardea cierta ministra del gobierno de la nación. Así, por poner algunos ejemplos significativos, Fernando Llorente ha cambiado el Athletic de Bilbao por la Juventus; Iago Aspas, el Celta por el Liverpool; Joaquín Sánchez, el Málaga por la Fiorentina; Jesús Navas y Álvaro Negredo, el Sevilla por el Manchester City; y Roberto Soldado, el Valencia por el Tottenham. También han seguido su estela el colombiano Radamel Falcao, trocando el Atlético de Madrid por el Mónaco; y el alemán Özil (por obligación) y el brasileño Kaká (porque no quedaba más remedio…), el Real Madrid por el Arsenal FC y el AC Milan, respectivamente.

Todo por la pasta, pensarán ustedes… En la mayoría de los casos, lógicamente: hay que buscarse las habichuelas donde sea, aunque ello conlleve una pérdida generalizada de calidad en la Liga. Pero no todo son sirenas de alarma: se supone que otros nuevos valores cubrirán esos huecos y que tal situación favorecerá que afloren las promesas de las canteras de muchos equipos. Además, en ese contexto se equilibran las fuerzas de los clubes que viven a la sombra de los dos gigantes que los dominan. Es lo que sucede con el Villarreal, recién ascendido y, por ahora, en un meritorio tercer peldaño de la clasificación. Con el Athletic de Bilbao, que ha estrenado el nuevo estadio de San Mamés con victoria para confirmar que tiene opciones de conquistar los corazones de los futboleros al igual que hace un par de temporadas. Y con el Betis, posible revelación del campeonato y cuya posición no refleja todavía el ágil juego que despliega sobre el campo empujado por la sapiencia táctica de su entrenador, Pepe Mel, también novelista… Antonio Luque (Sr. Chinarro), bético de pro, estará muy complacido con ambos detalles.

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Milagro: después cuatro párrafos, sólo hemos nombrado a Barcelona y Real Madrid de refilón… Pero, por desgracia, hay que hablar de ellos. Así que abandonemos el tono serio y metámonos en la harina del morbo y el humor, la misma a la que recurren los que continúan vinculando a los culés con favores arbitrales. Esa sería a día de hoy la noticia más reseñable en Can Barça; así de aburrido está el patio en el Camp Nou… Pero en el club merengue la cosa está más interesante: se materializó ¡por fin! el fichaje del galés Gareth Bale, parafernalia teatral en el palco del Santiago Bernabéu incluida. Ya pueden respirar tranquilos tanto él mismo como su compañero Sergio Ramos, que ya tiene la respuesta a quién ‘bale’ casi 100 millones de euros. Aunque ese precio no ha quedado aclarado: ¿se alcanzó dicha cifra o se quedó en unos míseros 91 millones? Las malas lenguas afirman que en la segunda cantidad, para que Cristiano Ronaldo no se enfadase por perder su condición de jugador más caro de la historia del fútbol. Satisfecho uno de los caprichos del astro portugués, quedaba otro: la extensión de su estrambótico contrato, aumentado a 17 millones de euros netos al año hasta el 2018 (“el dinero no es lo más importante”, afirmó el luso… ¡Ja!). Parte de ese dinero debería invertirlo en cambiar el modelo de gafas con el que se presentó en la rúbrica de esa renovación… Y, por si fuera poco, se aviva el debate en la portería madridista: Diego López se afianza en Liga en detrimento de Iker Casillas. Sara Carbonero ha insinuado en la revista Pronto que la pareja busca hogar fuera de España. Cuando el río suena…

No nos extraña, pues, que a Iker se le estén cayendo sus injertos capilares. Esa extraña fiebre estética que empezó en la política sobre la frente del ínclito José Bono y se extrapoló a la Liga hasta alcanzar el cuero cabelludo de Diego Simeone, preparador del Atlético de Madrid. Porque la manera en que le ha crecido la melena al argentino resulta poco natural, ¿verdad? Así como artificial era el teñido (Pilar) rubio de Sergio Ramos, que en un alarde de inteligencia sin precedentes se lo ha quitado de la cabeza para volver a un corte más clásico, en la línea de sus colegas Bale y Ronaldo, faros a seguir en las peluquerías masculinas. Neymar, por su parte, también ha suavizado las aristas de su puntiagudo cabello. Mientras que a Messi, ojo, le han detectado algunas calvas entre su tupido pelo. ¿Solución? Injertos capilares… Y que continúe la moda.

Ya ven, la Liga, por el momento, está cogida por los pelos… Tendremos que esperar a que ocurra en ella algo verdaderamente interesante para comenzar a perfilar nuestro próximo episodio futbolero.

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