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El tiempo pasa volando… Hace unos días, coincidiendo con la llegada de los Reyes Magos, se publicó Nocturnidad (Elefant, 2015), la segunda de las tres partes que componen el plan maestro pergeñado por La Bien Querida que culminará el 6 de marzo con el lanzamiento de su cuarto álbum, “Premeditación, Nocturnidad y Alevosía” (Elefant, 2015). Para los que tengan una memoria frágil, habrá que recordar que el mencionado plan consiste en entregar en tres tandas otros tantos EPs (el último de ellos será “Alevosía” -Elefant, 2015-, simultáneo al LP) que contienen las canciones del citado próximo disco del proyecto de Ana Fernández-Villaverde. Así, en octubre del año pasado, Premeditación (Elefant, 2014) comenzó el proceso poniendo sobre aviso al oyente acerca de las intenciones de la bilbaína y su compinche David Rodríguez: tomar como referencia los postulados estilísticos de su anterior obra, Ceremonia (Elefant, 2012), destilados del tecnopop y la new wave de esencia ochentera, para ofrecer una vez más su candorosa a la par que incisiva visión del amor y sus sinuosos avatares.

Pero al ideario romántico que siempre ha caracterizado a La Bien Querida y que se ha convertido en su seña de identidad más potente habría que añadir la subtrama que, desde su mismo título, sugiere cada EP de su particular tríptico. De ahí que, si Premeditación se interpretaba como el punto de partida de una historia sentimental que se intuía avanzaría como una lucha de contrarios (tensión contra calma, coherencia frente a contradicción, ingenuidad contra experiencia, luz contra oscuridad), “Nocturnidad” muestra el cariz más tenebroso del relato. De hecho, la noche -tomada desde sus perspectivas física y abstracta- actúa como catalizadora de la ambientación bajo la que se desarrolla este extended play, lo que afecta especialmente a la forma de las piezas que lo integran.

Manteniendo intacta el aura sintética de marcado acento pop propio de La Bien Querida del último bienio, el repertorio de “Nocturnidad” se inspira con acierto en las estructuras metálicas del post-punk industrial y el tecnopop gélido de hace tres décadas -aunque lima sus aristas y suaviza sus ángulos más punzantes y pesados- y endurece su envoltura mediante arreglos electrónicos y sintetizadores que crean espirales entre ruidosas e hipnóticas pero, curiosamente, conserva su impacto y accesibilidad pese a rehuir de las melodías diáfanas. El mejor ejemplo de ello es el single de adelanto del EP, “Ojalá Estuvieras Muerto”, que se mueve según el dictado de una percusión marcial en torno a la cual se erige un synthpop apocalíptico como si M83 compusiese (de nuevo) la banda sonora de un futuro catastrófico. Bajo esta capa externa se esconden los versos quizá más dulcemente agresivos del catálogo de La Bien Querida, reforzados para la ocasión por las imágenes del segundo trabajo visual de Juanma Carrillo (tan apropiado como el realizado para Poderes Extraños, sencillo extraído de “Premeditación”).

A continuación, “Encadenados” ahonda en la exploración del pop artificial pero bombeado por un vigoroso corazón natural dejando que caiga un rayo de luz sobre las palabras y la voz de Ana, en el que es el corte más sensible y luminoso del lote. “Carretera Secundaria” abre la espita del tradicionalismo aflamencado que tan hábilmente inserta La Bien Querida en sus composiciones (sea cual sea su materia prima) y permite imaginar a la misma Ana conduciendo de madrugada con la mirada fija en el horizonte cual rencorosa Beatrix Kiddo en busca de su particular Bill. Y “Crepúsculo”, por su parte, reproduce esa sed de venganza (emocional) entre lo que parecen explosiones, tormentas o golpes de gigantes goyescos en un escenario opresivo para cerrar “Nocturnidad” e iniciar la senda que lleve hacia “Alevosía”, desenlace del todavía inacabado trayecto de La Bien Querida.

Dentro de dos meses descubriremos por completo el gran cuadro afectivo, sonoro, fílmico y pictórico que es “Premeditación, Nocturnidad y Alevosía”.

 

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