El subtítulo de “JOP” no es otro que “Una Fábula Moderna“, tal y como se encarga de puntualizar Antonio Jimenez Morato en el acertadísimo prólogo de la obra. Y si por “fábula” entendemos ese típico relato protagonizado por animales personificados que se ha cultivado desde Esopo hasta Richard Adams (¿es “La Colina de Watership” la última gran fábula de la historia de la literatura?), está claro que el adjetivo “moderna” (en el buen sentido de la palabra) es necesario para entender un libro como el de Jim Dodge, donde los animales son animales y los humanos son humanos… Por mucho que estemos hablando de unos animales y de unos humanos muy especiales. Tal y como afirma Jiménez Morato: “El lector versado sospechará que se va a encontrar dentro de “JOP“. Pero, posiblemente, salga un tanto confundido tras su lectura“. Y esa confusión es similar a la que puede sentir cualquiera al acabar de ver cualquiera de los films de Aki Kaurismäki, especialista a la hora de fabular la comicidad a partir de la fracción entre las preconcepciones del espectador y la actuación inverosímil de unos actores que, sin embargo, actúan con un rigor y una coherencia que refrenda la verosimilitud de lo que ocurre.

Algo similar hace (o más bien hizo mucho antes) Jim Dodge en “JOP“, una novela corta que se bebe con fruición gracias no sólo a la capacidad sobrenatural del autor para la verborrea rítmica y translúcida sino, sobre todo, gracias a una colección de personajes tan redondos como los de cualquier fábula o cuento tradicional. De hecho, lo más loable en la construcción de caracteres de “JOP” viene a ser que Dodge consigue ampliar el nivel de complejidad de los personajes habituales en este tipo de relato sin que eso signifique sacrificar para nada la capacidad de estos de convertirse en iconos perfectos, en mitos en miniatura como podría serlo un Garbancito o aquella Princesa medio imbécil que no podía dormir por culpa de un guisante. Ahí quedan la misma Jop del título, una pata (de hecho, su nombre viene de lo primero que dice otro de los personajes al verla: “¡jodido pato!“) ultraviolenta que acabará siendo motor de cambio para todos los que la rodean; o la extraña pareja formada por Jake (un vejete que ha exprimido la vida y que sobrevive jugando a cartas profesionalmente y destilando un whisky de casi 100 grados al que llama Último Suspiro) y su sobrino Peque (un joven gigantesco obsesionado con la creación de cercas que nunca quedan claras si son para que el mundo no invada su territorio o precisamente por terror a invadir el mundo más allá del propio).

Los personajes, al fin y al cabo, acaban siendo portadores de los simbolismos de una historia que podría interpretarse en clave ecologista si atendiéramos exclusivamente a la fama de Jim Dodge (activista absoluto del biorregionalismo). No es sólo que todo el relato se impregne de una visión de la naturaleza preñada de ternura y que actitudes ante la vida como la de Peque y su fijación por las cercas sean toques directos a la individualidad extrema y casi hermética de la post-modernidad; sino que, al final, la trama acaba dando un giro mágico (hasta entonces había sido meramente surrealista) que conduce hacia un final alegórico de muerte, renacimiento y redención en el que juega un papel muy importante Cepo, un jabalí que ha merodeado por las periferias de la historia siempre como una amenaza externa y vagamente indefinida y que acaba por revelarse como espoleta de múltiples preguntas que relativizan todo lo vivido hasta ese momento (¿huía Jop de Cepo o la pata tenía una agenda oculta?) y subvierten la concepción de bien y mal que hasta entonces pudiera ostentar el lector.

Es necesario mencionar, además, la excelente edición con la que desde Capitan Swing han envuelto a “JOP“, amplificando sus bondades ya sea a través de la sublimación estética que suponen las excelentes ilustraciones de Virginia Frieyro o, sobre todo, a través de los textos de apoyo. Ya he mencionado al principio la excelente apertura que supone el prólogo de Antonio Jiménez Morato, pero es inevitable ampliar el rango de elogios y dejar claro que su texto es, probablemente, uno de los prólogos más efectivos que puede uno echarse al gaznate: divertido cuando tiene que serlo, elocuente cuando toca, informativo siempre y, sobre todo, con una capacidad para arrojar luz sobre la novela de Dodge de una forma natural que acaba siendo más efectiva que los excesos de seso de, por poner un ejemplo, los tomos más intelectualizados de Cátedra. Por si esto fuera poco, “JOP” se epiloga con una extensa entrevista a cargo del siempre estimulante Kiko Amat: un nuevo alarde de que el periodismo puede ser coloquial y directo y, a la vez, profundo y lúdico. “JOP” es, probablemente, ese libro que todos deberíamos leer antes de entrar en la adolescencia y que nos haría mejor personas. Por suerte para los que llegamos tarde, esta edición de Capitan Swing demuestra que lo de Dodge también es un placer adulto. Y que nunca es tarde para ser mejores personas.

[Raül De Tena]

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