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Hablar de Jack White supone mucho más que recordar sus contínuas polémicas y desencuentros con diversos compañeros de profesión como The Black Keys y demás entes y seres del faranduleo (Duffy, Adele…); pero esto es lo mínimo que puede pasar cuando una persona no tiene pelos en la lengua y se ha ganado a pulso un púlpito intocable desde donde poder pontificar y salir impune diga lo que diga. Su dedicación ejemplar a la música y su prólijo trabajo se imponen siempre ante toda la palabrería y nos dejan ver la realidad de por qué el fundador de Third Man Records siempre arrasa por donde pasa, ya sea en formato banda, a dúo con Meg White o en solitario: una trayectoria musical intachable y un derroche de talento de gran calidad que le convierten en una de las grandes figuras del rock del siglo XXI. Estas cualidades terminan materializándose en vinilos que en raras ocasiones causan decepción. Su segunda entrega como ermitaño solitario, “Lazaretto” (Third Man Records, 2014), sigue subida a la cresta de la ola. Con este nuevo disco nos vuelve a demostrar que no le hace falta ningún tipo de ‘operación verano’: su música parece estar siempre en forma y nunca decae, independientemente de causas personales o extramusicales.

A grandes rasgos podemos decir que, efectivamente, esta nueva entrega sigue la tónica que tan bien funcionó en “Blunderbuss” (2012); pero, sin embargo, encontramos sonoridades que hacen que se desligue en cierta medida de aquellas raíces y suene apabullante, verdaderamente fuerte e imponente. Las rabiosas guitarras, ya marca de la casa, siguen siendo protagonistas moviéndose entre los mares de la distorsión y dando una energía que parece no tener fin. El blues tan personal del de Detroit sigue haciendo las delicias de nuestros oídos, dejándonos fragmentos dignos de escuchar en bucle que enlazan con pasajes que se vuelcan en el sonido country más clásico. En estos once temas que componen el disco, sin embargo, no todo es escandalera y ritmos agitados, sino que también hay espacio para regodearnos en canciones de tempo más pausado y teatrales melodías al violín.

Los cuarenta minutos de música que nos esperan comiezan con los teclados de la explosiva “Three Woman“, que tienen un papel fundamental durante todo el tema haciendo un juego de repeticiones con la melodía vocal del propio Jack y nos dan una idea de la repercusión que tendrán a lo largo del disco. Una melodía de bajo profunda y pegadiza es la protagonista del tema que da nombre al LP, “Lazaretto“, pero aunque esto sirva para dar cierto orden y esa sensación de perpetuum mobile tan barroca, acaba convirtiéndose en una especie de jam session en la que despunta el violín. Este mismo violín pero en su vertiente más folk es el que nos lleva hasta “Temporary Ground“, un dueto de cadencias interesantes con Lillie Mae Rische cuya voz empieza a aportar un toque de dulzura. “Would You Fight For My Love?” nos trae la teatralidad que tanto le gusta a Jack White y que íbamos echando de menos, con comienzo dramático e inquietante que mantendrá esa armonía oscura durante cuatro minutos. Aunque la teatralidad también debería tener un límite, y esa voz lírica final de soprano más que vanguardista e interesante queda un poco hortera… Pero, ya se sabe, aceptamos pulpo. “High Ball Stepper” es un corte instrumental que se recrea en la potencia de los riffs de guitarra y en los solos distorsionados, con puntuales apariciones de un atropellado piano la música simplemente parece fluir.

Just One Drink” inicia la segunda mitad del disco a ritmo de un vivaz country rock, también con presencia vocal femenina. “Alone In My Home” puede que en un primer momento nos suene demasiado alegre y juguetona, tal vez más pop de lo esperado, pero sabe hacerse un hueco entre el estilo predominante de White y se convierte en una de las joyas escondidas del disco. “Entitlement” es la nana country que no podía faltar, demostrando que en esta segunda mitad nos volvemos irremediablemente un poco más ñoños y sensibles (pero tampoco demasiado, que esto es Jack White). “The Black Bat Licorice” es un tema que difícilmente te podrás quitar de la cabeza, con unos riffs de lo más pegadizos que invitan a cantar y bailar al son del nihilismo (“What does that mean? I have no idea, but it really doesn’t matter“). “I Think I Found The Culprit” vuelve a la pseudo oscuridad con unos coros medio fantasmagóricos y una repetitiva melodía de piano que nos llena de inestabilidad. Finalmente, la mágnifica “Want and Able“, donde una guitarra acústica y un piano pueden ser tan arrolladores como una guitarra eléctrica hasta las trancas de reverb y distorsión. Un tema que se apoya en la sinceridad y la desnudez para dejarnos boquiabiertos y con el culo roto mientras la música deja de sonar.

Los escritos y poemas de juventud que Jack White rescató para estas letras difícilmente podían ser acompañados con una música mejor y más acertada.

 

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