Agotada la pegada de la historia con la que Tennis aterrizaron entre nosotros (a saber: que lo dejaron todo y se lanzaron a recorrer la costa estadounidense en un barquito mientras que componían los himnos de pop soleado y pluscuamperfecto que acabaron conformando su debut: “Cape Dory” -Fat Possum, 2011-), Patrick Riley y Alaina Moore lo tenían difícil para que los puntos más criticables de su primer disco (excesiva homogeneidad, producción destartalada, concepto limitado e irrepetible) no jugaran en su contra a la hora de editar una segunda referencia. Con particular valentía, sin embargo, Tennis titulan la continuación de aquel debut bajo el sugerente nombre de “Young and Old” (Fat Possum, 2012)… ¿Significa eso que la juventud luminosa y náutica que caracterizaba a “Cape Dory” se ha visto contrapuesta ahora a los valores imperecederos del mundo viejuno? ¿Que deberíamos actualizar nuestras referencias literarias hacia “El Viejo y El Mar” de Hemingway o “Moby Dick” de Melville para hablar con propiedad de “Young and Old“? Ni hablar. Porque aunque ya no viajen en barco, parece que la referencia literaria absoluta del segundo álbum de Tennis será, ni más ni menos, que un joven Tom Ripley tomando el sol en las placenteras playas italianas de la primera mitad de “El Talento de Mr. Ripley“. Cambia la geografía italiana por la costa norteamericana y la retorcida psicología pscótica del personaje de Highsmith por la de una (cada vez menos) despreocupada pareja y aquí tienes a los nuevos Tennis. Ahora bien… ¿a qué se refieren con lo nuevo y lo viejo?

Lo viejo está claro que son todas esas referencias que siempre se han barajado a la hora de hablar de la música de Moore y Riley: el pop femenino de la década de los 60 que fue creciendo a base de escalones de cardados y pasarleas de lentejuelas. Desde Darlene Love hasta The Ronettes, pasando por The Angels o The Crystals, los referentes que ya utilizamos para hablar de “Cape Dory” vuelven a hacer acto de presencia de la misma forma que entonces. Es decir, a través de varias preguntas… ¿Cómo sonaría Ronnie Spector con el pelo desmadejado por la suave brisa marina mientras canta sobre un velero? El estribillo con reprise de “Petition” sería una buena respuesta. ¿Cómo serían las canciones de la Laura Nyro más soulera si en vez de ser una urbanita neoyorkina la tuviéramos tomando el sol en bikini en una playa californiana? Muy cercana a esa deliciosa “Travelling” de pop encabalgado y saltarín. Y así hasta el infinito y más allá… Cualquiera podrá decir, sin embargo, que las respuestas a estas preguntas ya nos llegaron de la mano del Northern Soul por un lado y del revival de soul de ojos azules que a principios de siglo XXI vivieron los británicos gracias a bandas como The Pipettes o Lucky Soul. De hecho, estas últimas propuestas no quedan demasiado lejos de lo que se puede escuchar en hits inmediatos y dulcemente accesibles como “High Road” (con ese ritmo percusivo tan reconocible) o el baladón desarmante “Take Me To Heaven“. Así que, ¿al final resulta que lo viejo también es lo nuevo?

Puede ser. Aunque también puede ser que no, porque lo nuevo está realmente bien delimitado en “Young and Old“. Para empezar, desde su debut han añadido a un nuevo componente a la banda: James Barone, encargado de la batería en las nuevas canciones. Y, para continuar, la producción en esta ocasión corre a cargo de Patrick Carney (de The Black Keys), quien precisamente toma la percusión como piedra de toque para envolver al disco en una atmósfera que, sorprendentemente, no abandona el fuzz y el sonido lo-fi como seña de identidad. Eso sí, si en “Cape Dory” esa baja definición sonora venía dada por la falta de medios -voluntaria o no-, en “Young and Old” queda claro que es una opción pulida con una maestría absoluta a la hora de conseguir ese mismo sonido algodonoso y crudo pero dejando espacio para todos los instrumentos y, sobre todo, para la excepcional y personalísima voz de Alaina. ¿Más novedades? Ahí queda la apertura hacia nuevos horizontes de guitarras con un mayor componente rock personificada en “It Feels The Same“, la subida de nivel desde los teclados hasta un elegante piano “Take Me To Heaven” o la alternativa estilizada al saxo desquiciado del año pasado que proporciona “Origins“. Aunque, al fin y al cabo, ¿el perfeccionamiento del lo-fi es algo que realmente podamos considerar nuevo existiendo otros ejemplos ilustres (y cercanos) de última hornada como Best Coast y compañía?

Puede que no. O puede que, al fin y al cabo, con “Young and OldTennis estén demostrando cierto sentido del humor al abordar esta tierra de nadie en la que vivimos hoy en día, donde las etiquetas “viejo” y “nuevo” ya no tienen ningún tipo de sentido porque el presente musical es un revival continuo en el que no hay espacio para lo original. ¿O era que la originalidad estaba sobrevalorada? El título de lo nuevo de Moore y Riley deja claro, al fin y al cabo, que estos valores con los que vive obsesionada media crítica musical se quedan en bragas ante la verdadera valía de un disco como “Young and Old“: aquí no hay exploración ni riesgo ni metas elevadas porque no es lo que les interesa a Tennis. Les interesa firmar canciones que emocionan y enfurruñan las cejas en una mueca deliberadamente emo como la reiteradamente mencionada “Take Me To Heaven“, el single absoluto que es “Origins“, la bellísima “My Better Self” o esa sublime “Never To Part” que cierra el álbum elevando el corazón hacia un cielo en el que no hay ni una sola nube. “Nuevo” y “viejo” son términos para hacer que la cabeza funcione, pero “Young and Old” es más bien alimento para el corazón.

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